Comedores con ALMA

  • Más de 400 personas acuden a diario a por un plato de comida a los diferentes comedores sociales· Las visitas crecen sin parar y los recursos se ven desbordados

Corren malos tiempos para vivir al raso. Hacer de las calles, de los portales o de los cajeros de entidades bancarias un refugio improvisado donde, simplemente, estar ya no es tan fácil. A veces, se da la cruda coincidencia de vivir una época de crisis en la que el trabajo escasea, las listas del paro crecen y todo está más complicado, con el que surjan normativas (como la Ordenanza de la Convivencia) que no permite utilizar la vía pública como poco más que una vía de paso. Es entonces, cuando en centros como los comedores sociales de la ciudad se comienzan a ver caras nuevas. Diferentes. Caras que nunca se habían visto en esta situación y que están haciendo de este tipo de recurso social su flotador para sobrevivir en una marea que azota fuerte. El Comedor Social de San Juan de Dios es un espejo real.

Las puertas de este comedor se abren cada día -excepto los sábados- desde hace 23 años y en 2009 es la primera vez que, debido al incremento de visitas, no sé puede repetir el primer plato. Parece un pequeño detalle pero esconde una gran importancia. El hermano Julio Galbrán cuenta que de repartir 100 almuerzos de media se ha pasado a entregar cerca de 250 almuerzos. Una cifra que ha hecho a los responsables plantearse cosas que antes eran implanteables. "Nuestra intención es que todo aquel que venga tenga su plato de comida, pero nosotros también nos vemos desbordados en muchas ocasiones", comenta el hermano. Las colas para comer en San Juan de Dios se forman una hora antes de que se abra el comedor (12:50 horas).

En la fila, ahora, se puede ver de todo. El perfil de los ciudadanos que acuden a comer ha cambiado. "Tenemos nuestros fijos de toda la vida, un pequeño grupo de mayores granadinos que llevan viniendo toda la vida. A estos se le sumaron primero los grupos de inmigrantes marroquíes y afroamericanos. Después llegaron los rumanos y, ahora, comienzan a verse latinoamericanos y familias en las que el desempleo ha golpeado duro", detalla Galbrán.

Para ellos, el trasiego diario en el comedor es un indicador del devenir de la sociedad. "Por ejemplo, hace unos meses comenzaron a llegar muchos trabajadores extranjeros que estaban empleados en la construcción y que quedaron en paro. Ahora, por ejemplo, también vienen mimos y artistas que tienen más complicado ganarse un sueldo en la calle".

El incremento de este servicio no es sólo algo que está experimentando el centro de San Juan de Dios. El comedor del Regina Mundi también ha visto como crecen el número de visitas a su sede y, por eso, los responsables de estos servicios consideran que sería necesario un refuerzo de este tipo de centros en Granada. O en tal caso, más ayuda.

Ayuda de todo tipo porque mantener un comedor social no es sencillo. En el caso de San Juan de Dios, se cuenta con la inestimable ayuda de un nutrido grupo de 40 voluntarios que se encarga a diario de tener preparado el salón. Antonio Ontiveros es uno de los más veteranos, "llevo nada más ni nada menos que 12 años de voluntario y 6, encargado del comedor". Su misión, preparar las mesas para cuando lleguen los comensales. "Sus jarras de aguas, sus servilletas, sus postres, las bandejas... tiene que estar todo preparado y organizado para cuando comiencen a llegar", relata. Y es, aproximadamente, a la una del medio día cuando el salón que antes había preparado Antonio comienza a llenarse de gente. Hoy toca cocido (sin cerdo), salchichas de pollo con patatas y flan, todo elaborado por el equipo de cocina del Hospital.

Al calor de un plato de comida los 'sin techo' charlan o no, se miran entre ellos o no, se ríen e, incluso, a veces hasta discuten. "Esta es su casa durante la hora del almuerzo". En realidad, como si de su hogar se tratara, entran sin necesidad ni de pagar nada ni de presentar ningún tipo de documento (ni siquiera el DNI) y se marchan, a veces, sin decir adiós. En cualquier caso, como si fuera su casa, disponen de un par de aseos en los que dos veces por semana pueden ducharse; tienen a su disposición un gabinete de atención bucodental y de curas y un departamento de asistencia social con una especialista que les puede ayudar en lo que necesitan. "Aunque no muchos acuden a ella", apunta el hermano con una sonrisa. El por qué podría ser eterno. "Unos porque no quieren, otros porque no les interesa, hay quien pasa de todo... y también hay los que piden ayuda", señala Galbrán.

En este caso, las ayudas también crecen. El Ayuntamiento destinó el año pasado 291.261 euros para este tipo de prestaciones y la previsión para este año asciende cerca de los 400.000 euros. El área de Bienestar Social es la encargada de elaborar el programa de recursos para los más necesitados. Familias desestructuradas, parados, asistencia a domicilio, ayuda para el alquiler, ticket para comidas o bonos para dormir en diferentes centros, son algunos de los servicios que pueden utilizar los más de 1.500 'sin techo' que andan sin rumbo en la ciudad y que se prevé que aumenten en un futuro.

El hermano de San Juan de Dios a la pregunta de si cree que el aumento de visitas cesará algún día no sabe qué responder. "Espero y confío que sí... eso significará algo bueno, pero no lo sé", dice. Mientras los futuribles llegan en el comedor de San Juan de Dios, siguen trabajando. Cocinando, organizando y pensando ya en el menú de Navidad. Es en fechas como esas cuando todos, los que preparan la comida y los que se la comen, se dan cuenta de que los platos, a veces, no sólo alimentan al estómago.

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