Guiones con trampa y cartón

Los guiones, como las normas, sirven para dos cosas: se pueden cumplir a rajatabla o cabe desafiarlas. La primera opción es muy tentadora: sólo hay que dejarse llevar por la marea y no requiere mayores talentos que los universalizados de la autocomplacencia con uno y con todo y la resignación ídem de ídem. La otra, la de ir contracorriente, mojarse y pringarse, implica valor, olvidar las sacrosantas ideas preconcebidas y renovar el armario de las ideas, aunque está claro que los grandes eventos en marcha o a la vista del panorama político huelen a guión tan previsible como funestamente invariable y equívoco.

Así, estamos asistiendo a la consagración de la antigua Batasuna como elemento decisivo para la pacificación del País Vasco con esas hermosas declaraciones de intenciones que nos están brindando sobre la necesidad de que ETA se decida a dejar de matar. Una apoteosis de la cordura y la concordia que se completa con las entregas que nos viene ofreciendo la organización terrorista con su renovado cinismo en busca del arca perdida de las urnas y que seguirá subiendo peldaños de aquí a las muncipales de 2011, pasando de la vaga declaración de intenciones con la que nos viene deleitando al arrobo de algún vago y etéreo compromiso con mucha cáscara y poca chicha.

Otro guión previsible nos lo brinda la huelga general que le han montado mañana a Zapatero. Una convocatoria que desprende un insoportable hedor a fracaso, que llega tarde y mal y que si a alguien le va a beneficiar va a ser al Partido Popular, que podrá cargar contra los sindicatos si se cumple el guión del escaso seguimiento que el paro va a tener entre los trabajadores o bien atizará inmisericorde al Gobierno de Zapatero si salta la sorpresa y la cosa se parece en algo al varapalo que se llevó Felipe González en aquel memorable 14-D de 1988, cuando el país se paralizó al secundar unos ocho millones de personas la rebelión contra un ominoso plan de empleo juvenil cuyos laureles nunca dejan de reverdecer.

La doble cuestión: ¿ETA ha evolucionado y poco a poco ha llegado a la conclusión de que es hora de rendirse a la evidencia de que no tiene futuro y se está poniendo hasta razonable cuando habla de ir "más lejos" de un alto el fuego permanente y sin trampa ni cartón echando el telón a 50 años de locura asesina? ¿Los trabajadores consideran en su inmensa mayoría, esa que mañana irá a trabajar (¡qué suerte!) como cualquier día, que nuestros gobernantes no son tan malos y no hay que montar ningún circo no sea que nos crezcan más los enanos?

Estas escenas de etarras de buena voluntad y de trabajadores muy trabajadores son equívocas, impostadas, trampantojos, cosas del guión de la gran mentira construida con medias verdades y que nunca cambiará si el miedo sigue siendo el protagonista de ambas películas.

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