Saludos demasiado cariñosos

  • Desde el tradicional y educado apretón de manos a las frases más 'horterillas' son utilizadas para saludarDemasiados besos entre futbolistas tras el gol; y pronto entre abogados y jueces o entre profesores y alumnos cuando la nota sea sobresaliente. También las normas de urbanidad cambian con el tiempo

Paséate un día desde la Caleta a la Fuente de las Batallas y observa los saludos que la gente se cruza o los que tú recibes. Fíjate bien y pon la oreja porque el granadino en esto de los saludos tiene gracia.

Los más habituales son los apretones de manos. Desde muy antiguo las manos levantadas y abiertas, o extendidas sobre el pecho, o apretadas contra la tuya demuestran que el otro viene en son de paz, no trae armas y por eso las ofrece limpias. Lo malo es cuando dudas ahora si colocar el pulgar en horizontal o en vertical y te lo doblan. Claro que es peor cuando te golpean con fuerza el hombro recién operado o la espalda en verano cuando vuelves de Salobreña.

Las normas de urbanidad en el saludo han ido cambiando con el tiempo. Yo de niño he conocido a gente que le hablaba de usted a sus padres, y caballeros que se quitaban el sombrero al paso de una señora haciendo una pequeña reverencia. Hoy eso está superanticuado; y si se ve a alguno por ahí saludando con estas añejas fórmulas será rápidamente tachado de carroza, tirando a diligencia; igual hay quien se alarme y se lo comunique al Director del Museo de Bellas Artes como pieza única del Barroco francés.

A los saludos más corrientes: hola, adiós, buenos días, me alegro de verte, que usted siga bien…, se unen los más horterillas de ¿qué pasa, tío?, ¿qué es lo que es? ¿qué dices?, el frecuente hasta luego sin especificar mucho cuando es luego, o el ¿qué hay? sin esperar respuesta.

Pero en todos éstos hay distintos énfasis: desde los más serios y casi por compromiso, hasta los más efusivos y cariñosos que denotan mayor cercanía, más familiaridad, o aquéllos que buscan algún beneficio más o menos lejano. Son los llamados saludos rentables, formulados generalmente por caraduras. Suelen cambiar el tono con el tiempo. No son lo mismo ni tienen la misma afabilidad los que se dedican al profesor mientras el hijo sigue en el "cole". Porque una vez aprobado y fuera ya el compromiso, si te vi no me acuerdo, y ahora cuando te lo cruzas, te suena la cara pero no sabes de qué. Son parecidos a los del camarero de la cafetería porque un día olvidaste la propina.

Hay enigmáticos saludos difíciles de desentrañar: son aquéllos que uno recibe proferidos muy cortésmente por alguien que parece conocerte de toda la vida pero no recuerdas bien quién es. Lo suyo es preguntarle a la mujer que te acompaña, que tampoco lo sabe. Piensas si se ha confundido él o es que estás perdiendo la memoria. Al final se descubre todo: coincidiste en la boda de la hija de un amigo hace cinco años, aunque él iba invitado por el novio.

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