"No veo posibles más dictaduras, pero no hay que descuidarse"

-Ha tenido usted el atrevimiento de meter al Carnaval en un museo.

-Bueno, no, no fue una tarea sólo mía. Fuimos unos cuantos que nos atrevimos, no sé si locos o soñadores, que nos califiquen otros.

-Y encima van y les premian.

-Y... fue en realidad un doble premio, por premiar a un soñador, y por premiar a una ciudad que tiene una fiesta muy importante.

-Pero ustedes cuentan con enchufe.

-¿Cómo enchufe?

-Sí, porque muchos de los políticos más importantes de Uruguay han sido o son carnavaleros.

-Por suerte el Carnaval llegó a todos los estratos de la sociedad y llegamos hasta a tener ministros que salen en el Carnaval, como el de Economía que es un reconocido letrista de murgas.

-Eso en España se vería poco serio: que un ministro saliera en una chirigota.

-No, en Uruguay quizás, unos años atrás hubiera pasado lo mismo, pero bueno, los tiempos van cambiando y el Carnaval va adquiriendo un prestigio que antes no tenía.

-¿Eso pasa con el Gobierno actual porque el Carnaval es de izquierdas?

-No, pero en un momento, en la salida democrática, por los años 80, fue un lugar de expresión y en toda la sociedad se reflejaba, pero en los grupos de izquierda aún más. Y es verdad que allá todos tenemos esta parte carnavalera que a veces se mezcla con la política partidaria también.

-En España, la dictadura franquista llegó a prohibir el Carnaval.

-En Uruguay nunca tuvo interrupciones en estos más de cien años. Y la dictadura no sé si no pudo o no supo prohibir la expresión del Carnaval montevideano, que durante esos quince años oscuros del país logró seguir vivo y se convirtió también en un reducto de resistencia a la dictadura.

-Usted mismo es murguero.

-Nosotros le decimos saliren Carnaval a subirse al escenario. Yo salí más de 20 años y en estos últimos dos me tomé una licencia que no sabemos si es para siempre o momentánea; pero sí, el que no sale en Carnaval muchas veces sueña en salir, y son sueños compartidos entre todos los vecinos de nuestra ciudad.

-No dejó de salir por ser director del Museo.

-No, bueno, sí, pero no porque no se pudiera, sino porque no tengo tiempo y fui colocándome, trabajando en otro sitio del Carnaval. Uno va optando, pero no es incompatible.

-¿Trabajo y Carnaval no son incompatibles?

-No lo había pensado, pero es un trabajo importante, y todos los carnavaleros tienen una zafra (temporada de trabajo) de mes y medio en Carnaval, con unos ingresos que son un aporte importante. El Carnaval de Montevideo se ha ido profesionalizando y para salir en un grupo de los importantes hay que tener muchos méritos y... se mueve dinero, sí.

-¿Es menos serio dirigir un Museo del Carnaval que otros?

-No sé lo que es la seriedad, y lo nuestro es algo más cerca de la gente por la temática. Aparte de eso, no dejamos de cumplir las funciones de cualquier museo.

-Uruguay es un país ciertamente discreto.

-Sí, siempre hemos estado a la sombra de dos gigantes como Brasil y Argentina, y luchando por que se nos conozca. Ahora, con este Museo y el Premio Reina Sofía también estamos haciendo eso. Nos pasa igual con el fútbol, que se nos conoce sólo por eso.

-Dígame entonces algo de Uruguay que no sea fútbol, Carnaval y asado.

-Eeeh... la gente es importante. Como en cualquier lugar, al país lo hacen sus habitantes y me parece que hay allá una cordialidad muy linda de conocer, las playas y una gran vida cultural, teatro, danza, tenemos grandes autores como Benedetti y Galeano. Sobre todo el contacto humano, que es lo que hace más rico a Montevideo.

-¿América Latina está de moda?

-Ha habido un cierto cambio que quizá sea la coincidencia de tantos gobiernos de izquierda que hacen que se pueda trabajar corporativamente, porque aunque tenemos orígenes comunes se ha dado muchas veces que cada uno se ha preocupado de cuidar su chacra.

-¿Las dictaduras en América son ahora más difíciles?

-Yo espero que sean imposibles y que sean parte del pasado. Pero nunca hay que descuidarse, por las dudas.

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