"No hay verdades absolutas, lo importante es la honradez"

-¿El Derecho se lleva en los genes?

-Lo que se lleva en los genes es el sentido de la Justicia. Lo he vivido en mi casa: en la actitud de mi padre, que es una persona buenísima, y en la de mi madre, que ha sabido ser feliz pese a que ha vivido tiempos difíciles.

-¿Difíciles?

-Mi abuelo fue un represaliado de la guerra durante el franquismo. Ella no me lo contó hasta que fui mayor, porque no quería que nada me condicionara. Tenía claro que el odio no es bueno.

-¿Usted era de las que empollaba mucho?

-Me gusta estudiar. ¡Si pudiera haría veinte carreras seguidas! Estudié Derecho en Granada y terminé con un año de adelanto.

-¿Eso está permitido?

-Soy de la misma promoción que el Príncipe de Asturias. Como él, también iba un curso adelantado al acabar el bachillerato, hicieron una excepción y nos dejaron pasar a todos.

-¿Qué la impulso a irse al extranjero?

-Salí a Italia con una beca Erasmus que fue decisiva en mi vida, porque me abrió las puertas al exterior y me permitió más tarde colaborar en la organización de la administración de Justicia de varios países.

-¿En qué países trabajó?

-Estuve en Mozambique. Allí las leyes son prácticamente copiadas de las españolas, pero la falta de medios es total. ¿Cómo notificas si el secretario no tiene vehículo? ¿Cómo localizas a la gente si no hay direcciones?

-Para que luego nos quejemos.

-También estuve en Argentina. Nuestra carrera judicial, en lo relativo a independencia e imparcialidad, es para ellos un modelo. Allí, en la época del corralito, cesaban a los jueces a base de caceroladas.

-¿Y a qué conclusión llegó?

-Corroboré que los jueces españoles son grandes profesionales, que nuestra escuela judicial sirve de ejemplo y que en nuestra Justicia se miran muchos países. Hay que apreciar lo que tenemos.

-Pues mire que está cuestionada.

-No debemos confundir el valor de la Justicia, que es un logro de la democracia, con el sistema de organización de la Administración de Justicia. No tiene nada que ver.

-¿Lo que no funciona es el sistema?

-Nuestro sistema judicial es del siglo XIX. No es un descubrimiento mío. Se ha ido adaptando, pero no ha conseguido satisfacer las necesidades de la ciudadanía.

-¿El siglo XXI no ha llegado a la Justicia?

-Sí ha llegado, está llamando a la puerta. Lo que hay que hacer ahora es impulsar un cambio de modelo.

-¿En qué consistirá ese cambio?

-El modelo actual se ideó en la España rural, cuando los juzgados tenían que resolverlo todo dentro de su ámbito, porque era muy difícil conectarlos entre sí. Cada juzgado era un reino de taifas.

-¿Y...?

-Hoy sabemos lo que ocurre en cualquier lugar del mundo en tiempo récord. Luego hay que adaptar la Administración de Justicia a las comunicaciones. Ya no nos interesa el aislamiento, sino la interconexión.

-¿Se ganará en eficacia?

-Lo que se pretende es agrupar determinadas tareas, como las ejecuciones o las notificaciones, que hoy se hacen repetitivamente en cada juzgado, en nuevas unidades administrativas.

-¿Y cómo afectará el cambio a los funcionarios?

-Los funcionarios no tienen la culpa de trabajar en las condiciones actuales. Tenemos que ayudarles para que el proceso de adaptación se haga con las menos penurias posibles.

-Les faltan medios.

-Trabajan en condiciones complicadas, pero no por falta de medios, que también puede ser, sino porque están en un sistema pensado para otro siglo y ello les obliga a redoblar sus esfuerzos.

-¡Esos expedientes amontonados!

-Progresivamente hay que digitalizar. Ya lo hemos hecho con grandes procedimientos, como Malaya, o Ballena Blanca. Lo cierto es que los expedientes judiciales suelen ser muy aparatosos.

-Y tanto.

-Ves un juzgado inundado de papeles, piensas que hay mucho trabajo acumulado y a lo mejor son sólo tres expedientes. Lo importante es tener presente que, tras cada expediente, hay un ciudadano.

-¿La crisis permitirá invertir en reformas?

-La crisis ha demostrado que el dinero sin ideas lleva al desastre. Tenemos ideas, tenemos claro que queremos dar respuesta a las necesidades y después también necesitaremos algo de dinero.

-¿El reto no le quita el sueño?

-Para nada. Más bien me hace soñar que se puede transformar la realidad y conseguir mejorar el sistema, con diálogo.

-¿Cuál es su foto de la Justicia?

-En esa foto se ve al ciudadano y sus demandas en primer plano, y al fondo veríamos a la Justicia trabajando con un casco de obrero.

-Dígame qué ha aprendido en su carrera.

-Que no existe la objetividad. No se trata de hacer un trabajo bien o mal, sino de emplear lo mejor posible las herramientas disponibles. No hay verdades absolutas. En la Justicia lo importante es la honradez.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios