Odisea nocturna en Pedro Antonio

  • Este diario comprueba sobre el terreno y cuenta en primera persona las complicaciones que supone una salida enfocada a la diversión por la popular calle

Llega el fin de semana y, como toda la gente joven, me preparo para salir a recorrer las calles de Granada y aprovechar la gran oferta que esta ciudad me puede aportar. Son muchas opciones las que hay para disfrutar de una agradable noche. Bien sea en alguno de sus municipios o en el centro de la capital, siempre acabamos por encontrar el lugar ideal para tomar alguna que otra tapa y después ir a echar un rato de baile o una buena conversación tomando una copa en alguno de sus numerosos locales.

Después de un rato cavilando y sopesando los pros y contras en cuanto al ocio que cada parte de la provincia puede aportar, me decido por Pedro Antonio de Alarcón, centro neurálgico de la fiesta en la capital granadina para los más jóvenes, y un lugar con muchas y variadas opciones de establecimientos a visitar. Tras encontrar aparcamiento, una labor bastante difícil en el día a día, pese a las plazas reservadas a vehículos de personas con movilidad reducida, ya que habitualmente están ocupados por vehículos que no presentan la placa distintiva obligatoria y, por tanto, no deben estacionar en estos espacios, nos adentramos en esta inmensa calle repleta de lugares dedicados al ocio, así como restaurantes, bares y puestos de comida rápida.

Vehículos invadiendo aceras o bordillos mal rebajados, los principales obstáculosLas entradas a la mayoría de los locales no están adaptadas para discapacitados

Las calles de Pedro Antonio, siempre que nos mantengamos en un mismo lado, no presentan demasiada complicación para recorrerlas salvo por alguna que otra elevación algo más pronunciada en el terreno. El verdadero problema está en cruzar a la otra acera, por varias razones. En primer lugar, el mal aparcamiento de algunos vehículos que estacionan demasiado pegados a la acera, lo que me obliga a bajar a la carretera para sortearlos. También se da el caso de coches que aparcan a la entrada de las cocheras, con las luces de emergencia puestas, pero que dejan el vehículo abandonado a su suerte y estorbando a los viandantes. En segundo lugar presenta problema los rebajes en los pasos de peatones; no siempre esos bordillos están bien acabados, por lo que suponen que las ruedas delanteras de la silla de ruedas se enganchen con ellos, con el evidente peligro de caída que conlleva.

Y hablando de pasos de peatones, hay que tener en cuenta otros factores: por un lado, la velocidad de circulación de los vehículos, además de la poca paciencia que tienen los conductores; por otro lado, el poco margen de tiempo que los semáforos peatonales dejan para el cruce, que no es superior a 10 o 15 segundos, tiempo más que suficiente para una persona con la posibilidad de andar, pero que se torna algo escaso -por no catalogarlo de insuficiente-, cuando vas montado en una silla de ruedas en la que tienes que ir mirando constantemente al suelo para evitar tropezar con las irregularidades del terreno.

La noche no ha hecho más que empezar y, sin siquiera haber entrado en algún local, me encuentro con todos estos contratiempos. Pero no voy a desistir en mi intento de pasar un buen rato de ocio. Sigo avanzando por Pedro Antonio, los universitarios aprovechan la noche y abarrotan las calles y las entradas de la mayoría de los pub y establecimientos. En más de una ocasión se me acercan varios relaciones públicas de los locales aledaños para mostrarme la oferta de su local y, mis preguntas siempre son las mismas: "¿Está el local adaptado? ¿Tiene buen acceso?". Casi siempre, la respuesta es un sí rotundo mientras que la cara del interpelado suele mostrar una expresión de extrañeza que rápidamente trata de cubrir con una total neutralidad y naturalidad.

Es la realidad. La gente que no se ha visto en la situación de tener que enfrentarse a salir a la calle montado en una silla de ruedas no llega a ser consciente de lo que supone. Y sí, es cierto que cada vez hay más conciencia social a este respecto, pero muchas veces no llega a ser suficiente, puesto que, si lo fuera, no tardaría tanto en encontrar un lugar agradable donde tomar algo un fin de semana, o cualquier día.

El tiempo corre y el hambre empieza a asomar así que hay que ir decantándose por algún sitio donde llevarse algo fresquito a la garganta, pero a medida que se van presentando las distintas opciones ante mis 'narices', mi ánimo decae cada vez más: escalones imposibles de sortear, la mayoría de veces sin rampa, y cuando la hay, la misma está tan inclinada que se hace imposible su uso; puertas de entrada demasiado estrechas y locales demasiado abarrotados con barras increíblemente altas a las que no llego a coger la bebida.

Algunos establecimientos tienen un punto a favor puesto que tienen instalado a la entrada un asiento salvaescaleras. Sin embargo, el mismo vuelve a quedarme inaccesible si no voy acompañado de alguien que pueda subir esas escaleras y avisar para que lo pongan en servicio desde el interior.

De los aseos es mejor no hablar. Obviando a las personas del local de turno, que también suponen una dificultad a la hora de avanzar con la silla de ruedas, dentro del baño el panorama es desolador: una habitación pequeña en la mayoría de las ocasiones que me obliga a que, si quiero entrar al mismo, no pueda cerrar la puerta además de no contar con agarraderas para acceder al retrete. Habrá que aguantarse las ganas.

¿Qué más queda por hacer? Lo que pretendía ser una noche de fiesta se ha convertido en una jornada en la que me he dedicado, más por obligación que por otra cosa, a superar los obstáculos que me he ido encontrando, como si de una carrera o una gymkana se tratase.

Sí que es cierto que, más tardeo más temprano, acabo dando con un lugar que cumple medianamente bien las pocas condiciones que se necesitan para que sea accesible a todo el mundo y me permita disfrutar de algo tan simple como salir a tomarme algo. No obstante, la oferta es demasiado limitada todavía y otra de mis pregunta es: ¿por qué se me imponen unos límites que al resto de la sociedad no se le aplican por el simple hecho de presentar una diversidad física? Por suerte, seguimos avanzando poco a poco y estoy seguro que llegara el día en el que será posible acceder a cualquier sitio y todo irá como hasta ahora, sobre ruedas.

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