Con el miedo en el cuerpo

EL miedo es libre y por ello imprevisible, tanto que aparece cuando menos se le espera e incluso sin haber sido invitado o siquiera barruntado su acto de presencia. Ayer lo padecieron miles de personas al asistir atónitas a un lanzamiento de piedras contra el propio tejado de los ilusos que confían -confiamos- en que el fenómeno del 15-M sea algo más que una pueril ilusión.

Qué miedo daba pensar que los desmanes que se estaban viviendo ante el Parlamento catalán y las agresiones físicas y verbales a los representantes del pueblo recibieran algún tipo de bendición de los portavoces del difuso movimiento. Qué miedo pensar que esos ingeniosos eslóganes que se acunaron en la Puerta del Sol y en decenas de ciudades -me gustas cuando votas porque estás como ausente; sin vivienda no hay viviendo; rebeldes sin casa; más educación, menos corrupción; apaga la tele y enciende tu mente; ni cara A ni cara B, queremos cambiar de disco; pienso, luego estorbo, y tal y tal- acabaran de costaleros de la violencia indecente que sufrieron ayer los diputados elegidos a resultas del recuento de los tres, repito, tres millones y pico (3.135.764) de papeletas de los ciudadanos que pasaron por las urnas el pasado 28 de noviembre en Cataluña. Qué miedo que al cabo de un mes, esa rutilante ilusión colectiva que se generó en la Puerta del Sol volviera al kilómetro cero y que la acampada lúdica se fuera por el sumidero del cerco a las instituciones y el matonismo. Qué miedo dar argumentos a la caverna para que siga banalizando el clímax de rebeldía ante la arrogancia de ese sistema débil con el fuerte y fuerte con el débil. Qué miedo que los tontos ilustrados se pasen de listos y de que siendo -sin duda- más tontos que los tontos ignorantes, se salgan con la suya y todas esas expectativas que se alimentan al calor de la bisoña -pero de carne y hueso- enmienda a la totalidad a las injusticias del sistema se diluyan entre insultos y diputados acojonados en furgones policiales.

Afortunadamente, la mayoría de indignados estuvieron ayer a la altura de las circunstancias y no tardaron en llegar las condenas de la violencia. No. Los antisistema no deben tener vela en este entierro.

También lo pasó ayer mal el coordinador general de IU, Cayo Lara, que fue increpado y hasta golpeado por sumarse a una protesta de indignados en Madrid contra el desahucio de una familia. Un portavoz del 15-M alegó el "miedo" a que partidos o sindicatos intenten "manipular" el movimiento, "un miedo -añadió- que a veces se transforma en agresividad". Sin comentarios.

A todo esto, el Congreso rechazó el lunes una moción del BNG para regular la dación -la cancelación de la deuda con el banco al entregar las llaves de la casa por no poder pagar la hipoteca- con el voto en contra del PSOE y la abstención del PP, CiU y PNV. Ellos sabrán: se lo pueden agradecer las 15.000 familias que se quedaron en la calle el primer trimestre del año. ¡Qué miedo!

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