El Malasaña granadino lucha por sobrevivir

  • El barrio de la Magdalena es la zona comercial alternativa por excelencia del centro granadino

G. S. M. / granada

No todo es Recogidas y Mesones, ni todo se vende en los Zaras, Stradivarius y H&Ms que pueblan el centro granadino. El barrio de la Magdalena, estratégicamente situado entre Puentezuelas y la Plaza de Gracia, ofrece una alternativa para aquellos a los que no les importe cambiar los estándares de las franquicias por un diseño diferente y, en muchos casos, personalizado.

Las calles Gracia, Moral de la Magdalena o Verónica de la Magdalena son algunas de la que ofrecen ese comercio alternativo que ha surgido en Granada en los últimos años. Un comercio diferente que apuesta por lo local y que llegó incluso a formar una asociación propia -Barrio Magdalena Granada- para "reactivar el barrio mediante pequeñas actividades culturales".

El gerente del Centro Comercial Abierto, Christian Carbajosa, asegura que si hay una zona comercial emergente y en continuo movimiento esa es la del barrio de la Magdalena, algo así como el Malasaña madrileño. "Tienen sus propias iniciativas, un público más joven e incluso marcas propias", lo que hace únicos a los comercios de la zona.

Pese a todo, no es fácil sobrevivir siendo alternativo. Los constantes cierres y nuevas aperturas que sufren las calles comerciales de la zona son buena muestra de ello. Eva Vílchez, propietaria de El Vestidor de la Magdalena (que ocupa el número 3 de la calle Moral de la Magdalena), ni siquiera sabe cuánto va a poder aguantar. Su tienda lleva tres años ofreciendo ropa, complementos y material de papelería de jóvenes diseñadores de toda España, pero la crisis es devastadora. "Estoy peor ahora que cuando empecé", explica la comerciante, que recuerda por qué cuando llegó de Barcelona eligió el barrio de la Magdalena para abrir su establecimiento. "Vi que aquí no había este tipo de tiendas y que esta zona era la más alternativa. No iba a abrir justo al lado de Zara o Mango".

En la zona de la Magdalena la relación entre diseñadores y punto de venta es mucho más estrecha. Eva ha concebido su tienda como una "plataforma" para que creadores de toda España den a conocer sus diseños. "Cuando llegué fui a la Escuela de Artes y Oficios para colaborar, aunque al principio fue muy difícil. Ahora se ha ido corriendo la voz y tengo productos de diseñadores de Granada, Almería, Jaén o Barcelona".

Marta Martínez decidió abrir su propia tienda hace tres años para dar a conocer al mundo sus diseños. Tocados, colgantes y anillos originales y prendas de vestir con un toque näif ("ropa y cosas bonitas", reza en su tarjeta) son algunas de las piezas que se pueden encontrar en Cardamomo, en el número 13 de la calle Moral de la Magdalena. Aunque con dificultades -porque son muchos los prejuicios que hay que superar-, Marta confía en poder seguir viviendo de lo que más le gusta. "La cosa está mal para todos. Es lógico que la gente tenga prioridades. Tienen que comer, pagar el alquiler, la hipoteca... Pero la gente también tiene que concienciarse de la importancia del comercio local. Por los mismos precios puedes ponerle cara y nombre a la ropa que llevas puesta", asegura la comerciante.

La originalidad y la personalización son las claves de negocios como el de Marta. "El tallaje es estándar, pero las personas no lo son. Nosotros nos adaptamos a cada persona porque podemos permitírnoslo".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios