'My father, my lord': Llega la señal televisiva desde Israel

La cuota de cine israelí en el festival -que otros años deparara muy buenos filmes como Avanim u Or- tiene pálida representación en la sección oficial de esta edición. My father, my lord, debut de David Volach, confirma que el realizador conoce de primera mano los daños colaterales de la ultraortodoxia religiosa; no tanto, desde luego, las evoluciones de la puesta en escena -del combate que el creador entabla con espacio y tiempo para hacerlos significativos- que sueña con la posibilidad de, aún, escindir al cine del cajón de sastre audiovisual.

Todo está dicho desde el principio, que informa de una pérdida y del dolor de un padre ante el atril de la sinagoga, y el filme regresa al pasado para llevarnos de la mano hasta sellar el ciclo. La elisión del suspense sólo excita en Volach la idea de preparar parabólicamente la futura desaparición del pequeño Menachem (el cordero que el niño no puede pegar en la escenificación escolar de la narración de Abraham e Isaac; el precepto de la Torah que justifica al padre a expulsar al ave del nido...), subrayando el clima emocional con exceso de violines y lágrimas. Al final sólo se trata de la historia de una negligencia.

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