Enrique Padial evoca los Corpus de su infancia para arrancar la feria

  • El pintor, elegido para abrir el Corpus 2011, dijo ante políticos y medios que criticaría al presidente del Granada CF aunque al final la única modificación del discurso fue un recuerdo para su amigo Díaz Berbel.

Mucho más light y ampuloso de lo esperado por las declaraciones previas fue como resultó ayer el pregón del Corpus que ofreció el pintor Enrique Padial, por lo menos para los periodistas. Pasadas la una del mediodía, Padial tomaba la palabra como pregonero de la Feria de 2011 con un discurso que tenía una parte de poesía, otra reivindicación y largo repaso de anécdotas por las que transitó de la nostalgia al humor. Pero nada de las críticas que había anunciado horas antes ante los medios de comunicación durante el concurso de carocas y quintillas de Plaza Bib-Rambla.

A las once de la mañana, el pintor, al ser preguntado por los medios de comunicación, pronunció los típicos agradecimientos y las muestras de satisfacción por el honor que suponía el encargo: "Tengo mucho orgullo de ser el pregonero y estoy muy agradecido a la actual corporación municipal porque hayan pensado en mí. Voy a hacer un repaso por la memoria y la nostalgia de mis viejos Corpus. Pero voy a dar también un repaso político", anunciaba Padial, adelantando las líneas de su texto, que sería crítico y sin humor, a diferencia de las carocas y como corresponde a una "España en bancarrota".

El pintor resaltaba también la coyuntura reciente en la que se iba a pronunciar este discurso: "Ha coincidido este pregón con la muerte de mi querido Kiki y el ascenso del Granada", y en ese momento soltó la crítica que espabiló las caras somnolientas de los periodistas y dibujó la alarma entre las de los políticos: "Pero sin esa chusma de presidente que tiene. Totalmente chusma. Ayer yo oí cosas en el balcón del Ayuntamiento que son inaceptables". Y, además, aseguraba que así lo manifestaría después. "Desde mi libertad, así lo digo".

Sin embargo, después, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, no se escucharon esas críticas al presidente del Granada CF, que la noche de antes festejaba el triunfo rojiblanco atacando al Elche.

El pregón sí empezó, en cambio, con otras de la modificaciones que había adelantado: unas palabras para recordar la ausencia de Díaz Berbel, que había sido su amigo "desde la infancia".

Casi desde ese mismo momento, el pintor volvió sus ojos a esa Granada que para él es "la Florencia de Andalucía". Una ciudad que es "femenina en esencia -el masculino es Toledo- y está hecha para el amor y para que lo imposible sea posible".

Y, siguiendo con la metáfora, continuó: "Y, por femenina, su alma se funde y confunde con la de sus mujeres, dominadoras de Dragones o Tarascas".

A partir de ahí, el pregonero pasó a evocar sus vivencias infantiles y juveniles en un Corpus en el que "Granada se convierte en un lujo de almas en flor, en paisaje bullanguero de entrecejos despejados", una ciudad en la que "el sonido de las campanas olía a barretas", cuando el gentío estrenaba traje y zapatos en dirección al ferial, "Carrera de la Virgen abajo".

Evocó los puestecillos de garambainas, las llamadas de la cervecería Mar Mascarell "ofreciendo su fría, rubia y espumeante mercancía", y todos los caballetes de madera llenos de chucherías antes de cruzar el "Puente de la Alegría", que terminaba en el Casa Gregorio para pasar a una feria que sonaba a José Luis y su guitarra, a rumbas de Pérez y a boleros de Jorge Sepúlveda. Padial recordó las llamadas de los aguadores y de los primeros besos, "noches de colonias sudadas con lejanas reminiscencias a Varón Dandy" y a Lucky Strike -"que pronunciábamos Luqui triqui"- y noches de mucha fiesta, hasta que sonaba el Trueno Gordo.

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