"La ópera es un enfermo crónico que nunca acaba de morirse"

-Sigue su gira por España con Carmen -una producción del Teatro Villamarta-, y ahora llega a Jerez. ¿También ha sucumbido usted a los encantos de la cigarrera de Bizet?

-Carmen conquista al más pintao. Como en cualquier aventura amorosa, uno siempre tiene que estar dispuesto a todo. Ella te conquista pero tienes que saber que eso significa muchas cosas. Carmen no juega. Cree en sus convicciones: que el amor tiene un tiempo y una vida y fuera de ese tiempo no se puede perpetuar el amor. Y no todos los hombres están dispuestos a aceptarlo.

-Lo deja claro Don José, matándola.

-Lo que hace es indefendible, pero es un hombre muy complejo bastante común a una educación que hemos tenido los hombres, en el sentido en que necesitamos las cosas en su sitio y cuando no son como nos han inculcado, nos quedamos descolocados. Don José no acepta lo que es evidente: que Carmen no lo quiere.

-Le gusta llevársela de paseo por otros teatros...

-Es uno de esos personajes y presencias humanas que merecen la pena acercar porque abre el mundo de la ópera a gente que aún no lo conoce, y revisa además cuestiones humanas como la vida y la muerte. Carmen es una maravillosa embajadora de la ópera.

-¿Qué diría Carmen de la sociedad actual?

-Creo que no encontraría muchas diferencias entre los hombres y el mundo que conoció en el XIX y los de ahora. Y las causas de la violencia de género no han cambiado mucho, ni las pasiones humanas. Son tan de todos los días como hace dos siglos.

-¿Cómo están de salud la ópera y el teatro?

-Son enfermos crónicos que nunca acaban de morirse y que tienen una maravillosa salud. El problema es que a los que estamos dentro nos encantaría que tuvieran una salud mucho mejor, y a los que están fuera no les interesa. Tienen la salud que la sociedad les permite.

-¿Hay hambre cultural por parte de los ciudadanos?

-Si la sociedad mejora, mejoran los logros culturales y no estamos precisamente ahora en ello. Hoy los modelos de sociedad no plantean logros humanos, en el sentido en que la mejora de la especie tiene poco que ver con hechos tangibles, sino con deseos de mejora de entender el mundo. Cuando el ciudadano no demanda, el político tampoco se complica la vida y no da lo que no se le pide.

-¿Está la industria cultural en quiebra?

-Una cosa es la cultura como creación y que no tiene que ver con el hecho industrial y otro es pensar en la cultura como soporte económico. En este sentido tenemos cada vez más tiempo de ocio y más recursos y la industria cultural jugará cada vez más un papel más importante.

-¿Cuál es su sueño como director de escena?

-Bueno, como Tauro, soy bastante terrenal, vivo la vida, vivo el mundo... Ahora bien, la obra que a mí me encantaría dirigir tiene mucho más que ver con hechos que resolver, cuestiones íntimas del ser humano. Lo tengo claro, sería 'Hamlet'.

-¿Le gusta el riesgo?

-Como director de escena, sí, siempre que juegue con mis propias cartas.

-¿Qué le augura al flamenco como patrimonio de la humanidad?

-Le auguro todo. Es el gran arte español del siglo XXI. Es el arte que más fácil expansión tiene en todo el mundo, y es un arte tan joven que tiene todo por delante. Ahora, hay que hacer las cosas bien, con mucho trabajo, información, formación, profesionalidad... Tenemos un producto singular y genuino pero hay que crearlo y expandirlo como se hace con las demás artes desde hace siglos.

-¿Qué otras pasiones le mueven?

-Me gusta la vida. Hay un tiempo en nosotros que la vida es aquello que soñamos, pero he ido aprendiendo que la vida es aquello que hacemos mientras esperamos otras cosas.

-¿Dónde le gustaría estar dentro de 10 años?

-Pues formando parte de la naturaleza.

-Pero querrá decir vivo, ¿no?

-(Risas) Sí, más vivo que nunca. Probablemente, si me lo puedo permitir, intentaré estar más en contacto con la naturaleza, sin perder el contacto con la ciudad.

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