Guarderías, un pequeño gran lugar

  • El centro infantil Almanjáyar es uno de los propios que tiene la Junta en Granada

Son las diez de la mañana y en la guardería Almanjáyar hay una actividad ordenadamente frenética. Noventa niños de menos de tres años acuden diariamente a este centro de la Zona Norte, uno de los 14 de la provincia de titularidad de la Junta de Andalucía.

Aunque desde fuera parece más pequeño, nada más entrar el espíritu vuelve a la infancia en un ambiente lleno de color, luz y, sobre todo, muchos juegos.

Los 90 niños entran por la mañana -a las 07:30 si acuden al aula matinal o a las 09:00 si es horario normal-, donde les esperan los 19 trabajadores entre dirección, educadores, técnicos, cocineros, personal de servicio doméstico y la persona de seguridad, José Cortés, el encargado de la puerta y los accesos. Y aquí no hay absentismo.

A las 10:00 horas Manolo el cocinero y Salvador ya están con la comida casi preparada. Porque el centro tiene comedor. "Aquí nada de catering, cocina propia", asegura la directora del centro, Concepción Gallardo.

Mientras, los niños llenan las siete clases más las dos de apoyo con las que cuenta el centro, abierto desde 1989 y con más de 4.000 metros cuadrados de instalaciones.

Tras el desayuno y la fruta de media mañana, se continúan con las actividades diaria, según la edad, claro. Porque las clases están organizadas por edad cronológica, según el mes de nacimiento, para que todos vayan a la par. Así, mientras en la clase de los más pequeños (los que acaban de cumplir el año), María del Carmen Hernández trabaja con siete niñas y tres niños la manipulación de objetos, los sentidos y la coordinación corporal, Pilar Fernández está con sus diez alumnos en la zona de juegos. Son los más mayores de los de un año. Al tiempo, en las clases de los de dos años se trabaja también por grupos de edad y ahí si se nota ya el crecimiento. Las clases tienen sus mesas, hay más actividades e incluso libros. Pilar Hurtado y Mercedes Sánchez los mantienen ya como pequeños alumnos atentos a sus enseñanzas y actividades.

Las clases están adaptadas a sus necesidades. Los más pequeños tienen cunas para la hora del descanso, los más mayorcitos tronas y luego existe una zona con pequeñas hamacas donde toca echar la siesta tras la comida.

También las zonas de aseo y de cambio de pañales están totalmente diferenciadas y con comunicación visual con las clases para tenerlo todo bajo control.

Uno de los momentos más gratificantes para los niños es la hora del recreo. "Están como locos, como este invierno está lloviendo tanto no salen y cuando hace buen tiempo aprovechamos", relata la directora, orgullosa de todo su personal, entre los que están también Magdalena Quijada, de apoyo, María Pérez, Cipriana Poley, Encarnación Garrido y Virtudes Estévez.

Además, aplican programas como el 'Sonrisitas', para fomentar el lavado de dientes, el de lactancia materna, que entrega a las madres que todavía continúen con lactancia unos botes para que se extraigan la leche que luego allí se da a su hijo.

"También tenemos a niños de la prisión. Los traen cada día, no faltan, y son hijos de madres reclusas. Ahora tenemos tres", dice Gallardo, directora del centro desde 2001.

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