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La crisis llega a la F-1 en Mónaco

  • Aún quedan entradas a la venta para el Gran Premio del domingo y las tiendas de recuerdos están desiertas, como las lujosas terrazas que cada año se ponen en alquiler y que sólo los bolsillos más pudientes pueden pagar.

Plateada, brillante, carísima, la botella de Remy Martin Louis XIII Black Pearl Magnum hiere la vista y el bolsillo con su sola presencia. Vale 50.000 euros (70.000 dólares), y bien podría decirse que es un buen reflejo de que la crisis también llegó a Mónaco.

El preciado coñac está exhibido en una caja de vidrio en la barra del Bar Americain, uno de los sitios más exclusivos del principado, en el muy noble Hotel de Paris. El líquido, en verdad, se guarda en una caja fuerte del hotel, pero la botella en el bar sirve de reclamo. Un reclamo sin éxito, porque el Remy Martin no se vende. "La tenemos hace ocho meses, y por ahora nadie la compró", admite a dpa uno de los camareros, que como alternativa más "económica" ofrece un Mac Callan 1967 "very rare" a 4.500 euros (6.200 dólares) la botella.

No parecen tiempos para locuras de ese tipo. Ni en Mónaco, ni en la Fórmula 1. El Gran Premio más emblemático, el sitio en el que todos quieren ganar, está de capa caída: sólo se vendieron hasta el viernes un 80 por ciento de las entradas, varias de las terrazas que ricos y famosos alquilaban por decenas de miles de dólares están aún en oferta, y el alquiler de limusinas cayó un 50 por ciento. "Se va a generar entre 20 y 22 por ciento menos de dinero que el año pasado", dijo Michel Boeri, presidente del Automóvil Club de Mónaco y líder del Senado de la Federación Internacional de Automovilismo (FIA). "Hay menos gente que el año pasado, y gastan menos", añade el camarero del Bar Americaine mientras el piano desgrana La chica de Ipanema, un tema que remite a las épocas doradas del principado controlado por la familia Grimaldi.

Pero el declive de Mónaco no ha empezado este año. "Ya en 2008 se veía que no había el ambiente y el encanto de antes. Y creo que, debido a la crisis, este año será peor aún", comentó el alemán Nick Heidfeld, piloto de BMW-Sauber.

Otro alemán, Nico Rosberg, sirve de perfecto parámetro de lo que está sucediendo en Mónaco. Su padre es el finlandés Keke Rosberg, campeón mundial en 1982 y ganador en Mónaco en 1983. El actual piloto de Williams vive en tierra monegasca desde los cuatro años de edad y fue al colegio a escasos metros del circuito en el que el domingo rugirán los motores de 20 pilotos. "Estuve esta semana en el puerto y hay claramente menos barcos que otros años", dice el piloto de 23 años, contradiciendo la opinión de medios locales, que ven al puerto deportivo como el único sitio en el que la crisis no se nota. Allí atracan los yates de los más ricos entre los ricos. Rosberg asegura que en Mónaco se habla mucho de la crisis. "Todos en Mónaco están afectados, probablemente la mayoría de los más ricos aquí perdió enormes cantidades de dinero".

Es cierto que una crisis monegasca poco tiene que ver con la crisis en otros países, que soñarían con sufrir al nivel de la tierra del príncipe Alberto. Pero, en su nivel, implica renuncias para muchos. Las grandes compañías y bancos que en años anteriores alquilaban terrazas con vista al circuito con precios que oscilaban entre los 11.000 y los 190.000 dólares deben ser más discretas en el contexto actual, y por eso muchas renunciaron a exhibirse con gastos que podrían considerarse impúdicos.

Las entradas para el Gran Premio de Mónaco se venden a entre 90 y 500 euros (entre 125 dólares y 700 dólares). Significativamente, el jueves al mediodía aún había más de 2.600 tickets disponibles en la web oficial del evento, algo impensable años atrás. Las tribunas mostraron claros en los entrenamientos libres del jueves, y esa merma de espectadores se está sintiendo en los negocios derivados del Gran Premio.

Lo siente la canadiense Genevieve Blouin, de 26 años, que hace cinco temporadas que viaja por el mundo como encargada de una de las tiendas oficiales de souvenires de Ferrari, el equipo más emblemático y admirado de la Fórmula 1. "En los Grandes Premios en Asia todo está igual, pero al llegar a Europa noté la crisis. En España los espectadores sólo compraban un souvenir y el más barato", dijo Blouin, que también siente que las cosas en Mónaco no son ya como antes.

Pero en la conserjería del Hotel Hermitage, paso obligado de ricos y famosos en Mónaco, sus responsables dicen que nada cambió, que los precios durante el fin de semana de la Fórmula 1 se mantienen como hace 12 meses: 7.900 euros (11.000 dólares) por cuatro noches en una habitación estándar y 17.100 (casi 24.000 dólares) para la suite Jardin. "No hay crisis aquí", insisten en el Hermitage. Un minuto de caminata hasta el Bar Americaine alcanza para ponerlo en duda. Allí, tan codiciada como sola, la botella de Remy Martin Louis XIII Black Pearl Magnum espera comprador para demostrar que en Mónaco hay crisis, pero que también sigue habiendo millonarios de los de antes.

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