'The Hollow': La tragedia y lo telúrico pesan como el plomo

En su pase de tarde en el Nervión Plaza, la veterana directora rusa Marina Razbezkhina presentó The Hollow haciendo referencia a la novela corta que le da origen, escrita en 1915 por el poeta Sergei Esenin, y a su posible relación con el espíritu ancestral de la obra de García Lorca. La conexión ruso-lorquiana nos pone sobre la pista de las posibles intenciones y el tono de su segundo largo de ficción tras una larga carrera en el documental: estamos ante uno de esos filmes artísticos y de festival que se camuflan bajo una superficie estético-folclórica culta para caer como el plomo sobre los ojos del espectador más avisado.

Ambientada a comienzos del siglo XX y protagonizada por actores profesionales y campesinos auténticos, la película, como la novela, aspira a trazar un fresco de la vida rural, o sea, de la cosa telúrica, simbólica y profunda, a través de la mirada distante de un personaje, trasunto del propio novelista, que desea escapar del alucinado destino trágico que emana de aquellas tierras para vivir en la gran ciudad.

Aparentemente fiel al espíritu del texto, Razbezhkina deconstruye su relato en retazos y fragmentos, incluso en sueños, da pinceladas de personajes y anécdotas sin apenas psicología, y prefiere centrarse en la descripción minuciosa del paisaje a través de una cámara que se quiere impresionista y atenta al detalle climatológico trascedental. Sin embargo, la dispersión deviene confusión y la atmósfera creada denota demasiado su condición artificial e impostada (un molesto doblaje hace el resto), algo más lamentable todavía conociendo el origen documental de la cineasta. Perdidos entre su simbología sobre la vida y la muerte, y cansados de su preciosismo decorativo, sólo queda aguantar el chaparrón.

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