"El corresponsal que da entradillas con chaleco antibalas es un payaso"

Si tienen un ordenador cerca, pinchen www.emiliomorenatti.com/pakistan antes de leer la entrevista. Verán mujeres con el rostro deformado por el ácido. Me fijo en Saira. Con su recién adquirida monstruosidad sostiene una foto de una mujer bella, muy bella. Era ella. Emilio Morenatti ha ganado el Press Photo por este sobrecogedor trabajo.

-Ácido...

-El ácido es el arma en un país en el que la vida de una mujer no vale nada.

-Algunos de esos rostros monstruosos se enfrentan a su cámara con desafío.

-Unas con desafío, otras con vergüenza... He visto mujeres mutiladas que no sabía si sonreían o lloraban. El ácido les robó la expresión.

-Está prohibido fotografiar mujeres en Pakistán. ¿Cómo lo consiguió?

-Nos llegó la historia de una ONG que empleaba a mujeres deformadas en salones de belleza. Mujeres deformadas peinando a mujeres bellas... De ahí sacan dinero para poder operarlas. No quería que esa imagen fuera un simple cable diario para la agencia, ni un reportaje. Quería algo más grande. Recorrí miles de kilómetros buscando a esas mujeres.

-¿Y ese país va a frenar a los talibanes?

-Pakistán se desliza hacia el caos. No tiene un Gobierno sólido. Los analistas creen que el futuro de Pakistán se decide en pocas semanas. No son muy optimistas. Y los insurgentes están a las puertas de Islamabad.

-Palestina, Afganistán, Pakistán... ¿Con qué estado de ánimo se levanta uno a trabajar?

-Trabajo en el mayor medio de comunicación del mundo y eso requiere un compromiso. Allí nos disfrazan propaganda con trajes de noticias. Vamos a aldeas tribales donde no hay ninguna autoridad, donde no hay siquiera fuentes oficiales. Te envían al móvil fotos de fusilamientos que pueden ser fraudes. ¿Que cómo se levanta uno a trabajar? En tensión, en estado de alerta.

-Tiene la mirada endurecida, si permite que se lo diga.

-Será porque me acabo de casar.

-Creía que los fotógrafos de guerra tenían prohibido casarse.

-Hay mucho mito.

-¿Y su mujer qué dice?

-Es fotógrafa, del gremio.

-Eso lo cambia todo.

-No, hay periodistas en zona de conflicto casados y con familia que lo llevan muy bien. Como los militares, tienen un destino, hacen una misión y vuelven. Tú vas a un campo de refugiados, a una explosión, lo que te toque y vuelves...

-Una profesión rutinaria. Hoy un campo de refugiados; mañana, una explosión...

-Bueno, puede que no sea un trabajo tan tranquilo como otros, pero es un trabajo, un trabajo en el que tú no eres el protagonista. Estás allí para contar una historia. Simplemente.

-El cine americano dice que el reportero es el protagonista y la población, los figurantes.

-Sí que hay quien se ve en ese papel. Nos reímos de esos tipos que van haciendo entradillas con el chaleco antibalas. Quien da una entradilla en el hotel con un chaleco antibalas es un payaso, quien antepone su experiencia a la experiencia de la gente es un payaso.

-¿Cuál es su próxima misión?

-Me empotraré con las patrullas americanas en Afganistán, al corazón talibán.

-¿Y cómo se presenta la cosa?

-Correré la suerte que corran los soldados. Ellos hacen su trabajo; yo, el mío.

-En sus fotos de zonas de guerra siempre hay muchos niños.

-No es una elección. Hay muchos niños porque no hay hombres. Los hombres están o muertos, o encarcelados, o combatiendo. Y a las mujeres, le recuerdo, no se les puede fotografiar.

-Será así, pero tiene usted un estilo muy lírico.

-Porque tiro un huevo. Voy dos veces a los sitios: una a asegurar y otra a buscar la mejor luz. Pero no es ningún esfuerzo. Soy feliz con ello. Siento que voy de paso y aprovecho lo que tengo.

-Resúmame lo que tiene.

-Escenarios maravillosos. Disparar en Kabul, por ejemplo, no tiene mérito. Estás deseando hacerlo todo el tiempo.

-Quién se lo iba a decir cuando empezó haciendo ruedas de prensa en Jerez.

-Pues era feliz, pero lo que sí le digo es que una rueda de prensa del alcalde de Jerez es tan coñazo como una rueda de prensa del presidente de Pakistán.

-Usted iba para delineante.

-Uf... No, no hubiera sido feliz. Cuando descubrí el poder de sacar imágenes de la nada entendí que no iba a ser delineante.

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