Francisco Martínez-Cosentino. Empresario.

“Me he arruinado tres veces y de eso he aprendido más que de los éxitos”

  • Este almeriense de Macael preside el Grupo Cosentino, uno de los mayores entramados empresariales surgidos en Andalucía, con 2.300 empleados repartidos por España, EEUU, México, Brasil y otros diez países de Europa. La facturación del año pasado llegó a 400 millones de euros. Es un emprendedor nato, que saltó al mercado norteamericano con un anuncio multimillonario en la Superbowl y presume de sus proyectos innovadores. El último es una encimera ecológica, fabricada con reciclados de vidrio, porcelana y cerámica. Su gran carencia, dado que viaja mucho, es que no habla inglés, lo que le lleva a definirse en público como “un analfabeto del siglo XXI”. Gran lector de novela histórica, le gusta el clima de la montaña de Mojácar y fumar habanos los fines de semana.

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–¿Le agrada que le conozcan como ‘el rey de la encimera’?

–No me puedo molestar por algo tan elogioso, aunque exagerado. 

–Macael suena en el mundo por usted.

–No sólo gracias a mí. Hay una excelente cantera de empresarios de la piedra. Aunque si se tratara de una orquesta, tal vez le admitiría que actúo de solista en algunos conciertos.

–¿Quién inició su saga empresarial?

–Mis padres vivieron de sus iniciativas emprendedoras. Mi madre tenía una tienda, con la que crió y educó a tres hijos. Ayudó a mi padre a iniciarse en las canteras de mármol y en una pequeña fábrica.

–¿Antes no trabajaban la piedra?

–Mis antepasados italianos, que llegaron a la costa almeriense de Cuevas del Almanzora hacia 1860, eran caldereros y hacían campanas para las iglesias. 

–Y ahora venden…

–Vendemos tres millones de metros cuadrados de encimeras al año, sólo de Silestone.

–¿A qué equivale eso?

–Seguro que a cientos de estadios de fútbol. Pero yo no lo miro desde ese punto de vista. Pienso más bien que cada día tengo que convencer a tres o cuatro mil nuevas personas para que nos compren.

–¿En Estados Unidos?

–Allí estamos presentes en miles de establecimientos. También en China: aunque no es un mercado tan evolucionado como el norteamericano, nuestra marca se encuentra en las principales tiendas de Shanghai y Pekín.

–¿Pese a ser un país comunista?

–Es que en China actualmente hay más de 60 millones de personas con un elevado poder adquisitivo. Y se espera que esa cifra se doble en unos quince años.

–¿Su encimera es un gran invento?

–Tras casi veinte años en el mercado, creo que podemos decir que mi encimera Silestone ha sido uno de los grandes inventos españoles. Es la marca líder mundial en su categoría.

–Como el chupachups o la fregona. 

–Son otros dos ejemplos claros de liderazgo español. Lo mejor es haber obtenido un reconocimiento de marca tan notorio. Alguien podría haberlo hecho, pero nosotros lo vimos antes. 

–¿Es cierto que encontró la inspiración en un kibbutz?

–En Israel vimos el camino a seguir. El aglomerado que hacíamos con triturado del mármol nos daba muchos quebraderos de cabeza. Decidimos cambiarlo por arena de sílice, luego cuarzo. Fue muy retador.

–¿Fue consciente del gran hallazgo?

–Vi el concepto, antes que la aplicación. Igual que Miguel Ángel veía un bloque de mármol de Carrara e imaginaba una Piedad o un Moisés, yo veía una tabla de Silestone e imaginaba el espacio que podía resolver. 

–¿Y no le dio miedo equivocarse?

–El miedo es paralizante y es incompatible con la actividad empresarial. La confianza en el éxito de lo que emprendes debe ser siempre más poderosa que tus temores interiores.

–¿Y si las cosas salen mal?

–No hay que venirse abajo. Se vuelve a insistir: unas veces por el mismo camino y otras, por otras direcciones.

–¿Cuánto ha arriesgado para alcanzar el éxito?

–Por éxito no he arriesgado nada. Arriesgo por tener una marca más fuerte, un servicio mejor, más seguridad para mis empleados… Por esas cosas sí arriesgo. 

–¿Desdeña el éxito?

–El éxito es algo difícil de medir. Yo me he arruinado tres veces en mi vida y he aprendido más de eso que de supuestos éxitos.

–¿En qué sentido?

–Si sólo has conocido los días de vino y rosas, te falta la otra parte. En Norteamérica se valora y respeta al empresario que se ha arruinado una o varias veces y ha sido capaz de refundarse. 

–¿Esta crisis dejará a muchos en la cuneta?

–Me temo que sí, que ya está sucediendo. Es una pena pensar que muchos proyectos viables de negocio se han truncado por falta de financiación, o por una caída brusca en las ventas ante la que no ha habido tiempo para reaccionar.

–¿Hay que cambiar el modelo de crecimiento?

–A mí lo que de verdad me parece urgentísimo, y prioritario, es un pacto de Estado por la educación. 

–¿La formación es la base?

–La innovación depende de que la población tenga una buena formación, cosa que ahora mismo no sucede. Otra necesidad es la de conseguir una administración más ágil y transversal, sin compartimentos estancos y que mime al inversor.

–¿Cómo imagina el futuro?

–Soy de los que piensan que el mejor tiempo siempre está por llegar. Pero tengo obligación de alertar sobre los enormes riesgos que corremos de no prestar mayor atención a la educación y a la innovación en la empresa, la universidad, la administración pública y la justicia.

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