Un jubileo repleto de 'glamour'

  • Isabel II ha presidido los últimos actos en honor a sus 60 años en el trono a pesar de la ausencia de su marido, el príncipe Felipe, hospitalizado desde el lunes.

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Sin la presencia de su esposo, el duque de Edimburgo, la reina Isabel II de Inglaterra puso fin ayer a los multitudinarios festejos por su jubileo de diamante con un saludo desde el balcón del palacio de Buckingham ante un abarrotado Mall. La soberana británica, de 86 años, culminaba así cuatro días de multitudinarias celebraciones en todo el Reino Unido para festejar sus seis décadas en el trono.

Más sonriente que el día anterior y entre el afecto popular, la reina presidió un servicio de Acción de Gracias por su jubileo de diamante en la catedral de San Pablo. 2.000 ciudadanos y la familia real inglesa casi al completo asistieron a esta ceremonia religiosa. El gran ausente fue el esposo de la reina, el príncipe Felipe, que el lunes fue hospitalizado por una infección de vejiga y seguirá aún varios días ingresado.

Muchos miles de ingleses se agolparon en el Mall, el paseo que une Buckingham con Whitehall, y no cesaron de vitorear a su reina durante los minutos que duró su saludo pese a la ligera lluvia, que finalmente no impidió la celebración de un desfile aéreo de las Fuerzas Aéreas Británicas. La reina también presidió una procesión en carroza por el centro de Londres, en la que estuvo sentada al lado de la duquesa de Cornualles y el príncipe Carlos, a falta de su marido.

El colofón a estos cuatro días de festejos multitudinarios se llevó a cabo desde el balcón del palacio de Buckingham, desde el que la reina saludó a la multitud de ciudadanos que, a esa hora, tuvieron que sacar los paraguas y cantaron en varias ocasiones el himno Dios salve a la Reina.

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