Myriam García Abrisqueta

"No hemos vivido en una sociedad del bienestar, sino del exceso"

  • La presidenta de Manos Unidas (Madrid, 1964) asimiló los valores cristianos en el movimiento scout. Madre de dos hijos, sin la complicidad de su marido no le habría sido posible dedicarse al trabajo en Manos Unidas. 500.000 pesetas fue la primera recaudación que en 1961 un grupo de católicas españolas destinaron a las mujeres africanas. Fue la génesis española de Manos Unidas: hambre de pan, hambre de cultura, hambre de Dios. Manos Unidas es una organización no gubernamental con la estructura de 71 delegaciones diocesanas repartidas en toda España.

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-¿En qué trabajaba?

-Soy historiadora del Arte. Estaba en la Asociación Amigos del Museo del Prado.

-Manos Unidas recibió el premio Príncipe de Asturias en la misma ceremonia que Pies Unidos (la selección española de fútbol).

-Fui a la ceremonia con Cecile Samahui, de Cáritas Diocesana de Benín. Era la primera vez que salía de ese país. Coincidir con la selección fue todo un orgullo. Son un

modelo para muchos jóvenes. Tuve ocasión de hablar con Reina y Del Bosque.

-¿Tienen fuerza misionera?

-Mucho más de lo que ellos creen. Una vez le preguntaron a Teresa de Calcuta por la labor que hacía con Lady Di, dos personas de mundos y conceptos tan distintos. "Lo que yo hago", dijo Teresa de Calcuta, "no lo puede hacer ella. Lo que ella hace no lo puedo hacer yo". Los que tenemos el privilegio de haber nacido en este mundo tenemos una obligación con los que menos tienen.

-¿Qué es el efecto mariposa?

-Siempre que hablo en cualquier sitio, cuando recuerdo que la esperanza de vida en Angola es de 38,2 años, miro al público y digo que en ese país el auditorio estaría vacío. Es el segundo productor de petróleo del mundo y el primer productor de diamantes. Siendo un país rico en recursos, condena a un 68% de la población a vivir bajo el umbral de la pobreza por el enriquecimiento y el consumo de unos pocos.

-¿Y qué se puede hacer?

-Que no sólo nos duela, sino que nos mueva. Tuve la oportunidad de viajar a Mozambique. La esperanza media de vida es de 41 años. He conocido gente maravillosa. Gente joven que quiere lo mismo que los jóvenes de aquí, formación y un trabajo digno.

-¿Cooperan con los cooperantes?

-Manos Unidas trabaja con socios locales. No tenemos estructura en esos países. Trabajamos con misioneros, órdenes religiosas, comités locales, cooperativas de agricultores, asociaciones de padres. Sabemos que hay riesgos. Pero lo prioritario es no crearle dificultades a los socios locales. En Mozambique no hay carreteras con agujeros, son agujeros con trozos de carretera. Nos ponemos en manos de Dios y de los socios locales.

-En ese país murió la cooperante sevillana Inmaculada Vieira...

-Alguien me dijo al llegar a Manos Unidas que iba a tener la oportunidad de conocer a gente extraordinaria. Como imagino que lo era esa chica que dio lo más valioso que tenía por los demás, su propia vida.

-Manos Unidas lleva 30 años en Haití. ¿Estuvo tras el terremoto?

-No. Somos muy austeros. Han viajado a Haití las personas que en ese momento eran necesarias allí.

-Trabajan fuera de España. ¿La crisis no les hace mirar hacia dentro?

-Con lo que pasó en Lorca, estamos al lado de las personas, entendemos su dolor, pero nuestra misión está fuera, en países en vías de desarrollo, con los más pobres y desfavorecidos. Con el Tercer Mundo, aunque ya no se utiliza ese término pero todo el mundo lo entiende.

-En términos evangélicos, ¿asistimos a un duelo entre pecados capitales (codicia, avaricia, pereza) y virtudes teologales (falta de esperanza y de caridad)?

-Quizás he hecho mal diciendo que no trabajamos en España. Aquí hacemos una tarea importantísima de formación y sensibilización. Si no somos conscientes de que nuestro estilo de vida influye en la pobreza y en el hambre de otras personas, de nada sirve enviar fondos y proyectos. No es que hayamos vivido en una sociedad del bienestar, hemos vivido en una sociedad del exceso que ha repercutido muy negativamente en la vida de otras personas. Si aquí la crisis es grave, en otros países es cuestión de vida o muerte.

-¿Cómo ve el drama de las pateras?

-A nadie le gusta dejar su tierra, dejar su familia. Muchas de esas personas no tienen nada que perder, nada menos que su vida, imagínate.

-¿Y lo del norte de África?

-Trabajamos más en el África subsahariana, pero cuando hablamos de la consecuencias del hambre y la pobreza, una de ellas es la ausencia de derechos y libertades. La llama que encendió todo fue la subida del precio de los alimentos.

-¿Y las guerras que no salen en los telediarios?

-De los 32 conflictos existentes en el mundo en el primer trimestre de este año, doce estaban en África. Algunos olvidados y que causan miles de muertos y millones de desplazados. Guerras interesadas por una explotación de los recursos en beneficio de unos pocos.

-¿Tiene esperanza en el futuro?

-La pobreza tiene en el mundo rostro de mujer. El carácter y el genio femenino han estado muy presentes en Manos Unidas desde su creación en 1960. En esos países es la mujer la que trabaja, la que busca el agua y la leña, la que cuida de los niños y ancianos y la que genera rentas. Dicen que cuando se educa a una mujer se educa a una familia y cuando se educa a un grupo de mujeres se educa a una nación.

-¿Un cuadro del Museo del Prado?

-El Cristo de Velázquez con los versos que le dedicó Unamuno.

-¿Quién la eligió?

-En asamblea. Y me confirmó la Conferencia Episcopal.

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