álex rovira. Economista y escritor

"La alegría pide serenidad y consciencia para apreciarla"

El economista y escritor, Álex Rovira. / VÍCTOR RODRÍGUEZ El economista y escritor, Álex Rovira. / VÍCTOR RODRÍGUEZ

El economista y escritor, Álex Rovira. / VÍCTOR RODRÍGUEZ / víctor rodríguez

-¿Qué es la alegría?

-Es una emoción que, como toda emoción, nos aporta una información. Así como el miedo nos advierte de lo que puede ser peligroso o la tristeza nos hace ver aquello que tenía valor y hemos perdido, la alegría nos informa de aquello que realmente nos hace sentir bien. Pero también puede ser un sentimiento que, a diferencia de la emoción, dura más, tiene menos intensidad e incluso somos más conscientes. O puede ser, como dicen algunos filósofos orientales, que sea nuestro estado natural.

-¿España ha dejado de ser un país alegre por la crisis?

-Es un país que ha sufrido penuria y ha visto que la corrupción ha hecho tanto daño. No hay que olvidar que la miseria moral ha engendrado la miseria económica. Cuando hay dolor es muy difícil que haya alegría.

"Parece que a los políticos les han enseñado a leer y a escribir pero no a hablar y a escuchar"

-A diferencia de los anteriores, su último libro no se centra en la crisis. ¿Significa que ya la superamos?

-No. Hay cientos de casos de corrupción y aquí no ha dimitido nadie. He visto a muchas personas pasarlo mal, y todos tuvimos que estirarnos para ayudar al amigo, al hermano... En ese contexto de angustia, yo me vi personalmente afectado. Y un día me di cuenta de que existía una cosa llamada alegría a la que se le había prestado poca atención y me puse a investigar.

-¿Hay una confusión entre felicidad, alegría y posesión material?

-Totalmente. Si yo le pregunto si es feliz, hay una invitación a la reflexión multidimensional. No puedo decir que soy feliz si mis padres están mal de salud, o si mi mujer pasa un mal momento en el trabajo, o si mi entorno se ve privado de servicios básicos por los recortes. La felicidad se piensa. La alegría se siente.

-Para Groucho Marx la felicidad está en pequeñas cosas como un pequeño yate, una pequeña fortuna...

-Groucho Marx era genial (risas). Antes me preguntaba si es lo mismo placer y alegría y no lo es. El placer pide cada vez más intensidad. Puede programarse. La alegría no admite programación. Es espontánea, no impostada.

-¿Se puede sentir alegría si se reprime la tristeza?

-Piense que la alegría es una de las emociones menos estudiadas en la psicología y hoy se nos plantea como lo opuesto a la tristeza. No es cierto. Imagine el dolor por la pérdida de un ser amado. Y viene un amigo del alma a dar un abrazo y a acompañar en ese momento. En ese mar de tristeza, surge una isla, un instante, una brisa de alegría. Por eso empezamos el libro con un capítulo dedicado a la tristeza y lo acabamos con una reflexión sobre ella y le damos la gracias. Alegría y tristeza van unidas. La tristeza nos hace valorar lo que hemos perdido y la alegría nos hace apreciar lo que ya tenemos.

-Un ex directivo de Facebook advertía del riesgo de las redes sociales. ¿Cómo nos afecta el tener que mostrar una fachada de alegría constante?

-Buena pregunta. Hay que diferenciar las experiencias intensas de las profundas. Una experiencia intensa es un petardo. Una experiencia profunda puede ser la caricia de nuestros hijos o un abrazo. Las redes propician mucho vértigo y tienen mucho de adicción. Secuestran nuestra atención e incluso nuestro cerebro. La alegría no va por ahí. Pide serenidad, sobre todo una cierta consciencia para saber apreciarla.

-Usted defiende que la alegría no reside ni en el pasado ni en el futuro.

-Puede haberla en el recuerdo del pasado, pero la elaboración del recuerdo es presente. En la fantasía del futuro puede haberla pero sería esperanza. Lo que pasa es que muchas personas viven el futuro con angustia anticipatoria. Y en el pasado hay frustración. Hay quien vive pendiente de qué hubiera pasado si... Sin duda, la alegría la experimentamos en el ahora.

-¿Alegría y buena memoria son incompatibles?

-Me invita a pensar en el concepto del perdón. El perdón es un acto voluntario pero la memoria no. Un amigo dice que la consciencia es una mutación letal y creo que usted apunta a esa dirección. Cuanta más memoria acompañada de lucidez, más difícil es vivir sin inquietud. Pero si esa persona es bondadosa, y hay que reivindicar la bondad como un valor, es la que más se preocupa por crear momentos de alegría en su entorno.

-Es inevitable preguntarle por Cataluña. ¿La alegría es la gran víctima?

-Todo proceso que implique una tensión aflora emociones como el miedo, la tristeza o la rabia, que ocupan el espacio de la alegría.

-¿Y cómo recuperar la convivencia?

-Raimundo Lulio decía que la palabra es el arma más poderosa. Tengo la sensación de que falta mucho diálogo. Yo vengo del mundo de la empresa. Para mí es pasmoso comprobar que en política no hay las mínimas competencias que se exigirían a un buen cargo o a un emprendedor. En relación con la palabra hay cuatro habilidades: leer, escribir, escuchar y hablar. Parece que a los políticos les han enseñado a leer y a escribir pero no escuchan ni hablan.

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