La campaña se hace cosmopolita en el último momento

  • Ha sido inevitable mirar al discurso de Obama al mundo islámico, sobre todo después de que Pajín mostrara su convencimiento de que el tándem Obama-Zapatero será un acontecimiento histórico.

Después de tantos días quejándonos de que no se hablaba de la UE en la campaña -salvo el día del Barça- ahora, al final, hemos pasado de los asuntos nacionales a los planetarios, saltándonos otra vez a Europa. Trajes, vídeos, aviones, el aborto, el Barça, aviones, la gripe, debates, aviones, escoltas, la crisis, aviones... se cumplen 14 días de la campaña electoral para las elecciones europeas, que empezaron con una encuesta del CIS que daba empate a 23 escaños entre los dos grandes y termina con ventaja para el PP en la mayoría de las encuestas.

Este jueves ha sido inevitable mirar de reojo al discurso de Obama al mundo islámico desde la universidad de El Cairo, sobre todo después de que ayer la secretaria de Organización del PSOE, Leire Pajín, mostrara su convencimiento de que el tándem Obama-Zapatero -España presidirá la UE a partir de enero- será un acontecimiento histórico que tendrá repercusiones en todo el planeta.

Esas declaraciones le han valido comentarios de todo tipo por parte de dirigentes del PP y medios de comunicación, y la dirigente socialista ha tenido que admitir que "hubo una frase que sonó exagerada". "Esta nación merece algo más que Pajines, Blancos y Aidos", ha dicho Rajoy en Ciudad Real, ya que el presidente del PP se ha servido del entusiasmo de Pajín para pedir a los electores que acaben con un Gobierno que sólo sabe hacer frases o eslóganes "en ocasiones haciendo el ridículo".

La presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, también ha criticado a Pajín, de quien ha dicho que "se ha pasado diecisiete pueblos hablando de la noticia planetaria", aunque ha querido echar un cable a su rival política al admitir excesos generalizados en campaña electoral. "Todos, y yo la primera, decimos cosas que a lo mejor un mes antes o un mes después no diríamos", ha reconocido.

Y es que otro de los comentarios de esta última parte de la campaña es que ha sido la peor de toda la historia de la democracia. Mariano Rajoy no cree que esté siendo ni más áspera ni más dura que otras y eso que el PP andaba indignado con las palabras de José Blanco sobre la seguridad de Aznar. Ese asunto, que ayer monopolizó el debate, parece haberse casi disuelto una vez que Zapatero se desmarcó y que el Ministerio del Interior asumió la responsabilidad y mandó callar.

Hemos sabido que el comunicado del departamento de Rubalcaba, que muchos interpretaron como un tirón de orejas a Blanco, era en realidad una "nota compartida redactada conjuntamente", según el vicesecretario general del PSOE, que debe ser un poco masoquista. Ya puestos, José Blanco ha tratado de echarle una mano a la número tres del PSOE y ha dicho que a muchos les sienta mal la sintonía entre Zapatero y Obama. Esta claro que, como Leire Pajín, el ministro de Fomento confía absolutamente a Zapatero, ya que ha vaticinado que este partido se va a decidir en el último minuto y de penalti. "Creo que el penalti lo va a marcar Zapatero", ha subrayado.

Ese resultado tan ajustado es el que reflejan las encuestas, si no una victoria más amplia del PP; pero nadie se fía. Por ejemplo, Rajoy, quien en un acto electoral en Albacete -de esos en que la gente propone el tema y el líder político hace un chascarrillo- ha querido asegurarse de que el entusiasmo que despierta en sus mítines se refleje luego en votos, por lo que ha pedido que la gente pase por caja, o mejor dicho por las urnas y "catacló, catacló, votos".

De eso, de buscar votos, han acusado los alcaldes barceloneses de CiU e ICV a Zapatero y su visita a la capital catalana y por eso le han plantado. El presidente del Gobierno se ha reunido finalmente con los suyos y ha expresado su respeto a los demás, pese a que haya tenido que escuchar cosas como que su visita a Cataluña recordaba "a las épocas de Franco", según el candidato de CiU Ramón Tremosa, que se quejaba de que el presidente del Gobierno hubiera ignorado a la Generalitat.

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