"El consenso de la transición convirtió a Chile en la proa de América"

-¿Qué hacía cuando se produjo el golpe de Estado del 73?

-Era dirigente empresarial agrícola y presidente de Radio Agricultura, una emisora con cobertura nacional que siempre tuvo una línea libertaria. Nosotros nunca estuvimos con el Gobierno marxista de Salvador Allende.

-¿Cómo recuerda esos años?

-Fue una época muy difícil, tanto antes como después. Fui dirigente estudiantil en los años 60, cuando cursaba Derecho en la Universidad Católica. El país fue acumulando una tensión enorme, que desembocó en una situación lamentable.

-¿Con el Gobierno de Allende?

-Tenga en cuenta que, por el sistema electoral, una persona que había tenido un 32 % de los votos del electorado quiso imponer a la mayoría una línea radicalmente distinta.

-¿De extrema izquierda?

-Su línea fue de izquierda radical, en un momento en que la revolución de Castro estaba muy vigente en Cuba. El mundo vivía una conmoción seria, en plena Guerra Fría, con la Unión Soviética por una parte y Estados Unidos por otra.

-¿Y…?

-Se vivieron momentos muy difíciles, con enfrentamientos a todos los niveles. Pero en Chile tenemos sentido solidario. Como empresario, procuré ayudar a las personas que se relacionaban conmigo y estaban en dificultades.

-¿Qué lección cabe extraer de aquellos años?

-Fue una etapa en la que aprendimos cosas buenas y malas. Pero después de aquellos años convulsos logramos armar una transición ejemplar. En Chile siempre ha imperado el sentimiento democrático.

-¡La dictadura militar duró quince años!

-El golpe del 73 es la excepción que confirma la regla. Además, hay que reconocer que Pinochet representa el único caso en el mundo de un gobierno militar que entrega el poder a raíz de un plebiscito. Me encantaría que Fidel Castro o Chávez hiciesen lo mismo.

-¿Cree que se han cerrado todas las heridas?

-El tiempo cura las heridas abiertas. Y yo siento que en Chile hemos logrado avanzar en la unidad. ¡Isabel Allende ha sido Premio Nacional de Literatura!

-¿Cuándo se incorporó usted a la política?

-Justo después de que Pinochet perdiera el plebiscito, en el 89. Fui candidato independiente al Parlamento. Tuve una de las primeras mayorías siendo dirigente empresarial. Más adelante ingresé en Renovación Nacional [Centro derecha].

-¿Aprueba que un juez español abriera el proceso contra Pinochet?

-Somos muy celosos de nuestra independencia. Así como los tribunales ingleses reconocieron que no tenían competencia en la materia, creo que en Chile no tenemos competencia para juzgar lo que ocurre en ninguna otra parte y no necesitamos justicia externa para resolver nuestros problemas.

-¿La transición chilena se parece a la española?

-Hay similitudes y diferencias. Lo que me admira de la transición española es que personalidades tan divergentes como Suárez y Carrillo lograran ponerse de acuerdo. En Chile ocurrió algo parecido: era una sociedad que deseaba superar el pasado y construir un futuro.

-¿Cuál sería la diferencia?

-El consenso se extendió al terreno económico y hubo cosas que se preservaron. Convinimos un sistema que nos permitió mantener las altas cotas de crecimiento, del 7%, que hubo a finales de los 80. ¡No podíamos cortar ese impulso renovador!

-¿En torno a qué principios giró el consenso?

-Respeto a la iniciativa privada, independencia de los poderes, estabilidad política y certeza jurídica. Todo esto hizo que Chile se transformara, al igual que en el siglo XIX, en la proa de América.

-Salvo para los países del eje bolivariano.

-Con respeto a cada país, le diré una cosa: Chile camina a paso seguro para convertirse en el primer país de Iberoamérica. Cuando me dicen que hay otras alternativas pregunto: ¿Cuáles son los resultados? Lo dicen las escrituras: por los hechos los conocéis.

-El primero, pese a las adversidades…

-Hemos sabido convertir las adversidades en oportunidades. A las erupciones volcánicas, o a la tragedia de los mineros, les colocamos un acento positivo: hay que hacer mejor las cosas. No es posible que a estas alturas del siglo XXI tengamos situaciones como la de los mineros.

-¿Cómo quedó el país tras los terremotos?

-La reconstrucción no es fácil. Hubo un terremoto en tierra y un maremoto que barrió las edificaciones de la costa a lo largo de 600 kilómetros. ¡Los barcos aparecieron en las plazas!

-¿En cuanto se calculan las pérdidas?

-Se destruyeron 250.000 viviendas. Las pérdidas totales equivalen al 1,5% del Producto Interior Bruto: unos 18.000 millones de euros. Afortunadamente teníamos recursos, y nuestra deuda externa no es importante.

-¿Qué mensaje les ha traído a nuestros empresarios?

-Que somos un país serio. Tenemos estabilidad política, certidumbre jurídica y reglas del juego económico probadas. España es el segundo país inversor en Chile, tras Estados Unidos. Hay gran nivel en energías renovables y minería. ¿Sabe lo que ha pasado con Abengoa?

-¿Qué ha pasado?

Abengoa suministró el tubo a través del que se comunican los mineros atrapados en la Mina San José. Y los mineros escribieron una carta en la que afirman: "Los verdaderos héroes son los que pusieron este tubo".

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