Azaña en Granada

  • Acompañado por el ingeniero Santa Cruz recibió al gremio de limpiabotas y a los alcaldes de Monachil y Güejar Sierra

  • Dio una conferencia en el Ateneo presidido por Hermenegildo Lanz

Verdadera hazaña la ajetreada visita del presidente del Gobierno Manuel Azaña a Granada en noviembre de 1931. Y vino muy bien para la promoción turística de la zona porque toda la prensa nacional se hizo eco de su estancia en Sierra Nevada. El día 22 amaneció en el Hotel Alhambra Palace y mientras su esposa Dolores visitaba las Angustias, el presidente soportaba otros dolores y otras angustias propias del apretado protocolo: la recepción en el hall del hotel de centenares de personalidades que allí acudieron a mostrarle sus respetos más o menos sinceros. Nombres y apellidos de ilustres granadinos cuya evolución política posterior nos hace sonreír. (La verdadera Historia de Granada está por escribir, pero para ello hace falta presupuesto, independencia y verdaderos historiadores, claro).

Acompañado por el ingeniero y diputado socialista Juan José Santa Cruz salió para Sierra Nevada la caravana de quince coches en la que, además de los políticos, militares y representantes de la prensa, iban esposas, hijas y hasta cuñados. La primera parada obligatoria tuvo que ser en El Blanqueo, porque allí esperaba un grupo de obreros de Quéntar con ánimo de saludar al presidente y solicitar mejoras en las comunicaciones. Nueva parada en Pinos Genil donde los obreros de La Fraternidad aplaudieron con entusiasmo. Tras varias paradas en los espectaculares miradores del itinerario llegó la caravana al collado de La Sabinilla, siendo obsequiada con vino y pastas en el albergue de Obras Públicas; se encaminaron luego hacia los Peñones de San Francisco donde les esperaba una nutrida representación de Monachil que de nuevo obsequiaron a la comitiva con dulces y vino del país. Allí acudieron los montañeros de solera; la Sección Deportiva de la organización de estudiantes F.U.E. (Federación Universitaria Escolar) y las Sociedades Sierra Nevada, Alpinista y Club Penibético. Tras el almuerzo en la Sierra y pasadas ya las tres de la tarde, Azaña recibió a representantes de Güejar Sierra y al gremio de limpiabotas con cuyos modestos trabajadores conversó largamente y hasta se hizo unas fotos de familia mientras hacía la digestión.

Tenía más de 50 años. Y aún le quedaban fuerzas porque de regreso a Granada, después de almorzar en el hotel de la Sierra, tuvo que visitar el Generalife, la Casa de los Tiros, donde fue recibido por el director Gallego Burín, y, sobre las cinco de la tarde, el Ateneo Científico, Literario y Artístico, situado en la Gran Vía y presidido por Hermenegildo Lanz.

Era Azaña escritor de reconocido prestigio y desde junio de 1930 presidente del Ateneo de Madrid, unos años antes, en 1926, había recibido el Premio Nacional de Literatura, pronunció por ello una muy sentida conferencia ensalzando la labor de los Ateneos ante nombres tan significativos de la Granada del momento y tan cercanos al azañismo: Cocha García Lorca, el presidente de la Diputación Virgilio Castilla, el concejal Polanco, el rector Pareja Yébenes, García Labella, etc. y en respuesta a las palabras de recibimiento que le hiciera Hermenegildo Lanz, tras lo cual de nuevo subió al hotel Palace, banquete ofrecido por el alcalde Francisco Menoyo y salida desde la estación de Andaluces rumbo a Madrid, luego de ser despedido por el regimiento de Infantería nº 2 mientras la banda tocaba el Himno de Riego y la gente aplaudía al grito de ¡Viva la República! pero las mejoras en las comunicaciones que aquellos pedían aún las esperamos.

Si ajetreado fue aquel meteórico viaje a Granada, mucho más ajetreada sería luego su trayectoria política hasta que en mayo de 1936 fuera elegido Presidente de la República. Lo que pasó después en España es mejor que lo cuenten los que dicen saber de eso. Hay muchos y cada uno lo cuenta a su manera.

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