Ayer y hoy

Granada no apoyó a Ronconi, el Ropones

  • En 1861 fundó en Granada una Escuela de Canto y no tuvo el apoyo oficial. Fue uno de los cantantes más famosos de Europa, componente de La Cuerda, amigo de Alarcón y enamorado de la ciudad

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Se cumplen doscientos años del nacimiento de Ropones. Una vez más la envidia y la incompetencia aburrieron al genio. Quitando a los estudiosos de lo nuestro, pocos lo conocen. Se trata del famoso barítono veneciano Giorgio Ronconi (1812-1890) que se instaló en Granada en 1850 harto ya de recorrer medio mundo y de haber actuado en los mejores teatros de Europa.

Aquí venía después de cada gira buscando descanso y buena compañía. Fue, junto al otro extranjero Pablo 'El Ruso', nudo y mecenas de la tertulia granadina La Cuerda, con el sobrenombre de Ropones. En el precioso rincón junto al Hotel Alhambra Palace, en la minúscula plazoleta dedicada al arquitecto García de Paredes, y sobre el antiguo Carmen de Buenavista, se halla todavía el Carmen de Ronconi.

Mucho se ha escrito de La Cuerda. La formaban artistas y escritores de talante liberal y muy vinculados a la revolución de 1854 (la Vicalvarada). A los tertulianos granadinos se les ocurrió una noche, agarrados por la ropa, colarse entre la gente por el pasillo del Teatro Principal para ver un drama de Gómez Matute, y alguien gritó "¡Ahí va la cuerda!". Y con el nombre se quedaron. La Cuerda, a la que pertenecía entre otros Pedro Antonio de Alarcón, se disolvió cuando muchos se marcharon a Madrid donde fundaron La Colonia Granadina.

Cada tertuliano era un nudo de La Cuerda y cada nudo tenía su apodo. Ronconi, el Ropones, llegó a ser Director de la Ópera de Viena; cantó el Nabuco de Verdi nada menos que en la Scala de Milán; fue el Fígaro en El Barbero de Sevilla (Rossini) y El Duque en Lucrecia Borgia (Donizetti).

Actuaba junto al célebre tenor Tamberlinck, del que dicen hacía el mejor Otelo. Estamos ante una personalidad de la lírica europea que tuvo el capricho de asentarse en Granada y gozar de su hospitalidad, de sus paisajes y de sus amistades; pero también tuvo que soportar lo demás. Aquí actuó; organizó festivales benéficos a favor de los damnificados por el terrible cólera del año 1853; hizo un Nabuco a favor de los soldados granadinos que estaban en África, etc.

En sus continuos viajes contrajo amistades ilustres y a todas les hablaba de Granada; era amigo de Iradier, el autor de la famosa habanera La Paloma por entonces de gran éxito mundial y que él tantas veces cantó en los salones más prestigiosos. En Madrid se codeaba con Pedro Antonio de Alarcón, el cual le dedicó unos sentidos versos:

"…Al alma estéril que agostara el duelo / tú eres, Ronconi, lluvia bendecida / que le das con tus lágrimas la vida / y flores al dolor para consuelo…".

Pero en 1861 decide fundar la Escuela de Canto y Declamación Isabel II para enseñar y formar a los jóvenes valores granadinos, siendo la única en España. Se busca el local en el Convento de Santo Domingo, donde estaba el Liceo; pero prefiere el Teatro Principal. Se presenta oficialmente en una actuación el 15 de febrero del año 62 y todos sus alumnos son muy aplaudidos.

A partir de ahí se le echan encima los tres grandes jinetes del Apocalipsis granadino: la envidia, el empresario mezquino y la autoridad incompetente que niegan el apoyo oficial. Para colmo de males tiene desavenencias con la orquesta y encima termina siendo tachado de especulador.

Ronconi divulgó su desilusión en un folleto lleno de desesperación y resentimiento, cargando las tintas contra algunos elementos indeseables de la ciudad de Granada. A los dos años nos quedamos sin Escuela y sin Ronconi.

Jorge Ronconi fue enterrado en Madrid, junto a Pedro A. de Alarcón. En la tumba quedó este epitafio:

"...De la victoria la plama / alcanzo sobre el prosgenio / y si grande fue su genio / aún más grande fue su alma..."

Convendría aprender del pasado, no sea que de nuevo la envidia y la incompetencia oficial prefieran cambiar el oro por el oropel, aburriendo al genio y aupando al soberbio.

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