Conflictos y fallos administrativos centran las quejas universitarias

  • La Defensora presentó ayer su memoria anual ante el claustro, en la que plantea, entre otros asuntos, la importancia de conseguir un buen ambiente de trabajo

A la Oficina de la Defensora Universitaria llegaron el año pasado 105 quejas formales. Allí buscaron amparo alumnos, profesores y trabajadores de administración y servicios ante situaciones que consideraban injustas o que vulneraban sus derechos. Los conflictos internos y las descalificaciones son algunos de los motivos de estas quejas, sobre todo en el caso de los profesores, aunque también fallos o carencias administrativas protagonizan bastantes reclamaciones de la comunidad universitaria. La Defensora, Purificación Fenoll, presentó su memoria anual en el Claustro celebrado ayer, en el que también se aprobó la distinción como Doctor Honoris Causa para José Vida Soria, Bernard Vincent y Jean Mawhin.

Un 72 por ciento de las quejas recibidas fueron estimadas, según recoge la memoria, mientras que en el 26 por ciento de los casos se consideró que el demandante no tenía razón y en un 8 se concluyó que de algún modo las dos partes implicadas tenían algunos argumentos a su favor. En su análisis, la responsable de esta institución señala que un 30 por ciento de las quejas que tramitó en 2007 se referían a temas relacionados con la docencia y un 21 a los servicios o las infraestructuras.

La Defensora Universitaria, que junto a los expedientes tramitados, atendió además 160 consultas electrónicas, aprovechó para hacer una reflexión en la que puso el acento sobre la importancia de "aprender a convivir mejor" y advirtió sobre la necesidad de impedir que la carga burocrática haga a la Universidad "víctima de su propio éxito", así como del riesgo de la excesiva dependencia del reconocimiento externo. "El verdadero fin de la actividad universitaria no es el elogio o reconocimiento de los demás, sino la puesta de nuestro trabajo al servicio de la sociedad a la que nos debemos", apuntó la Defensora, que alertó que "el ritmo vertiginoso" no debe dar lugar a una Universidad "volcada en la promoción y olvidada de la vocación".

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