El Imfe forma a 450 reclusos y logra que 49 consigan un empleo estable

  • Dos técnicas del Instituto Municipal de Empleo elaboran desde la prisión itinerarios laborales para presos internos, en libertad condicional y con el tercer grado · Este curso instruye a 100 personas

El artículo 25.2 de la Constitución Española que especifica que las penas privativas de libertad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social de los reclusos se hace realidad con 450 presos del Centro Penitenciario de Albolote. Este grupo forma parte de los internos que desde 2004 trabajan por labrarse su futuro laboral para el día que dejen de estar entre rejas. De ellos, 49 ya han conseguido un contrato estable en diferentes empresas y uno de los internos que optó por el autoempleo ya ha montado su propio negocio.

Los datos son parte del resultado del balance de la intervención con personas reclusas que el Ayuntamiento, a través del Imfe, tiene firmado con Instituciones Penitenciarias y que ayer presentó la vicepresidenta del instituto, Marifran Carazo. La edil destacó la importancia que este tipo de actividades ha ido ganando con el tiempo, un hecho que ha motivado que se destinen dos técnicas a la prisión para que, de manera exclusiva, trabajen en su formación.

Conscientes de que la labor de reinserción es lenta y no es sencilla, la concejal, que estuvo acompañada por el director de la prisión, Nahún Álvarez, se mostró muy satisfecha por los resultados. Durante los últimos cuatro años gracias a estos convenios se ha ofrecido orientación laboral de manera individual a 273 reclusos; 43 han participado en cursos formativos específicos; 12 han realizado prácticas profesionales y 177 se han integrado en técnicas laborales grupales. "Por un lado, a todos se les pone en contacto con el mercado del empleo y por otro, se les forma en aquellas materias en las que estén más motivados y más demanda exista", manifestó. Y es que a la dificultad de encontrar un trabajo en estos casos se suma el estigma social de ser un demandante de empleo "recluso" o "ex-recluso".

Las encargadas de elaborar los itinerarios con los presos destacan la complicada labor de sensibilización y concienciación con el mercado empresarial para conseguir que se rompan barreras y contraten a los internos. "Tanto la intermediación con las empresas como el mantenimiento de los empleos en el tiempo son los trabajos más complicados", señalan.

Anualmente las "señoritas", como las llaman ellos, realizan cuatro cursos anuales en los que participan unas 20 personas, además, de otra serie de actividades que logran engancharlos a las clases de formación. "Para aquellos que de primeras no vienen a los cursos tenemos preparados ciclos de cine relacionados con el trabajo, salidas a empresas o a ferias de empleo... actividades que los motiven a tener una ilusión por encontrar un trabajo".

Las trabajadores sociales manifiestan que el perfil medio de los demandantes de empleo del Centro Penitenciario es el varón de unos 35 años y con escasa formación educativa y profesional. De ahí que los sectores más demandados por los reclusos sean los de construcción, hostelería o comercio. Por esta escasa formación, desde el Imfe se han empezado a ofertar clases más específicas de áreas con gran futuro como son los cursos sobre placas solares, de cocina, de informática o de electricidad.

"La idea es que cuando salgan no se encuentren perdidos y puedan afrontar el mercado laboral con valentía y cierta esperanza", explican las expertas. Muchos de los internos que participan en las clases han optado, incluso, por comenzar a estudiar una carrera universitaria o por especializarse dentro del campo que mejor conocen. Asegura que ellos son los primeros que saben que su reinserción social pasa inevitablemente por una inserción laboral.

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