La Crónica

El canto puro de la guitarra de Pepe Romero

  • El guitarrista ofreció una velada inolvidable en el Patio de los Arrayanes con un concierto en el que interpretó la música inmortal de Ángel Barrios

La música de Ángel Barrios y el latido de la Alhambra se acompasaron anoche en el recital de Pepe Romero. Por algo el maestro granadino componía a un paso de donde ayer sonaba su obra, en la casa familiar, ahora convertida por deseo de su hija Ángela en un museo con el nombre del compositor granadino. Cuando la música de Barrios suena todo adquiere un tono especial, las notas parecen  surgir de las paredes, de las fuentes, de los jardines y estanques, flotar en el aire y quedar suspendidas como si fuera lo más fácil del mundo, ahí está el genio.

 Pepe Romero interpretó con toda su intensidad y romanticismo Arroyos de la Alhambra con sus dos movimientos, Evocación y Tonadilla. Según explicó Ángela Barrios, presente ayer en el concierto, su padre compuso esta pieza cuando ya estaba ciego. "Su alumno Corrales, que transcribía a la partitura le decía, otra más, maestro, componga otra más, para que se animara. Mi padre las compuso para la editorial de Tárrega como piezas fáciles, sencillas, a las que no daba ninguna importancia".  Esta "sencillez" demuestra lo que Manuel de Falla siempre confesaba. "Si yo tuviera la inspiración que tiene Angel Barrios sería el mejor músico del mundo". 

Un acierto programar esta obra del maestro Barrios, que no sólo es un gran compositor sino que fue embajador de Granada. Diego Martínez está cumpliendo su promesa de que todos los años se tocará música del maestro en el Festival.  Muchos de los mejores músicos de la época vinieron a nuestra ciudad gracias a Angel Barrios, y entre ellos Falla. Se conocieron en Madrid y Barrios quiso que Falla viniera a Granada, hasta el punto de que las primeras casas donde vivió el músico de Cádiz pertenecían a la familia Barrios. Además, Falla fue el padrino de su hija Angela y la preparó para su Primera Comunión. Aquí se contagió de la magia y el flamenco, una relación maravillosa de amistad y generosidad que duró hasta el fin de las vidas de ambos músicos. 

Todos los autores de quienes ayer interpretó obras el malagueño Pepe Romero tenían relación con Barrios. Albéniz fue gran amigo, lo presentó en el palacio de Buckingham, cuando Barrios tocó ante el rey de Inglaterra,  Eduardo VII. "Mi padre tocó dos veces en Buckingham, Albéniz decía de él que era uno de los mejores músicos", explicó Angela Barrios. También tuvo una estrecha amistad con Joaquín Turina, que se venía a Granada para estar con él. "Y juntos se iban de flamenco con los gitanos, lo pasaban de maravilla". Imágenes de un tiempo que ya pasó pero que  cuando escuchamos hablar de él a todos nos hace soñar. Barrios trajo los ballets de Diáguilev y de aquel tiempo son las famosas fotos de los rusos alrededor de la Fuente de Los Leones. También tenían lugar escenas tan agradables como la que nos relata Angela: "teníamos un periquito llamado Felipe que cada vez que mi padre tocaba se le subía a la guitarra, a mi padre le encantaba y jamás lo quitaba".  Otro espectador importante que anoche no quiso perderse el concierto fue Jaime Peñafiel. Vino desde Madrid a presentar el libro Granada, 1936 que Manuel Ayllón ha escrito sobre Federico García Lorca. Una noche mágica y muy nuestra donde Peñafiel también evocó los recuerdos de la Granada de su niñez.

Una niñez donde seguramente la guitarra española podía sentirse en los patios, escapándose entre el calor, como la mejor compañera, llevándonos directamente al corazón del embrujo, el arte y la sensualidad de nuestra tierra.  Maravilloso y poético recital para el recuerdo.

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