Detrás de los farolillos y las casetas

  • En el recinto ferial hay efectivos de Policía Nacional, Policía Local, Bomberos, Protección Civil y Cruz Roja · Agentes y voluntarios pasan toda la semana vigilando que no haya problemas en el Corpus

Mientras unos se divierten... siempre hay otros que trabajan. En cualquier fiesta, además de la música, las luces, el alcohol e incluso los camareros, son imprescindibles todos aquellos que velan por mantener la seguridad e intervenir en el caso de que esta se vea perturbada. Detrás de los farolillos y las luces, donde casi nadie los ve, descansan funcionarios y voluntarios que pasan la semana de Corpus en el albero para garantizar que los feriantes puedan pasarlo bien. Cinco casetas con equipamientos muy diferentes a las que se pueden ver en el resto del recinto dan cobijo a los efectivos de Policía Local, Cruz Roja, Policía Nacional, Bomberos y Protección Civil, que por unos días trasladan su base de operaciones al lugar donde más se mueve la ciudad.

Nicolás Martín, director provincial de socorro y emergencia desde 1997, explica cómo es el día a día de los voluntarios de Cruz Roja que pasan cada jornada por el ferial. Allí se preparan para atender cualquier incidencia sociosanitaria. Para ello, apunta Martín, es imprescindible la coordinación con el resto de cuerpos de seguridad que se alojan junto a ellos esta semana. "Estamos conectados permanentemente con Policía Nacional, Local, Protección Civil y Bomberos. Si hay algún incidente y requieren de nuestra ayuda nos dan aviso". Botiquín, material de farmacia, una sala de reposo, otra de curas así como un lugar para su descanso forman un espacio adaptado para una atención rápida.

En la puerta cuentan con dos ambulancias preparadas para salir en cualquier momento y un vehículo de apoyo para los voluntarios. Las noches del vienes y el sábado habrá una ambulancia más por la previsión de un aumento de afluencia de público.

Cada turno de doce horas cuenta con entre 20 y 25 voluntarios, algunos están allí varios días otros sólo una jornada. Rafael Rodríguez conoce bien lo que se cuece en las semanas de feria, lleva veinte años subiendo al ferial con el mismo uniforme. Rodríguez explica que las mañanas son el momento más tranquilo, "hasta el mediodía las principales curas son a los cocineros que están trabajando en las casetas", explica. A partir de las cuatro de la tarde el panorama empieza a cambiar y de los cortes y quemaduras se pasa a las lipotimias provocadas por el intenso calor. Cuando los rayos de sol se van y las luces se encienden los que llegan a la sala habilitada de Cruz Roja casi siempre han bebido demasiado, es el turno de las intoxicaciones etílicas. "Nosotros vemos la feria desde el otro lado", apostilla.

La otra cara la dan Verónica Mengual de 28 años y Alicia Puerto de 21, para las dos es su primer día como voluntarias y ambas quieren enfocar su futuro laboral en el terreno sanitario. "La verdad es que nos está gustando la experiencia, es muy distinta la feria desde aquí pero merece la pena", explican las jóvenes, que han cambiado el traje de flamenca por el chaleco reflectante.

La bajada de afluencia de público que ya se comenta entre los caseteros también la han notado en la seguridad. El director provincial de socorro y emergencia apuntaba que las incidencias se han reducido considerablemente en esta edición del Corpus. En concreto, el viernes llevaban atendidas menos de 150; en otros Corpus la cifra podría casi doblarse. No obstante señala también que la conciencia social también ha podido influir.

Sea porque los feriantes son más cívicos o porque simplemente son menos, lo cierto es que desde la Policía Local también se hace referencia a esa sensación de Corpus tranquilo. Un total de 791 agentes han velado por la seguridad de los que trabajan y los que disfrutan de la feria durante la semana. Evitar peleas o controlar la seguridad de las atracciones forman parte de su servicio, que también pasa 24 horas en el recinto ferial.

Los últimos en llegar son los voluntarios de Protección Civil que a partir de las siete de la tarde se unen a sus compañeros para tratar de ayudar a que todo se mantenga tranquilo.

Los otros trajes del ferial no llevan lunares ni volantes pero verlos pasear por el albero tranquiliza a los que quieren pasar una semana de fiesta.

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