El 'Parlamento' abre sede en la plaza Aliatar

  • Un grupo de alumnos de Arquitectura recrea en el centro de Servicios Sociales una asamblea entre vecinos y alumnos como parte de un trabajo transversal del histórico barrio

Por un día Antonia, María y Trini fueron parlamentarias. No tuvieron que irse a Sevilla ni tampoco a Estrasburgo, sino cruzar una calle y llegar como cada tarde al Centro de Actividades Comunitarias de la placeta Aliatar. Por un día, el 'Parlamento Democrático' se instaló en el Albaicín y ellas fueron unas de las protagonistas fundamentales.

La recreación de esta asamblea democrática, al igual que la instalación de las 1.500 jeringuillas en San Nicolás o soltar grandes pelotas de colores por las calles del barrio no es fruto de la casualidad sino de un trabajo académico de un grupo de 80 alumnos de la Facultad de Arquitectura que llevan un año estudiando el barrio poder desarrollar trabajos posteriores. "Puede parecer que la arquitectura no tiene nada que ver con todo los estudios que hacemos pero, en realidad, está muy unido", explica José Herrera, portavoz de los alumnos. El joven, que recalca que todo el trabajo es fruto de una labor académica, manifiesta que para hacer cualquier proyecto en un barrio "ya sea remodelar, construir o lo que sea" es necesario conocerlo no sólo a nivel arquitectónico sino a sus gentes.

Los distintos grupos participantes han estudiado diferentes aspectos del Albaicín, pero sobre todo, han estudiado 'sus gentes' y 'sus reacciones'. Su granito de arena particular en el estudio han sido la aplicación de técnicas novedosas. "Para estudiar los flujos circulatorios y los circuitos de la gente utilizamos pelotas. Para estudiar la cocina, planteamos un concurso y para conocer a los nuevos vecinos nos implicamos en un torneo de fútbol", comenta el portavoz de los estudiantes.

El resultado de todo el proyecto, que terminará a final de curso, será la elaboración de una serie de propuestas a modo de conclusiones que volcarán en el portal web que los alumnos ya han creado para el barrio. "El final de todo este proceso lo desconocemos", cuenta, pero los participantes pueden adelantar que el Albaicín lejos de ser un barrio marginal, sin espíritu y de gente mayor es todo lo contrario. Dibujan un barrio lleno de vida, al que llegan avances como las nuevas tecnologías y, especialmente, presentan a un barrio que crece gracias a contar con unos grupos vecinales muy activos. "La relación con la gente es lo mejor que nos llevamos", apuntan. Los alumnos, prácticamente, tienen en el barrio su segunda casa. Esa relación tan estrecha y tan prometedora se pudo palpar en la sesión del debate en la que los vecinos hablaban con los alumnos como si fueran de la familia.

Y puede que en un futuro lo sean, porque ya estudian instalar una oficina en el barrio para seguir elaborando nuevos proyectos.

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