La Plaza de la Pescadería, ayer y hoy

  • El emblemático espacio, en la que sobreviven algunos negocios históricos, refleja bien el paso del tiempo La imagen muestra los cambios sociales y la desaparición del comercio tradicional

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CORRÍA el año 1962 cuando Pepe Romero tomaba esta fabulosa instantánea de la Plaza de la Pescadería. Una imagen que nos invita a detenernos en cada uno de los personajes que aparecen en ella, presentados a través de una iluminación cargada de contenido. Luces vaporosas, contraluces que acentúan el dramatismo de la escena, iluminaciones duras que se cuelan por el fondo creando dos ambientes dentro de un mismo espacio.

Nos llama la atención la vestimenta de los personajes. Jóvenes trajeados, mujeres enlutadas y el guardia urbano haciendo su ronda. A la izquierda una señora sube las escaleras cargada con las bolsas del mercado, acompañada de un joven totalmente trajeado. Simpática es la escena del pequeño ataviado con una gorra y cogido de la mano por su padre y una niña con largas trenzas. A la derecha, junto al puesto que lleva el mismo nombre de la plaza, un grupo de hombres embriagados por el humo del tabaco, charlan ajenos a la actividad comercial que se respira en la plaza. La Plaza de la Pescadería es uno de los espacios comerciales más emblemáticos de Granada. Situada en pleno casco histórico, tiene una larga tradición como espacio de venta de pescado, de ahí su nombre. La pescadería era un edificio situado cerca de la Plaza de Bibrrambla que hacia 1880 es demolido como consecuencia de los nuevos proyectos urbanos que se plantean en la ciudad. Desde finales del siglo XIX, en este espacio se acometen diversas transformaciones. En este sentido, la alineación de la calle Pescadería es considerada como una de las intervenciones urbanas más importantes en nuestra ciudad. En ella se situaron grandes naves para la venta de pescado, como la que aparece en la imagen de 1962.

En la actualidad han desaparecido muchos de los negocios que aparecen en la fotografía de archivo. Curiosa es la frutería, con sus cestas de mimbre colgadas en la fachada o el puesto de José María, donde se despacha el pescado. A su espaldas, la gran nave de la pescadería, hoy desaparecida y donde se ubicaban los puestos para la venta del género. Toda la calle está inundada de una fuerte actividad comercial. En la actualidad, la actividad económica, más orientada hacia el turismo, ha dado lugar a la apertura de bares y restaurantes en la zona. Vemos una clásica locomotora en el letrero del restaurante Cunini, uno de aquellos locales tradicionales que aún sobreviven. Junto a él, cesterías desaparecidas, puestos de frutas y verduras, grupos de personajes con sombrero que charlan de forma animada mientras que la mayoría de las mujeres se ocupan de las compras en el mercado. Una imagen que, además de su carácter estético, nos muestra nuestra historia social, estereotipos y roles entre hombres y mujeres ya superados.

A su vez, esta instantánea nos revela cómo ha desaparecido el comercio tradicional en nuestra ciudad. Una situación que, lamentablemente, se ha visto agudizada tras la aprobación de la nueva ley que pone fin a los contratos de renta antigua. Establecimientos emblemáticos cercanos a esta plaza, como la papelería Estudios, echarán el cerrojo tras más de cincuenta años abiertos. Las consecuencias van a ser desastrosas. Por un lado, la pérdida del empleo para muchas familias y, por otro, la desaparición de nuestras calles de los comercios más tradicionales. Este tipo de establecimientos deberían de ser protegidos al constituir un importante vestigio cultural ya que, al igual que cualquier otro edificio histórico, forman parte de nuestra tradición, frente a la invasión de franquicias que están modificando el paisaje urbano de forma radical. La Federación de Comercio y la Junta de Andalucía han abierto un servicio de asesoramiento para los afectados con la finalidad de intentar buscar alguna solución a través de recursos legales. De momento los técnicos estiman que, sólo en la provincia de Granada, se van a perder más de 500 comercios. Así las cosas, el panorama nos dibuja una ciudad sembrada de franquicias y sin espacio para el comercio tradicional.

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