Pírrica diferencia

En el zapaterismo más recalcitrante, la diferencia mínima en avales entre Trinidad Jiménez y Tomás Gómez -unos 500 a favor del segundo sobre un censo de 18.000 militantes del PSM- era celebrada con cierta euforia, contenida, por supuesto. Proclamaban que, al menos, hay partido, cuando hace unas semanas olía a goleada a favor del secretario general del PSOE madrileño. Vamos, una tragedia griega para los zapateristas por las consecuencias imprevisibles de la ocurrencia madrileña. Bueno, no tan imprevisibles: ante una victoria de Gómez o una derrota de Jiménez, a algunos miembros de la vieja guardia socialista el cuerpo les pide la convocatoria de un congreso extraordinario ante la cara del Blair pos Azores que se le está poniendo al Zapatero reformista y ante el desastre electoral que se avecina para el PSOE en las próximas municipales y autonómicas del 143, sin contar con las catalanas, que son harina de otro costal y necesitan traducción simultánea.

La diferencia de avales es una derrota honrosa para Jiménez y una victoria pírrica para Gómez, a quien, con 105 de los 146 secretarios generales madrileños a su favor, las cuentas no le cuadran ya del todo. Tantos avales para tan pocos militantes, en cualquier caso, suponen más trabajo de la cuenta para el Comité Regional de Garantías Electorales, que, salvo una interpretación muy laxa de las reglas electorales internas, va a dejar el resultante final en una auténtica declaración de principios ante las exageradas pretensiones numéricas de los candidatos: "Menos lobos, caperucita". Fraude, avales de chichimosca, a propósito de una movilización socialista que ni fuera la de 1982. Por favor.

Como me pagan por buscarle siete pies al gato -mañana mi amigo Luis me manda otro SMS-, Rubalcaba estará encantado del escenario peor imposible del PSM porque, después de soplar suavemente a Zapatero lo de las reuniones de Trini con los felipistas -comidas con Solana, Felipe, etc.-, y provocar su envío inmediato al frente de Guadarrama, aspira a mandar a la ministra de Sanidad y Consumo -lo mejorcito que ha dado la camada zapaterista por lo mucho que tiene de felipista- más lejos: tras los ocho miles de Edurne Pasabán, a ver si se cae por un tajo (ya sólo le queda Carme Chacón por despeñar políticamente).

Y, en Andalucía, pues a ver si la onda expansiva, en forma de alud, se lleva también por delante a Griñán, y tras las municipales da tiempo a mandar al actual presidente de la Junta por tabaco y a plantar un nuevo banderín de enganche en San Telmo sin méritos ni mariconadas (de mariquita azúcar, que no suena tan homófobo). Y Chaves a Defensa buscando las tablas. ¿Una película de terror? No, las primarias de Madrid.

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