"No suelen reconocerme cuando voy por la calle"

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Sonríe y ríe constantemente, y eso es señal de muchas cosas. De que está relajada en la conversación, por un lado, y de que, sobre todo, ha alcanzado ese reconfortante equilibrio espiritual que todos anhelamos. Eso sin perder el gusanillo que a Mónica Naranjo le provoca, el lunes que viene, su primera incursión en el mundo del flamenco de la mano de su amiga Marina Heredia quien, a su vez, participará en Lubna, la ópera rock que la pantera de Figueras prepara para finales de año.

-¿Cómo será su colaboración en este espectáculo?

-¡Ay! ¡Marina que me lía! (risas). Además, al flamenco hay que ayudarlo porque tiene pocos apoyos. Bueno, la cultura, en general, está cada vez menos amparada. Y respecto a lo que haré, será un tema a dúo con parte del repertorio de Bambino.

-¿Nerviosa?

-Mucho. Yo me pongo nerviosa con todo lo que tenga relación con mi profesión. Pensaba que sería algo que iría disminuyendo pero no. Al contrario. Va en aumento.

-Su madre es sevillana, su padre de Málaga y su familia de Granada… ¡Algo de andaluza tendrá!, ¿no?

-El genio (risas). En mi familia llevaban los pantalones las mujeres. Lo que pasa es que nosotras hemos desarrollado el talento para que ellos crean que son los que dominan la situación...

-La noto en los últimos tiempos como muy liberada… ¿Es así?

-Los artistas no debiéramos estar sujetos a nada y, después de veinte años en este negocio, ya me tocaba un poco de aire fresco. Decidí plantearme mi carrera de forma más independiente y me siento bien de esta forma. Hay que ser fiel a uno mismo y, cuando eres dueño de tu destino, tienes más ilusión por hacer las cosas.

-Tiene entre manos su ópera-rock, Lubna, vuelve a la tele, sus conciertos… ¿Es una reina Midas de la música?

-No, no. Tengo un público que me quiere mucho pero no convierto en oro todo lo que toco. Además, no me gustan las responsabilidades porque, en otro ámbito, terminan matando a los líderes. Pasamos momentos difíciles. Yo tengo un hijo de 20 años y en mi hogar debe imperar el positivismo. Cuesta lo mismo y, al final, somos lo que pensamos. Sea como sea, me levanto y tengo que trabajar como persona normal que soy. ¿Tan difícil es de entender eso? Me he criado en una familia humilde. Mi padre es albañil y sigue ejerciendo. ¿Crees que tengo más mérito que él? Lo único es que he podido conciliar lo laboral con lo vocacional. Y, por otro lado, ¿qué es el éxito? Va cogido de la mano del poder y, el poder, corrompe. A mí me encanta hacer de maruja de la casa.

-Ya que ha mencionado a su hijo, ¿no le dan ganas de darle un hermanito?

-¡Imposible! (risas) ¿Cómo voy a amar a alguien más? Y, por otro lado, él me quiere para él solo lo que no impide que sea madre de familia numerosa pues, aparte, tengo seis perros y tres gatos.

-Antes de terminar, y a propósito del spot que acaba de protagonizar… ¿Tiene algo de naranja y de limón?

-De Naranjo el apellido (risas). Y de limón pregúntale a mi hijo cuando le doy las negativas… (risas).

-Habrá tenido un subidón de popularidad seguro con el anuncio, ¿verdad?

-Sí pero la gente no suele reconocerme cuando voy por la calle. Lo mismo alguien que sea buen fisonomista se acerca con educación pero no mucho más.

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