"En la ópera hay gente normal y también muchos pamplinas"

-Viene del mundo del fútbol y acaba en la ópera, dos espectáculos paralelos.

-Sí que lo son. Haber jugado al fútbol me ha servido para tener una disciplina en el día a día, en el entrenamiento. Luego viene el partido del domingo, que es la función.

-Que lo mismo va uno y se lesiona.

-Si no te cuidas, tienes más posibilidades de lesionarte, naturalmente.

-Con una cosa u otra, la cuestión es que sigue sin fines de semana.

-Y seis años sin Feria. Cuesta trabajo, pero creo haber llegado a un punto en el que puedo elegir algunas cosas y no decir que sí a todo.

-Al Metropolitan, pongamos por caso.

-Hombre, si hay que actuar en el Metropolitan o la Scala no se puede decir que no.

-Su profesor fue Alfredo Kraus. ¿Quién era Kraus?

-Educación, seriedad y profesionalidad. Me siento en deuda con él y quisiera seguir su carrera no tanto en lo artístico, que también, sino en lo humano.

-Porque no todos los divos son Kraus, claro.

-Claro que no, en la ópera hay mucho pamplina y mucho nota. No son la mayoría, pero los hay.

-¿En su trabajo se toman una copa después de la jornada laboral?

-Como en cualquier trabajo, en la ópera hay de todo. Conozco gente que se pone guantes para sacar dinero del cajero automático. Yo soy de los que me tomo una copa después de trabajar y, algunas veces, lo he hecho con gente muy importante, auténticos virtuosos del canto que no se les caen los anillos por acodarse en una barra. Apetece después de cantar. En la ópera somos mucho más normales de lo que la gente cree.

-Lo decía por eso de que hay que cuidarse.

-Tengo claro que mi carrera de canto es mi profesión, una parte de mi vida, no toda mi vida. Quiero durar en el canto unos 30 años. Me cuido para ello, pero no me obsesiono con ello.

-¿Cuál es el Anfield (campo del Liverpool) de la ópera?

-Viena, Berlín... son lugares donde sientes algo especial.

-¿Qué es eso especial?

-Quizá los fantasmas del teatro. Son escenarios que pisas y sabes que los han pisado antes los más grandes.

-Un ejemplo, por favor.

-En Amsterdam canté Lucía. El último que cantó Lucía allí fue Pavarotti y ese público lo vio y lo escuchó.

-¿Salió indemne?

-Supongo que sí porque me han llamado este año para cantar La Traviata.

-¿Quién fue el último que cantó La Traviata en Amsterdam?

-Prefiero no saberlo.

-Tantos escenarios internacionales ha pisado que cuando viene a Andalucía le parecerá que el público no entiende mucho.

-Quizá no se entienda tanto como en los grandes teatros, pero hay una sensibilidad especial, un gen innato para detectar la belleza. No entenderán, pero tienen ese pellizquito que hace que salgas nervioso a cantar.

-Pero bien duros que son los críticos andaluces.

-Los críticos son críticos. Uno lo acepta, aunque tendría para escribir un libro de dislates escritos por críticos no necesariamente andaluces, sino de todas partes. A los críticos musicales yo les llamaría más bien narradores musicales.

-¿Hay mucho paro entre los tenores?

-No mucho, somos pocos y hay trabajo para todos, gracias a Dios.

-Pese a la crisis...

-Nos hemos pasado en muchas cosas, hemos vivido en este país a lo grande, pero pienso que la ópera, para el verdadero aficionado, no es un lujo, sino una necesidad.

-Porque la ópera es para ricos.

-Es el sambenito con el que se carga. ¿En Italia la ópera es para ricos? Es un arte popular. Cualquier persona sensible puede disfrutar de una buena ópera. Eso sí, es como el rock and roll, no vayas a ver a un grupo que no conozcas, vete a ver una ópera en la que conozcas algunas canciones para empezar. En piezas que no conozco, yo soy el primero que me duermo.

-Insisto en la crisis. ¿Dará la recesión para una ópera de los tres peniques?

-Seguro que alguien la está componiendo en algún lugar. Se le reconocerá cuando haya muerto. Es duro en este tiempo componer.

-¿ Y cantar es duro?

-Cantar es un sueño.

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