La chistera de Zapatero

ANTE una oposición que velaba armas para vapulearle en el Debate del estado de la Nación, Zapatero sorprendió a todos con un discurso inicial repleto de nuevas medidas económicas. Además, en este arranque, redujo la retahíla de 91 medidas adoptadas por su Gobierno hasta la fecha a varias parrafadas (dos folios escasos), aconsejado -es de suponer- por sus asesores y por los malos resultados cosechados.

En las réplicas a Rajoy no estuvo tan disperso y evitó adentrarse en los montes de Úbeda. E, impregnado posiblemente por un ambiente preelectoral nada favorable por mucho que diga el CIS, se olvidó del talante y estuvo algo faltón con el presidente del Partido Popular, a quien sacudió de lo lindo recordándole que se ha especializado en perder elecciones.

En cualquier caso, las once iniciativas que anunció Zapatero para poner a España en la senda de "un nuevo modelo de crecimiento económico sostenible" cogieron con el pie cambiado al líder de la oposición, que fue incapaz de contrarrestarlas y de responder con alternativas a la avalancha de propuestas novedosas que protagonizó el presidente del Gobierno. Eso sí, el popular enseñó desde la tribuna el documento que contiene su plan, pero no lo explicó como merecía la ocasión.

Rajoy pareció apabullado no ya con el conejo que sacó Zapatero en la Cámara baja sino con la conejera económica que liberó ofertando, entre otras medidas, un Fondo de Financiación para la Economía Sostenible de 20.000 millones de euros, un Fondo de Inversión Local de 5.000 millones, la supresión de la desgravación por hipoteca para las rentas más altas, la equiparación del tratamiento fiscal del alquiler y la compra, la mejora de beneficios fiscales para los propietarios de vivienda que las destinen al alquiler, y la reducción de cinco puntos del Impuesto de Sociedades a las empresas durante tres años siempre que hayan mantenido o mejorado su plantilla media en 2009 respecto a 2008.

Y eso que las medidas de Zapatero contenían claroscuros y contradicciones que, vistas globalmente, tenían mucho de cuadratura del círculo con nuevas inversiones, nuevas mejoras fiscales, otro alarde de austeridad de 1.000 millones de euros (hay que sumarle 1.500 millones de recorte ya comprometido) y mucho de voluntarismo para alcanzar acuerdos con otras administraciones como partes de un sudoku irresoluble.

Ante este flanco que dejaba el presidente del Gobierno, Rajoy se limitó a repetir el mismo argumentario machacón de las últimas sesiones de control al Gobierno, con los cuatro millones de parados como principal ariete (repitió frases textuales de su discurso del pasado 10 de febrero), y dejó una perla atribuyendo a los diputados socialistas un analfabetismo que, en cualquier caso, siempre sería funcional.

Pero, sobre todo, desperdició una oportunidad de oro para presentar en sede parlamentaria una alternativa económica a un Gobierno que no ha sabido frenar el alarmante crecimiento del paro durante el último año.

El líder de la oposición sólo recuperó la iniciativa en su última intervención. Ahí, casi como despedida, puso el dedo en la llaga sobre la supresión de la desgravación por hipoteca, que, con buen tino, calificó como una agresión en toda regla a la clase media de más de 24.000 euros que, tal como está la cosa, no puede situarse entre las rentas más altas.

La victoria de Rajoy en este asalto sólo le sirvió para perder por puntos un Debate del estado de la Nación que debió ganar por KO económico. Zapatero salió airoso del enésimo cuerpo a cuerpo con el presidente del PP en una situación extrema. Esta contienda no quita que los populares puedan aún ganar las próximas elecciones europeas y que los socialistas muerdan la semana que viene, en las resoluciones, el polvo de la soledad parlamentaria que viven enredados con una geometría variable que amenaza con elecciones generales anticipadas.

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