Granada

Aznalcóllar: del desastre a la esperanza en veinte años

  • La zona afectada por el vertido se ha regenerado casi por completo dos décadas después de la rotura de la balsa de la mina

  • La Junta ha gastado 163 millones de euros y sigue reclamando 89 a Boliden

Un puente de madera sobre el río Guadiamar en la zona de las Doblas, en Sanlúcar la Mayor. Un puente de madera sobre el río Guadiamar en la zona de las Doblas, en Sanlúcar la Mayor.

Un puente de madera sobre el río Guadiamar en la zona de las Doblas, en Sanlúcar la Mayor. / reportaje gráfico: antonio pizarro

La provincia de Sevilla tuvo su particular desastre del 98, cien años después de la pérdida de Cuba y Filipinas. La madrugada del 25 de abril de 1998, la balsa de la mina de Aznalcóllar se rompió, vertiendo al río Guadiamar toneladas de residuos tóxicos que llegaron a Doñana. Fue la catástrofe ecológica más importante de España. Las fotos de los peces muertos en el río dieron la vuelta al mundo. Hoy, veinte años después, el Guadiamar está muy limpio. Algunos científicos apuntan que quedan residuos tóxicos, pero es difícil apreciarlo en un paseo por las riveras. El corredor verde es utilizado a diario por senderistas, ciclistas y turistas, y la zona se ha regenerado casi del todo. En algunos puntos se echa en falta un mayor cuidado de paneles explicativos, merenderos y embarcaderos. Sólo quedan algunas pequeñas explanadas en las que no crece nada, posiblemente por la presencia de algunos residuos tóxicos en el suelo.

A unos metros del centro de visitantes del Guadiamar, en Aznalcázar, en el área recreativa de Buitrago, se pueden ver las marcas de la altura a la que llegó la riada tóxica. Están pintadas con rayas blancas en unos olmos. Los lodos contaminados se expandieron por todo el valle. La operación de limpieza se ha completado con éxito y el resto lo ha puesto la naturaleza, que ha crecido con fuerza en los alrededores del río. "Muy cerca de estos olmos hay un jardín botánico muy interesante y hoy he podido ver un pájaro carpintero", dice Isaac Camino, que fue guía de la zona durante un tiempo y explicaba las dimensiones de la catástrofe a los visitantes. La reforestación ha permitido conectar la Sierra Norte y las marismas de Doñana a través del corredor verde del Guadiamar. "A los niños les explico que es como una carretera natural para unir estos dos ecosistemas", añade el guía, que se indigna cuando ve una silla de oficina arrojada al río.

El vertido llegó hasta el Quema. Aquel año las hermandades del Rocío no pudieron cruzar el vado. Este año lo harán dentro de tres semanas y ya se han celebrado las primeras reuniones para preparar el plan Romero. En Sanlúcar la Mayor, en la zona de las Doblas, también se aprecia la regeneración. Un precioso puente de madera cruza el Guadiamar, más limpio que aguas abajo. La Junta ha invertido más de 163 millones de euros en la recuperación de toda la zona. Veinte años después, el Gobierno andaluz sigue reclamando 89 millones a la multinacional sueca Boliden, causante del desastre.

El pueblo de Aznalcóllar se llevó la peor parte, y una leyenda negra que todavía acompaña al pueblo. El desastre provocó el cierre de la mina y con él la pérdida de la principal actividad económica del municipio. La rotura de la balsa ha perseguido a los habitantes de Aznalcóllar desde entonces. En el pueblo viven muchos mineros, pero cuesta sacarles algo. Eulogio Durán estaba trabajando la noche aquella. "Yo me enteré en el pueblo. La gente comentaba que se había roto la balsa. Se le dio mucho bombo. Creo que no fue para tanto, a la vista está cómo ha quedado la zona".

Los vecinos están esperanzados con la reapertura de la mina, pero creen que el proceso va demasiado lento y no terminan de ver clara l reapertura. Aznalcóllar tiene casi 800 desempleados, de una población que apenas supera los 6.000 habitantes. En sus balcones cuelgan banderas de una efeméride mucho más feliz que la del desastre: el 75 aniversario de la Virgen del Rosario.

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