El compromiso de Felipe

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POCAS semanas después de que José Luis Rodríguez Zapatero ganara las elecciones generales de 2004, le pregunté a Felipe González que cómo veía el regreso del PSOE a Moncloa. Ataviado con delantal y mientras freía pijotas y acedías en la cocina de su casa de Castellar de la Frontera (Cádiz), me respondió adoptando el papel de espectador ante la nueva etapa del socialismo democrático español en el poder: "Entre los que no sabían que tenían que marcharse y entre los que no sabían que tenían que entrar, un lío". Sin embargo, al poco, me preguntó él con una media sonrisa: "¿Qué te ha parecido la carta que le enviamos a Aznar?" Se refería a la misiva que le remitió el presidente electo al presidente en funciones cuando éste le preguntó sobre el destino de las tropas españolas en Iraq. Cuento esta anécdota porque creo que refleja de forma fidedigna el papel que González ha desempeñado en el PSOE desde 2000: a veces distanciándose -en la primera legislatura de Zapatero, sobre todo- y a veces implicándose -en la segunda, cuando el leonés emprendió la senda de las reformas-.

Con Alfredo Pérez Rubalcaba, conocido entre los zapateristas como aquel que nos dijeron nuestros mayores que pusiéramos, va a implicarse más si cabe.

En la entrevista que le hizo ayer Carles Francino en la Cadena Ser se puso a la entera disposición del próximo candidato socialista. No descartaría que el compromiso de González con Pérez Rubalcaba le llevara a aceptar secundarlo en la lista electoral de Madrid, a anunciar su disposición a formar parte de su primer Gobierno -por ejemplo, como ministro de Asuntos Exteriores- o a volcarse en una Andalucía donde los socialistas están perdiendo el norte. El tiempo dirá hasta dónde está dispuesto a echarle una mano a quien considera el político español en activo con más capacidad para sacar a España de la crisis -según el ex presidente, así piensan también en Europa-, y a quien, tras el paréntesis de Rodríguez Zapatero, le tocará devolver al PSOE a las zonas más templadas del socialismo democrático, lejos del adanismo y el aventurerismo político de los últimos once años.

Por lo pronto, ayer le dio una clase teórica pública sobre lo que debería hacer para derrotar al PP. "Rubalcaba -dijo González- tiene que decir la verdad con toda claridad: hay que ganar competitividad y hacer las reformas pendientes, aumentar la productividad por hora de trabajo; el salario tiene que estar ligado en parte a la productividad; también hay que incrementar el I+D; conozco a Rubalcaba y sé que apoyará la Sanidad pública. En Educación, es de los que más saben en este país y en Europa". En fin, decir la verdad es la base de la receta que González le ofreció a Pérez Rubalcaba para esta doble misión imposible que tiene por delante: distanciarse de ZP y derrotar a Rajoy.

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