ZP y Rubalcaba, en el mismo saco

LA sesión de control al Gobierno de ayer en el Congreso tuvo un ojo puesto en la protesta del Movimiento del 15-M frente al Parlamento de Cataluña, con el president Artur Mas y algunos diputados aterrizando literalmente en helicóptero para participar en un debate presupuestario marcado por los recortes.

Rodríguez Zapatero, que, como de costumbre, llegó en el coche oficial, se enfrentó, de entrada, a una pregunta de la diputada verde de ICV Nuria Buenaventura sobre la tasa Tobin, gravamen sobre las transacciones financieras que, en caso de implantarse, respondería a la demanda ciudadana de que "paguen la crisis los bancos". El presidente le respondió que España la defendió en el seno del G-20, y aseguró que las ayudas a la banca han reportado al Estado unos beneficios de 3.500 millones de euros.

Seguidamente, el leonés contestó una pregunta del agraviado portavoz de CiU, Josep Antoni Duran Lleida, por no contar Cataluña aún con el traspaso de becas firmado por el Ejecutivo de José María Aznar. Y el presidente lo hizo con datos: en los últimos cinco años, las becas han beneficiado a 53.000 estudiantes catalanes más.

En el cara a cara entre Rodríguez Zapatero y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, ni del paro saltaron chispas. Entre uno que se va y otro que está de perfil, los debates languidecen tanto o más que la propia legislatura. Con todo, el presidente del Gobierno pidió apoyo para las reformas, y el gallego le recordó que la reforma laboral, puesta en marcha hace un año, sólo ha traído 264.000 parados más. Rodríguez Zapatero insistió en que las medidas "darán resultado", y se enganchó a la inversión anunciada por Ford en la Comunidad Valenciana para sacar algo de pecho. Eso sí, le dio un toque, por llamarlo de alguna forma, a Rajoy a modo de despedida: "No haga siempre crítica fácil y populista".

En el verdadero centro neurálgico del Parlamento, Pérez Rubalcaba se las vio con la portavoz de UPyD, Rosa Díez, que, para no levantar sospechas, no compareció de blanco, pero no dudó en preguntarle si se sentía corresponsable de las políticas del Gobierno de Rodríguez Zapatero. "Sí", le respondió de forma lacónica el vicepresidente primero y ministro del Interior. Díez le restregó el paro y el regreso de los "testaferros" de ETA a las instituciones y le sugirió que pidiera a su jefe que convoque elecciones. Sin inmutarse, Pérez Rubalcaba le replicó que se sentía responsable de que ETA esté en el peor momento de su historia, y pasó al ataque con una pregunta retórica: "¿Se siente usted responsable de las políticas del Gobierno de Ardanza en el que usted estuvo?". Y, después de recordarle cómo había pactado con el PP arrebatar a la izquierda la Alcaldía de Getafe en una reputada marisquería madrileña, marcó diferencias en el terreno de la coherencia personal. Díez, muy sonriente, se puso blanca, por fin, y dejó el hemiciclo momentos después.

Con la portavoz del Grupo Popular, Soraya Sáenz de Santamaría, que calcó la pregunta de Díez -casualidades parlamentarias- al meter en el mismo saco de la crisis al vicepresidente y a Rodríguez Zapatero, Pérez Rubalcaba jugó a policía bueno, aprovechando que la popular bajó el tono de sus críticas. Y no entró en el cuerpo a cuerpo so pretexto de no querer contribuir a que "mañana (por hoy) se hable de un nuevo rifirrafe parlamentario". "No voy a hacer debates tóxicos para la democracia", sentenció.

Este erre que erre parlamentario que viene sufriendo en las sesiones de control el candidato socialista de facto a la Presidencia del Gobierno se confirmó con la pregunta del popular Ignacio Cosidó, que repitió casi literalmente la que formuló el miércoles pasado sobre la compatibilidad de cargos. Rubalcaba aprovechó para concederse algo de autobombo con los logros de Interior en tráfico, delincuencia, inmigración y lucha antiterrorista.

Por último, el vicepresidente tercero y ministro de Política Territorial y Administración Pública, Manuel Chaves, gozó de una sesión de baño y masaje parlamentario al responder a dos preguntas alejadas del calvario de los escándalos políticos y familiares de los últimos meses.

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