"En la Alhambra ha habido lágrimas, mucha pastilla de ansiedad y sufrimiento"

  • Eduardo y Javier son 2 de los 40 trabajadores absueltos en el caso del fraude de entradas

  • Rememoran sus 13 años como investigados

"El 31 de diciembre del año 2004 hubo una huelga de trabajadores y se cerró la Alhambra. La movilización no era para pedir más salario o días de vacaciones, sino para beneficio del monumento. Se pedía un aumento de la plantilla, que hubiese más personal al servicio del turista. Sin embargo, este fue un hecho por el que la entonces directora del Patronato de la Alhambra, María del Mar Villafranca, juró venganza, algo que jamás nos perdonó". Eduardo R.B., uno de los peones del monumento, sostiene que aquel fue el desencadenante del conocido como caso Alhambra, una investigación judicial por fraude en las entradas que ha durado casi 13 años. Él forma parte de las casi 40 personas que han quedado absueltas en la reciente sentencia de la Audiencia Provincial de Granada.

El dictamen judicial reconoce que entre los años 2002 y 2005 existió una "trama continuada" y "urdida" entre agentes turísticos y empleados de la Alhambra para favorecer a determinadas personas y obtener "un enriquecimiento ilícito" por medio del acceso fraudulento al monumento de grupos organizados. Sin embargo, las condenas no parecen corresponder con esa descripción de los hechos, ya que solo 10 de los 50 acusados han sido declarados culpables y se les han impuesto una condena casi simbólicas. Respecto a las decenas de empleados de la Alhambra que se sentaron en el banquillo, la culpa ha recaído solo sobre sus oficiales superiores.

El estigma no nos lo quita nadie, pero tenemos la cabeza muy alta. Somos inocentes"

Otro de los trabajadores absueltos es Javier R.G., un peón que según Eduardo "pasaba por allí y también lo metieron en todo esto", ya que en su caso es un trabajador eventual del monumento. "En la época que supuestamente se cometió el fraude solo trabajé unos días", explicó en una entrevista que ha concedido a Granada Hoy, después de unas semanas posteriores a la sentencia cargadas de reflexión sobre los últimos años vividos.

El 28 de diciembre del 2005, día en que estalló públicamente este asunto, fue para estos trabajadores una "inocentada", que desembocó en una "época de tensión y nervios". Conforme fueron pasando los días, el proceso iba en aumento con la imputación de nuevos empleados. Una época que según relata Eduardo se vivió "con una incertidumbre terrible" hasta el día que llegó su citación, algo que "fue de sorpresa absoluta en sentido negativo. En ese momento, te entra un sudor frío y te preguntas, pero bueno ¿qué he hecho yo para estar aquí?".

El inicio del caso acaparó la atención de los medios de comunicación, algo que se ha quedado muy gravado en la mente de estos trabajadores anónimos hasta aquel día. Según explicó Javier "nos íbamos enterando por la prensa de todo lo que ocurría, porque primero salía publicado y luego llegaban las citaciones judiciales". "Los compañeros miraban todos los días el periódico a ver si salían o no sus iniciales. La gente lloraba a lágrima partida. En ese momento lo único que querían era morirse. El lexatín era como los chicles de menta en el bolsillo. Incluso hubo intentos de suicidio, gente metida en cama totalmente fuera de sí y drogados con pastillas..." rememora Eduardo, que resume aquellos meses como "un auténtico drama".

"En la Alhambra ha habido lágrimas, mucha pastilla para la ansiedad y sufrimiento", una situación que según Javier, "hemos aguantado con la única tranquilidad de que no hemos hecho nada". Pese a ello, "la incertidumbre" es algo que los ha acompañado hasta ahora y que incluso generó "algunas tiranteces entre los mismos compañeros".

La prensa jugó un papel fundamental para estos trabajadores, o al menos así lo consideran ellos, porque "cuando parecía que se calmaba la cosa, salía otra noticia en los medios y vuelta a empezar. Creen que se les hizo un "flaco favor" con la repercusión pública, porque siempre se vieron reflejados en las noticias como culpables de antemano: "No encontrarás a nadie que trabaje en la Alhambra que te diga lo contrario. Lo tenemos clarísimo. Hemos sido culpables sin realmente serlo, siempre llevando ese estigma".

Mensajes de amigos, preguntas de familiares... Así se convirtió el día a día de estos trabajadores, para quienes "al ser todo tan mediático, nos hemos visto obligados a ir justificándonos en todo nuestro círculo. Todos preguntaban y tú tenías que decirle que no has hecho nada". Incluso fueron preguntados por los visitantes del monumento. Según Javier, "cuando a lo mejor alguien ha tenido un problema para entrar, nos ha dicho que somos unos ladrones". Frases como "qué pandilla de ladrones hay aquí" o "claro, como yo no pago como otros..." han ido acompañando a estos trabajadores a lo largo de estos trece años, en los que han tenido que aguantar "carros y carretas".

Ahora, tras la sentencia, la tranquilidad ha comenzado a recuperarse entre ellos. Sin embargo consideran que aún no se ha terminado el guión de esta "película". "No sabemos si esto puede seguir porque si recurren se alargará con todo lo que eso conlleva", desde el punto de visto económico también. Para Eduardo esto ha sido "una hipoteca de 13 años porque durante este tiempo hemos tenido que pagarnos un abogado, lo que ha supuesto quitarnos medio sueldo cada año".

Pese a ello, el aspecto económico es "lo que menos nos duele, ya que lo que más se ha dañado es nuestra dignidad", insisten estos trabajadores absueltos. Ellos confiesan que el estigma no se lo quita nadie, "pero aún así tenemos la cabeza muy alta, porque el saberse inocente da fuerza para todo". Del mismo modo confían en la inocencia de sus compañeros, a los que "continuarán apoyando", porque como quiso resumir Javier a través de una frase que llevaba escrita para no olvidar, "los que están no son, sino que son los que no están". Parafraseaba así, en sentido contrario, la última intervención del fiscal del caso en aquel largo juicio celebrado en 2016.

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