Una faenita complicada

  • López Aguilar aceptó como a regañadientes el encargo de comandar la lista europea y luego se volcó en una campaña "pedagógica", en la que primaron las distancias cortas

La ingrata misión del número uno de la candidatura europea del Partido Socialista se reduce sobre el papel a impulsar la formación de una improbable mayoría de izquierdas en el Parlamento Europeo pero lo que realmente cuenta es que sea capaz de salvar los muebles ante los bríos del caballo ganador del PP, al que todas las encuestas le sonríen. Un nuevo desafío para Juan Fernando López Aguilar (Las Palmas, 10-VI-1961), cuya candidatura debe apechugar con los momentos más lúgubres de la era Zapatero.

Durante las dos semanas de campaña electoral ha recorrido más de 15.000 kilómetros, con una agenda de aúpa: dos actos diarios, entrevistas, reuniones con agentes sociales... Lástima que tras tanto esfuerzo vaya a ser un simple convidado de piedra en las lecturas de los resultados electorales, pues los pulgares se elevarán o descenderán sobre Zapatero Rajoy, verdaderos destinatarios del mensaje que dejen hoy las urnas.

Y no debió hacerle demasiada gracia la decisión de que comandara la candidatura europea. "Zapatero nunca le ha dado a nadie el puesto que exactamente quería, a todos nos ha hecho alguna faenita", admitió públicamente hace un mes, cuando ya había tenido tiempo de digerir el encargo.

Dicho esto, prometió dejarse la piel en la faenita, un eslabón más que no será el último en la carrera de ese alumno aplicado al que los ultras llamaban el "guanche rojo" en sus tiempos de estudiante en la Universidad de Granada. Allí se licenció en Derecho y en la Complutense lo hizo en Ciencias Políticas y Sociología. Doctor en Jurisprudencia por la Universidad de Bolonia, máster en Derecho y Relaciones Internacionales por la Universidad de Boston, catedrático de Derecho Constitucional, autor de nueve libros... Zapatero entregó al ilustre jurista la cartera del Ministerio de Justicia, que llevó desde abril de 2004 hasta febrero de 2007. Ahí está el punto de inflexión, cuando debe coger los bártulos y poner rumbo a su tierra, como candidato a la Presidencia del Gobierno autonómico. Fue el más votado pero la alianza entre PP y Coalición canaria le desterró a la oposición. En esa campaña electoral se consigna el único patinazo de entidad que se le recuerda, cuando un asesor vaguete le sacó los colores y tuvo que pedir disculpas públicamente por haber llevado a su programa electoral iniciativas plagiadas del que había llevado Ciutadans al Parlamento catalán el año anterior.

Y ahora, en un camino sólo apto para todoterrenos, de Canarias a Estrasburgo. Para ganarse al electorado no ha dudado en sacar partido a su condición de novato frente al experimentado número uno de la lista europea del PP. Con Jaime Mayor Oreja comparte la condición de ex ministro y punto. Su mensaje estelar y recurrente es el de presentar a la opción popular como la del pasado, la del candidato rancio que apuesta por un modelo de familia en el que "la mujer guarda obediencia al marido", como dijo en el segundo de los cara a cara que mantuvieron en campaña. Se trata de elegir entre la Europa del desarrollo sostenible y la del capitalismo salvaje, entre el futuro y la resignación. Y tiene muy claro que la derecha propone cargar sobre los más débiles el peso de la recuperación económica y el decidido propósito de sacar tajada de la crisis.

Todo eso se lo dijo a la cara a Mayor Oreja ante las cámaras de televisión, unos debates que no quedarán precisamente registrados entre sus momentos gloriosos. La esfinge popular se empleó a fondo en evidenciar la bisoñez de López Aguilar en la construcción europea y siempre dio la sensación de controlar mucho mejor datos y fechas de los avatares que se han sucedido en la Eurocámara. "Mientras nos jugábamos la vida por la democracia, usted aprendía a tocar la guitarra", le espetó Mayor Oreja con aire suficiente rememorando su dilatada etapa en el País Vasco y sin que el canario lograra afinar una buena réplica al displicente comentario sobre sus aficiones musicales. Como si tocar la guitarra no fuera un arte como cualquier otro, que dirían los hijos, como él, del rock and roll.

Hiperactivo, rápido, capaz de lanzar el córner y rematarlo, se ha esforzado en concienciar a la parroquia sobre la trascendencia de los comicios y en plantar cara a la legión de euroescépticos. Trabajar para superar la crisis, un plan de acción energética para la UE, un acuerdo global para seguir reduciendo las emisiones de C02, un gran pacto por el agua y el mantenimiento de una política agraria común son algunos de los pilares de su programa, que también apunta contra los paraísos fiscales y aboga por la universalización de la educación pública preescolar en toda la UE y el impulso de una directiva sobre igualdad de trato por razón de origen racial o étnico.

"Se ha centrado mucho en los asuntos europeos, la campaña ha sido muy pedagógica", afirman en su entorno, que destaca su talante "cercano" y el carácter innovador de sus actos electorales, en los que las intervenciones de los oradores fueron breves para que ganara peso el debate con los asistentes.

Pese a las antipáticas encuestas, no se le pasa por la cabeza recibir menos votos que Mayor Oreja, una hipótesis que sólo vislumbra en caso de "incomparecencia de la izquierda" ante las urnas.

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