Campeonas de los 3.000 metros

  • Un grupo selectivo del amplio 'pelotón' de plantas de Sierra Nevada, es capaz de sobrevivir a la 'escalada' y permanecer en las zonas más alta de las montañas, en las condiciones más duras

Sierra Nevada es el núcleo central y la parte más elevada de todas las Cordilleras Béticas. Del conjunto del macizo nevadense, que ocupa unas 200.000 hectáreas aproximadamente, algo más del 1% (unas 2.260 hectáreas) están situadas por encima de los 3.000 metros. La línea de los tres miles va desde el Caballo (3.011), la cima más occidental y más al sur, hasta el Picón de Jérez (3.088), el más al norte y más oriental de todos los que superan esta cota. En el centro de este área se encuentran las cimas más altas de todo el macizo, Veleta (3.396), Mulhacén (3.479) y Alcazaba (3.369).

También se incluyen varias lagunas por encima de los tres mil metros: Laguna del Corral del Veleta (3.086), Aguas Verdes (3.056), La Caldera (3.028), Río Seco (3.023-2.995) y Laguna Altera -Siete Lagunas- (3.050 metros). Toda esta zona tiene una base geológica de rocas metamórficas, las más antiguas de la Sierra, en las que abundan esquistos y cuarcitas.

De las cerca de 2.500 plantas presentes en Sierra Nevada, apenas un centenar ha conseguido colonizar sus cotas más elevadas, gracias al desarrollo de estrategias que le permiten sobrevivir a las duras condiciones de la vida en las altas cumbres mediterráneas. Pertenecen a familias vegetales muy diferentes que han llegado a soluciones a los mismos problemas de supervivencia por distintas vías evolutivas.

Esta vegetación singular se corresponde con el piso bioclimático más alto de toda la región biogeográfica mediterránea que se denomina crioromediterráneo, (el prefijo griego crio significa frío intenso, congelación), y está dominado por la fisonomía del pastizal de alta montaña conoci do como psicroxerófilo (de frío + sequía). Es la vegetación más original y característica de Sierra Nevada y alberga buena parte de los endemismos nevadenses. En general a esta altitud el 50% de las plantas que nos encontramos son exclusivas de Sierra Nevada, porcentaje de endemicidad que asciende hasta el 80% en roquedos y cascajares.

La alta montaña presenta unas condiciones muy adversas para el desarrollo de las plantas, ya que el periodo vegetativo es muy corto por la permanencia de la nieve durante buena parte del año. Además en la época más benigna tienen que soportar una radiación solar elevada, fuertes vientos, oscilaciones térmicas muy amplias o la sequía estival. Las plantas han debido adaptarse a este medio hostil con unas raíces muy desarrolladas para captar agua y nutrientes de manera eficaz. Son frecuentes los órganos de reserva subterráneos (rizomas, tubérculos, bulbos). Las plantas anuales son muy raras. En muchas especies la parte aérea desaparece y quedan las yemas a ras del suelo, cubiertas por la parte seca que las protegen de las bajas temperaturas. Otras adaptaciones son la presencia de pelos blanquecinos a manera de aislante térmico y para atenuar la radiación solar. Las flores suelen ser grandes en proporción al tamaño diminuto de muchas plantas para atraer a los polinizadores que pululan por las cumbres, o bien pequeñas y poco llamativas, las adaptadas a la polinización anemófila.

En suelos un poco desarrollados dominan las gramíneas vivaces y plantas de pequeño porte (nanocaméfitos y hemicriptófitos). En determinados hábitats como las laderas soleadas, los canchales móviles o los roquedos se establecen comunidades vegetales con adaptaciones específicas.

Toda el área por encima de la cota 3.000 está incluida en el Parque Nacional, (salvo una pequeñísima parte de la estación de esquí en la falda del picacho del Veleta), y además está clasificada como zona núcleo de la Reserva de la Biosfera de Sierra Nevada, por lo que goza del máximo grado de protección. Está prohibida la recolección de cualquier planta o de partes de ella.

La alta montaña ha sido denominada tundra alpina por su similitud con la original tundra, la ártica. El término deriva del finés tunturi, aunque nos ha llegado a través del ruso y del lapón, y representa una llanura sin árboles, tierra infértil. En ocasiones se ha resaltado la similitud entre ambas, disponer de un periodo vegetativo corto por la presencia de nieve, pero hay que hacer constar también las enormes diferencias. En el invierno ártico existe una noche continua y en verano un día permanente por lo que las oscilaciones térmicas diarias son muy pequeñas, especialmente en los días claros.

En Sierra Nevada, por el contrario estas oscilaciones son muy acusadas con una intensa radiación diurna que en todo caso es muy débil en latitudes septentrionales, donde los rayos solares son casi paralelos a la superficie. Por otro lado, en la tundra ártica el suelo se encuentra helado hasta la superficie la mayor parte del año y solamente se deshiela, en verano, la capa superficial.

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