"Lloro hasta con los dibujos animados"

  • Coordinar las máximas instituciones jurídicas de Andalucía fue un reto que no amilanó a esta mujer cuya amabilidad y talante negociador no ocultan su envergadura profesional y fortaleza de carácter

-¿Es ambiciosa?

-Sí, lo reconozco, pero nunca si tengo que dañar a alguien, ahí hay límites muy claros. Profesionalmente me preparé concienzudamente, eso me dio legitimidad para poner mi ambición en marcha.

-Si no fuera de izquierdas, ¿qué sería?

-De izquierdas. No hay otra posibilidad. Mi cabeza siempre piensa en global, aquí no estamos para ir individualmente por la vida. Hemos de ayudarnos unos a otros. Al final, eso es la izquierda: pensar que todos tenemos derecho a educación, a ser libres, a desarrollarnos.

-El 20-E se cumplió el vigésimo aniversario de la conversión de AP en PP. ¿Veinte años no son nada, como dice el tango?

-Sí, son lo mismo, siguen manipulando y engañando. Tienen una pátina de algo que quieren que sea centrismo y, sin embargo, no han cambiado.

-¿Molesta ser un producto de la cuota femenina?

-No tengo complejos. Defiendo la cuota por encima de todo, porque creo que mis hijas han de ver que pueden llegar a cualquier sitio. Yo me preparé para competir con cualquiera y cuando dicen que estoy aquí por la cuota o por ser mujer, le digo que ponga el currículum sobre la mesa y comparemos.

-¿A ver quién lo tiene más largo?

-Casi sí, a veces hay que jugar a ese tópico machista. No me gusta entrar en los patrones masculinos, que ni siquiera son buenos patrones. La mujer que hace política como hombre no me parece que acierte. Las mujeres tenemos que hacer política de otra manera.

-¿Por qué hay más mujeres que hombres en su equipo?

-Me gusta rodearme de mujeres, por eso me sorprenden esas feministas de boquilla en cuyos equipos son todos hombres. Vivo mi feminismo individualmente, pero no me gusta ir diciéndolo, porque a lo que me gusta es actuar. Sí, la mayoría de mi equipo son mujeres, y en todos los niveles.

-Si la monarquía opina de lo nuestro, ¿nosotros empezaremos a opinar de lo suyo?

-Sí. Lo mismo que hay libertad de expresión para ellos la hay para nosotros. Desde luego con respeto, pero se puede opinar de todo y de ellos deberíamos de opinar más de lo que opinamos.

-Como experta en cooperación internacional, ¿por qué se apoya más a Israel que a Palestina?

-Por intereses económicos. Este conflicto es muy complicado. Israel es absolutamente desproporcionada en su reacción. También creo que Hamás no puede forzar la situación para que Israel tenga esa actitud bárbara. Si la iniciativa de Zapatero de la alianza de civilizaciones la hubiera planteado Obama habría sido un acontecimiento, pero como se dijo en España no le dimos importancia. Ahí es donde debería volcarse la comunidad internacional y conseguir que ese conflicto acabe, porque están muriendo muchos inocentes en una lucha basada en intereses económicos y radicalismo religioso.

-¿La 'alianza de civilizaciones' no es como esa declaración de las misses en los concursos cuando dicen que su máximo deseo es la paz mundial?

-Detrás hay bastante más. Las ideas solas no sirven para nada, necesitan apoyo de muchos sectores: económicos, políticos, sociales y parece ser que no lo ha habido. Si esa iniciativa hubiera tenido el apoyo necesario se habría avanzado en este camino que cada vez se ve más complicado.

-Ha hablado de radicalismo religioso, ¿es cristiana?

-Sí, sobre todo por educación, porque me educaron en un colegio religioso. Luego tuve que decidir qué creía. La Iglesia actual es anacrónica y está fuera de la realidad. Este no es el camino que marcó Jesús o por lo menos no tiene nada que ver con lo que hay escrito en los Evangelios. Jesús era socialista y la Iglesia se fue por otro lado.

-¿Jesús podría ser portavoz de la Conferencia Episcopal?

-No, para nada. La Iglesia se ha convertido en otra vía de poder y de ejercer intereses. Hablo de la jerarquía eclesiástica no de toda la Iglesia, conozco misioneros y misioneras que están haciendo un trabajo espectacular.

-¿Qué quiere ser de mayor?

-Algo que me haga feliz, algo que socialmente encuentre que tiene sentido. Ya soy bastante mayor de todas formas, ya he cumplido 41.

-¿Se ve mayor con 41 años?

-Estos años en política me han hecho envejecer pronto, he aprendido cosas que no quería aprender, ver cosas que no quería ver. Todo eso me ha hecho madurar más rápido de la cuenta, hasta me veo más vieja. Porque es una pelea y una lucha dura. La política está muy desprestigiada, se sufre tanto en estos despachos... Veo ataques injustificados y reacciones desproporcionadas ante cosas que considero minucias… Cuando llegué de cooperación internacional, las reclamaciones de aquí me descolocaban, no entendía por qué la gente se crispaba reclamando la rotura de un ordenador cuando yo había visto morir de hambre o de sida dejando a diez pequeños en la calle. Los valores se han movido de modo espectacular hacia el personalismo, hacia el individualismo, hacia el capitalismo más absoluto.

-¿Le ha hecho daño la política?

-Sí, no entiendo la presión cuando se hace un trabajo honesto. Te puede gustar o no, pero el trabajo y el esfuerzo están ahí y la Junta ha hecho una labor en Justicia: duplicar presupuestos, intentar que todo sea digno. Es muy duro gestionar en Justicia y ver la reacción y la presión desproporcionada al esfuerzo de la Junta. Eso me costó entenderlo, luego observé que eran razones de desgaste, casi siempre, por motivos políticos.

-¿Lo ha pasado mal?

-Sí, porque la gente no sabe dónde está. Creen que Granada es el centro del universo y no lo es. No podemos verla aislada de Andalucía. Los medios de Granada tienen que ser los mejores que se puedan pelear, pero no podemos olvidar al resto de Andalucía. Si hablamos de solidaridad hablamos para todos. Soy ambiciosa para Granada, pero no olvidemos el contexto porque hay otros que necesitan más.

-¿La Justicia es el poder máximo?

-No, pero sí hay un problema: la Justicia no ha aprendido a relacionarse con el resto de poderes, sigue siendo un poder que se ve por encima de los otros y tiene que aprender a relacionarse sin confrontar, porque además lo está demandando la ciudadanía.

-¿Volvería a aceptar la Delegación de Justicia?

-¿Después de lo que he vivido? Es una pregunta muy difícil. Aceptaría porque soy mujer de compromisos y de lucha, pero quizá tardaría más en dar el sí sabiendo el camino que he tenido que andar.

-¿Qué significa coordinar la capital judicial de Andalucía?

-La Justicia es muy compleja porque son muchas las instituciones con competencias. Hay muchos 'reyes' en esto, es necesario menos protagonismo de las personas y más de la Justicia. Coordinar aquí en Granada ha sido una oportunidad, y la he aprovechado; he conocido a gente maravillosa. Augusto Méndez de Lugo y Jesús García Calderón me han enseñado mucho sobre qué es esto y cómo va. Coordinar todo eso con los medios, con la provincia, con los decanos de cada uno de los partidos judiciales, con el Colegio de Abogados, con el de Procuradores, con el de Graduados Sociales, con los sindicatos, es un reto duro, pero interesante, y me ha ayudado a conocer la Justicia, ver los pros y los contras de una institución que ha de estar reconocida, porque es fundamental en un Estado de Derecho que la Justicia sea fuerte. No es ágil, es cierto, quizás no es cercana al ciudadano, pero una Justicia fuerte garantiza una democracia.

-¿Los 41 años son esa edad en la que no sabe lo que quiere, pero sí lo que no quiere?

-Totalmente. A esta edad ya no te dejas utilizar. Si eres útil, quieres ser útil, pero con ciertas condiciones. A mi partido no se las pongo, sabe que dispone de mí para lo que necesite, pero donde yo esté he de sentirme útil, no que circunstancial e instrumentalmente encaje en un momento en un determinado sitio. Eso sí lo tengo claro.

-¿Se considera guapa?

-No. Me considero una persona atractiva, porque mi trayectoria me lo ha demostrado. No me avergüenzo, al revés, creo que es un reflejo de mi personalidad.

-¿Se gusta?

-No soy mala conmigo misma. Soy crítica porque hay cosas que me gustaría mejorar, pero sí me valoro en lo que tengo positivo. Sé lo que doy de mí, soy apasionada en lo que hago, pongo mucha dedicación. Me gusta no haberme vuelto mala persona, a pesar de que se te presentan oportunidades para hacerle daño a la gente, he procurado evitarlo siempre.

-Me han dicho que viviendo en Madrid lloraba escuchando 'Granada' de Agustín Lara.

-Cierto. Con la ciudad tengo una relación de amor-odio. Cuando estoy aquí me da rabia que Granada no pelee por lo bueno que tiene, que no avance más, que no sea ambiciosa, que no sea más crítica con esta derecha que se instaló en el Ayuntamiento que lo ha hecho tan pobremente para Granada. Cuando estoy fuera no puedo vivir sin ella. En Madrid unos cantantes de ópera que acababan de interpretar Granada tuvieron que consolarme porque lloraba a lágrima tendida.

-¿Por qué otras cosas llora?

-Por todo, soy muy llorona, no me puedo contener. Lloro en el cine, con la tele, con la música. Lloro hasta con los dibujos animados. Lloro de emoción cuando veo alguna actitud concreta de mis hijos.

-¿Qué lee?

-De todo y según el estado de ánimo. Lo mismo releo la Ética de Aristóteles, que El Código da Vinci porque está de moda. Ahora estoy con Trilogía de Nueva York de Paul Auster y me quiero leer un libro que me ha regalado un gran amigo: La historia de la belleza de Umberto Eco. He intentado leerme el Ulises de Joyce, estoy a la mitad, no lo consigo. Se ve que no soy tan culta y eso que me compré una edición comentada.

-También los grandes especialistas del Ulises van por la mitad.

-Y eso que me obligaba: en los aviones sólo me llevaba el Ulises cuando tenía ocho horas de viaje. Mi libro favorito es Cien años de soledad. Mi padre es quien me recomienda muchos libros.

-¿Qué dice su padre de la crisis?

-Considero a mi padre un ejemplo de empresario, con más de 20 personas en su empresa, que sufre fuertemente los efectos de la crisis y que, sin embargo, me dijo que no va a despedir a ni uno de sus trabajadores. Yo creo que los empresarios han de asumir la función social que les corresponde en estos tiempos, no podemos trasladar al Estado o a las Administraciones toda la responsabilidad para salir de este momento económico, cada uno tiene que dar todo de sí para ayudar a que cambie la situación.

-¿Qué música escucha?

-De todo. El primer disco que me compré fue de los Bee Gees, estaba enamorada de ellos. Luego continué con Supertramp, con Alan Parsons. Estudié solfeo, piano. La música clásica me apasiona, sin embargo para trabajar pongo pop de fondo porque me anima. El flamenco me fascina, Juan Pinilla es uno de mis favoritos. Me gustan AC-DC, Aerosmith, Alaska... Me gusta todo. Si se baila, mejor, porque me encanta bailar, me llena de energía positiva.

-¿El heavy es la ópera de los pobres?

-No lo había pensado nunca, puede que sí. No soy una gran entendida de ópera, pero las que he visto me emocionaron. El heavy es algo muy especial, tiene una parte de reivindicación, una parte de locura que es bueno que tengamos todos, ¿qué seríamos sin una parte de locura?

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