Triunfo y diversión

  • Enrique Ponce, El Juli y El Fandi, con el mayoral de Torrehandilla, salieron a hombros por la puerta grande tras cortar ocho orejas en una tarde triunfal, la primera grande de a pie del Corpus.

Más o menos se adivinaba, cuando llegaron los días llamados 'grandes' y llenos de figuras, gente festiva e ilusionada por su feria, que también llegarían los triunfos, las orejas y todo lo que conlleva una tarde de toros festiva, donde el público soberano se divirtió a raudales.

Es cierto que salió algún toro con buen son, como el segundo y sexto, y sobre todo el quinto, pero no lo es menos que hubo mucha blandura, de hecho los caballos de picar tuvieron poco trabajo, y además ni primero ni tercero ni cuarto estaban sobrados de raza, por lo que la salida del mayoral por la puerta grande, pues depende por dónde se mire.

Si esos toros no caen en manos de la sabiduría de Ponce, la seguridad y dominio de El Juli y la variedad y poderío de El Fandi, probablemente estaríamos hablando de otra cosa. Pero no están ahí en el escalafón por gusto, que se les vaya un toro sin faena es casi tan difícil como que el toro sea capaz de rajarse sin más que decir, delante de esas poderosas muletas. Los tres toreros dominan a la perfección el arte de hacer fácil lo difícil y de triunfar con lo que tengan.

Nada que objetar al poderío y cabeza de El Juli, a la postre el triunfador numérico de la tarde, con dos orejas en cada toro y dominador de lo que tenía delante. Muy firme con el capote en su primero, con un quite con chicuelinas muy ajustado. Brindó al público, se ve que le gustó el toro. Midió a la perfección los tiempos y citó de lejos, toreó con ligazón, temple y buen remate de las tandas por el pitón derecho. Al natural el toro se vencía más y transmitía menos pese a que lo llevó muy largo. Con un molinete y cambio de manos volvió por el pitón izquierdo, esta vez muy largo, templado, con gusto y rematando abajo de forma muy torera. El toro se veía dominado, y el Juli se gustó, y pese a que el animal se fue apagando, el torero se sentía dominador de un toro que transmitió.

El quinto fue muy blando en el capote, y del picotazo en el caballo salió a su aire, rajado y sin fuerza. Pero cambió, a pesar de que tras los ayudados por alto, el toro rodó. Se fue El Juli al centro del anillo, citó de lejos y templó, aunque al animal le costaba por el pitón derecho toreó con temple y ligazón pero sin forzar. Alargó mucho los naturales y se gustó ante la bondad de un animal sometido. El Juli fue ralentizando su toreo y alargando los pases. Con dos circulares invertidos larguísimos y un público entregado al madrileño, volvió, al igual que en su primero, a dar una estocada fulminante.

Abrió cartel Enrique Ponce, y la verdad, parecía estar en otra corrida. Paró al toro Antonio Tejero, su peón, y tardó en verlo. Solo lo pasó con el capote sin mucho compromiso, se ve que no le gustó. Tras tirar al caballo pese a su blandura, entró de nuevo el toro al que hacía puerta, sin demasiada oposición del matador. Ni toro ni torero estaban muy dispuestos.

Obligó a pasar a base de toques al animal muy a regañadientes, pero el toro no decía nada. Mucho tiempo entre pase y pase, pero sin emoción. Ni los recursos técnicos a cámara lenta le sirvieron al matador. Se fue a los bajos al entrar a matar de malas maneras.

Otra cosa fue en el cuarto, ahí si se vio a un Ponce con ganas, y pese a que el toro buscó la salida en el capote, la faena fue de nada a menos y de menos a más, para terminar con el público entregado a la maestría del torero de Chivas. Su temple, quiebro de cintura y dominio de los terrenos hicieron que jugara muy bien las querencias del animal.

Cerraba cartel El Fandi, que en banderillas volvió a emocionar como siempre en sus dos toros, poderoso y dominador. Su primero no tuvo raza y fue deslucido. Lo recibió con dos largas cambiadas e intentó sacarlo de querencia con la muleta, lo probó por ambos pitones pero el toro protestó por arriba y esperaba con peligro. Era imposible lucir pese a la insistencia y poder de David, que no quería darse por vencido.

Con verónicas de rodillas, temple y un remate con  media verónica de rodilla muy poderosa recibió al sexto de capote, y brindó de nuevo al público porque quería asegurarse el triunfo.

Se fue al centro del anillo y toreó de rodillas con temple, ligazón y entrega absoluta. El toro tenía fijeza y ligó las tandas con algunos pases muy largos. Dio más lentitud a su toreo al natural y sometió al toro hasta exprimirlo. Dos molinetes, adornos, desplantes y un sinfín de recursos para rematar con manoletinas una faena muy variada que entretuvo al público, pero pinchó y eso le hizo no obtener mayores trofeos.

El público salió contento de la plaza porque había visto triunfar a los tres matadores y salir por la puerta grande, lo que hace esperanzadora la asistencia a los próximos días de feria llenos de figuras y de ganaderías que posibilitan el triunfo, salvedad hecha de los vitorinos del domingo, que cerrarán la feria.

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