pasado con presente incluido

Ángel díaz solCuando 'El Gordo' cayó en Granada

  • Vino de Madrid como profesor de Biología y llegó a ser el mandamás en el primigenio PSOE de Granada

  • Ha estado 20 años de diputado, 4 de senador y 9 como presidente del Puerto de Motril

  • Con 71 años, vive en Salobreña totalmente apartado de la política activa

Todo sonreído y acicalado, viene hacia mí con la firmeza y decisión de alguien que se va a encontrar con un viejo conocido. Su estrechón de manos es vigoroso y su apariencia es la de siempre: un hombre amplio y corpulento con aspecto de valido que durante muchos años estuvo al tanto de todo lo que se cocía en el poder. No le molesta en absoluto que le llamen 'El Gordo' porque hasta de esa manera le llaman sus hijos. Su fisonomía concuerda adecuadamente con su carácter abierto y siempre predispuesto para la risa. Tiene, en fin, ese atractivo sigiloso del que entiende el pasado como una forma de apego frente a las erosiones de estos tiempos. Se llama Ángel Díaz Sol y durante casi dos décadas de socialismo granadino fue un todoterreno que se adaptaba a cualquier desnivel del camino. Además de secretario general del PSOE en la provincia, fue diputado, senador y se jubiló como presidente del Autoridad Portuaria de Motril. Ahora, con 71 años, vive en Salobreña y gasta su tiempo de 'jubilata', como le gusta llamarse, en ir al mercado, cocinar y emprender de vez en cuando algún viajecillo con la parienta. Tiene cuatro nietos y a dos de ellos los ve de vez en cuando por el 'skipe' porque viven en Ginebra. Normal.

"Yo era el que mandaba en todo ese tinglado, así que mi poder era enorme"

Desde Madrid

El encuentro es en la cafetería Picasso de Salobreña. Hay otra cerca que se llama Goya, y es que los salobreñeros deben tener apego a los pintores. Está lloviendo a mares y el segundo apellido del entrevistado parece una incongruencia ambiental, incoherencia que se dulcifica en el interior del local con un café caliente y un croissant pasado por el tostador. Díaz Sol llega con sombrero de fieltro y cazadora a modo de media gabardina. Acude puntual a la cita y me advierte antes de empezar que dentro de hora y media tiene consulta en el Centro de Salud. Suficiente, le digo. Los primeros compases de la conversación son para intentar recordar el tiempo que ha pasado sin habernos visto. Me dice que tiene ya 72 años. Luego corrige y dice que son 71 y que en junio cumplirá los 72. "Es que tengo propensión a ponerme años. Cuando cumplí cuarenta y nueve celebré los cincuenta porque creí que tenía un año más", dice con esa sonrisa franca que le caracteriza.

Ángel Díaz Sol nació en Madrid en 1946 y estudió Biología en la Complutense de Madrid. En la Universidad se activó su inconformismo y militó en la oposición al franquismo desde el Sindicato de Estudiantes Universitario y de un grupo escindido del FRAP que se separó cuando esta organización revolucionaria abandonó el debate ideológico para pasar a acciones más contundentes. Fue la época en que el joven licenciado intentaba adelgazar corriendo delante de los grises. Precisamente invertimos las primeras risas de la cita en recordar ese 'tuit' que se ha hecho viral sobre los que se manifestaban en 1968 y los pensionistas que se están manifestando en 2018: ¡Son los mismos! A los 21 años viene a Granada y comienza a trabajar de profesor de Biológicas y luego en el Departamento de Citogenética de la Facultad de Medicina. En 1974 se afilia a UGT y un año después al PSOE. Granada comienza a ser un hervidero de personas afectas a la libertad y a la ciudad de la Alhambra viene Gregorio Peces Barba, del ala cristiana del socialismo, para hablar con el joven Daniel Maldonado, fallecido el pasado domingo, para organizar el PSOE en la provincia. "Daniel fue una persona integradora que no soportaba la injusticia social. Ha sido una pena su pérdida", dice. Díaz Sol fue el líder de la integración del Clínico en el Servicio Andaluz de Salud y se puso al frente de los penenes (Profesores No Numerarios) que reivindicaban su derecho a un salario igual al de los titulares. Él y su primera mujer, Mariló García Cotarelo, formaron una pareja clave en el socialismo granadino. Él desde el sindicato y ella desde una concejalía que se impuso como reto reactivar la Cultura en Granada, tantos años oscurecida por la desidia del poder. Ángel Díaz Sol no entró como diputado en las Constituyentes, pero sí en la segunda legislatura. Y como diputado estuvo hasta la sexta convocatoria. Veinte años en total. Sus actividades parlamentarias se centraron en distintas áreas, de las que destacan los trabajos en las comisiones parlamentarias de Universidades, del Defensor del Pueblo y Política Social y de Empleo (presidente durante ocho años). Fue ponente en los trabajos sobre el proyecto de ley regulador del régimen jurídico de organismos modificados genéticamente y para la proposición de ley de declaración del Parque Nacional de Sierra Nevada. Precisamente como diputado que promovía que Sierra Nevada fuera declarada Parque Nacional, tuvo uno de los percances más grotescos y ridículos que se recuerdan de la Transición: fue a explicar a Güéjar Sierra el alcance del proyecto de ley y estuvo prácticamente secuestrado durante unas horas por los vecinos, que lo insultaron y golpearon porque creían que aquel proyecto de ley iba contra sus intereses. "Aquello fue tremendo. Me pegaron, me rompieron la ropa y me querían tirar por un barranco. La verdad es que temí por mi vida. Pude salir de allí porque me obligaron a firmar un documento que me comprometía a retirar del parlamento el proyecto de ley del Parque Nacional de la cabecera del Genil. Luego, por supuesto, fui al Juzgado a denunciar los hechos".

Díaz Sol, de alguna manera, también estuvo 'secuestrado' en el Parlamento cuando aquel famoso intento de golpe de Estado del 23-F. Pero esa ya es otra historia.

El 'cacique'

Como secretario general del PSOE acumuló todo el poder político en la provincia. "Teníamos casi 15.000 afiliados y montamos agrupaciones locales en casi todos los pueblos. Y yo era el que mandaba en todo ese tinglado, así que mi poder era enorme, como el de un cacique", dice con otra muestra de su campechana sonrisa, a la vez que me aconseja que ponga la palabra cacique entre comillas. Faltaría más.

Después de su paso por el Senado, donde estuvo cuatro años, Díaz Sol recuperó su plaza en la Facultad de Medicina. "Pero solo estuve unos meses. Me di cuenta que hasta los auxiliares sabían más que yo. Consideré un despropósito seguir cobrando de algo en lo que me había quedado totalmente apartado. No estaba al nivel que requería el puesto. Entonces llamé al partido y pregunté si había un puesto vacante en algún sitio. Fue entonces cuando me propusieron la presidencia del Autoridad Portuaria de Motril". Eso fue en 2005. Nueve años después, se jubiló y se retiró a vivir a Salobreña. "Ser presidente del puerto de Motril ha sido una de las etapas más enriquecedoras de mi vida a nivel a político, profesional y personal. Yo creo que le hemos dado dignidad a nuestro puerto. Hubo un momento de bajón cuando la crisis del ladrillo que hizo que cayera la actividad, pero luego se suplió con la incorporación de nuevas mercancías como aerogeneradores, biomasa o contenedores".

Ángel Díaz tiene la voz grave y con rotundas inflexiones granadinas seguramente acumuladas en tantos años de vivir entre nosotros. Los encuentros con él siempre suponen una lección entre irónica y nostálgica. Dice que todo era más ilusionante y prometedor cuando se luchaba en la clandestinidad y en aquellos años en los que había una libertad que conquistar. "Ahora la gente ya no cree en los políticos. Sus discursos ya no llegan a las personas. De ahí la desilusión general que hay hoy con la política".

Afirma que, a pesar de seguir afiliado y tener algún que otro cargo en el partido, ya no participa en las cuestiones que allí se debaten. "Lo veo todo desde muy lejos. Además, estoy muy enfadado con la izquierda porque se ha dejado comer el terreno. En estos últimos años se han ido deteriorando muchas iniciativas públicas que ya se habían conseguido".

Hablando con él se tiene la sensación de que se ha ido decepcionando de la política activa y que ya no tiene mucho que ver con un país asolado por plagas consecutivas de advenedizos y corruptos. También ha dejado de colaborar en la tertulia política de Radio Salobreña, pero porque se agota en sus explicaciones. "Es que he fumado mucho", se justifica. Ahora le ilusiona encontrar un buen cabracho en el mercado para hacer un pastel y de estar pendiente de cuando es el Festival de Jazz de San Sebastián para ir a alguna de sus sesiones. Como debe ser.

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