pasado con presente incluido

José Sánchez Faba, un voluntario de la vida

  • José Sánchez Faba ha sido magistrado de la Audiencia de Granada, presidente de la Diputación provincial y presidente nacional de la Cruz Roja Española

  • Tiene 94 años, 8 nietos y 5 biznietos

  • Ha recorrido más de ochenta países y ha hablado en ellos en cuatro idiomas

Con Aldolfo Suárez, el hombre por el que se metió en política. Con Aldolfo Suárez, el hombre por el que se metió en política.

Con Aldolfo Suárez, el hombre por el que se metió en política.

Su mirada tiene una fijeza calmosa y a veces parece estacionada en un lugar y en un tiempo lejano donde debe estar asomándose alguna improbable memoria que nadie puede compartir. Tiene 94 tacos de calendario y cuando su mente, aún clara, sacude el árbol de la remembranza, caen como fruta madura tantos y tantos acontecimientos por los que pasó su vida. José Sánchez Faba me recibe en su piso de Almona del Campillo, donde vive desde hace 50 años. Hace poco tuvo un percance en la rodilla y desde entonces utiliza la silla de ruedas para desplazarse.

Su casa es un museo donde libros, fotos y objetos de los ochentas países que ha visitado, adornan las estanterías, aparadores y paredes en un ambiente que predispone a la añoranza y el recuerdo. "Mira, estos son dagas de casi todos los países africanos en donde estuve cuando era presidente nacional de Cáritas", le dice al periodista cuando se para ante una pared llena de armas blancas. "Y esa foto cuando el rey don Juan Carlos me impuso la medalla al mérito militar por mi labor en Cáritas", dice señalándome una fotografía del aparador.

José Sánchez Faba es un nonagenario apacible y afectivo. Yo hacía muchos años que no lo veía y lo recordaba como un hombre amplio de cuerpo, con capa y bufanda dirigiéndose a su despacho de la Audiencia o al de la presidencia de la Diputación. Pero con los años su figura ha ido menguando sin afectar para nada su bonhomía, su templanza monástica, su culta inteligencia, su parsimonia de anciano al que aún le gusta reír cuando se acuerda de alguna anécdota graciosa que le pasó en su vida. Usa una voz tenue y con cadencia en los relatos, como si el recuento de los más triviales episodios de su vida tuviesen algo de confidencia irrepetible. Y así el periodista que habla con él se entera de que nació en Cartagena en 1923, que se quedó huérfano de padre con ocho años, que su joven madre viuda las pasó canutas para criar a nueve hijos y que por pertenecer a una familia religiosa temieron por su integridad física en una la zona 'roja' en la que les había tocado vivir.

Estudia en los Maristas de su ciudad natal y, finalizada la guerra civil, se marcha a Madrid a estudiar Derecho y Filosofía y Letras. También estudia idiomas porque su primera idea era ingresar en el cuerpo diplomático para ser embajador. Termina Derecho en 1946 y oposita para juez. Ingresa en la Judicatura y es enviado a Vera como juez de primera instancia. Después estuvo en Orihuela y Ceuta. Recala en Granada en 1968 como magistrado de la Audiencia Territorial.

Su primera idea fue ingresar en el cuerpo diplomático para ser embajador Su primera idea fue ingresar en el cuerpo diplomático para ser embajador

Su primera idea fue ingresar en el cuerpo diplomático para ser embajador / .

Fue Antonio Jiménez Blanco el que le propuso ser candidato a la Alcaldía de Granada con la UCD, partido que le gustaba porque había visto en Adolfo Suárez la persona capaz de llevar a cabo la Transición en España. Al final no es candidato pero sí nombrado presidente de la Diputación. Estamos en 1983. En la Diputación, todos lo recuerdan, hizo una ingente labor de acercamiento y ayuda a los pueblos. Cuando su partido sufre el descalabro y se ve abocado a su práctica desaparición, regresa a la carrera como presidente de la Audiencia Provincial de Toledo. Añora Granada, por lo que regresa como presidente de la sala de lo Contencioso Administrativo, en el que se jubila en 1991. No obstante vuelve a actuar como Magistrado suplente designado por el Consejo General del Poder Judicial hasta fines de 1994, en que abandona definitivamente la profesión. Su paso por las aulas de la Facultad de Derecho granadina como profesor es recordado aún con cariño por muchos de sus alumnos.

LABOR DE VOLUNTARIO

Su religiosidad cristiana le ha acompañado toda la vida. Así ya en Orihuela presidió una institución dedicada a recoger niños necesitados. En Ceuta funda Cáritas Diocesana y la HOAC. En Toledo es dirigente de Acción Católica y en Granada preside el patronato de San José Obrero, institución socioapostólica que sostenía comedores para obreros y estudiantes. También funda una asociación para la promoción de barrios marginales, que atiende a reclusos y sus familias. Asume la presidencia de la Plataforma Provincial del Voluntariado de Granada y en 1994 Méndez Asensio le nombra director de Cáritas Diocesana de Granada.

Tres años después la Conferencia Episcopal Española le elige presidente nacional de Cáritas Española. En 1999 recibe el premio Príncipe de Asturias como presidente de dicha institución. Pocos meses después lo deja todo para atender a su esposa, Virginia Aguilar, cuando a ésta se le diagnostica alzheimer. Virginia Aguilar murió el pasado año y desde entonces vive solo en su piso de la calle Almona del Campillo, atendido por una asistenta.

A José Sánchez Faba se le ensancha el rostro y la sonrisa cuando recuerda alguna anécdota de las muchas que atesora su memoria: de cuando tuvo que lidiar como juez novato con un militar corrupto; de cuando lo sentaron en la ceremonia del Príncipe de Asturias al lado de Steffi Graf, que lucía una ostentosa minifalda; de cuando el arrebato al pedirle matrimonio a su primera esposa, María Carrión; o de cuando, de chaval, fue arrestado en un centro de menores por silbar por la calle la marcha real.

TAMBIÉN NOVELISTA

Ahora, a Sánchez Faba, ese hombre, lo veo como un hombre bien nacido que siempre ha tratado de no contradecirse. Por eso tal vez no se le nota demasiado sus muchos años vividos. Me comenta que ha pasado el último año de su vida escribiendo una novela, que ha publicado en edición artesana. Se llama Las flores del cerezo y en ella su alter ego, Fernando Fernández, rememora sus años de pensión en Madrid, cuando era estudiante, y el amor que sintió por una japonesa que conoció en aquellos años. "Es que el corazón de una persona pueden caber muchos amores", dice con sonrisa pícaro.

Su avidez por la vida le ha hecho conocer buena parte de los países del mundo. Ha hablado en cuatro idiomas ("ya no hablo ni el español", dice cuando le cuesta recordar una palabra en nuestra conversación) y ha sufrido mucho cuando ha visto en los países del tercer mundo esas caravanas de tristeza de las que hablaba Machado.

José Sánchez Faba tiene publicados casi cuarenta trabajos de su labor como político, jurista o voluntario social. Dice que siempre ha tratado de ser una persona normal y que se siente ciudadano del mundo primero, español después y al final cartagenero, como no podía ser menos. Se siente voluntario de la vida y afín a resolver las injusticias del mundo. De los tres hijos que tuvo, ha muerto uno. El resto de la familia la componen sus ocho nietos y sus cinco biznietos, de los que habla con admiración y cariño.

Cuando al caer la tarde me despido de él, tengo la sensación de que he estado hablando con una persona ponderada, sutil e inteligente. La sensación de haber pasado un par de horas con un nonagenario satisfecho de haber vivido la vida que ha vivido, como también dijo el poeta.

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