La UGR exige más inversión para ser eje de los cambios en el sistema universitario

  • La rectora, Pilar Aranda, fija en la captación del talento, un sistema de financiación suficiente y el respeto a su autonomía como retos para construir un plan de transformación

Pilar Aranda destacó el papel del personal de la Universidad de Granada en los años de crisis. Pilar Aranda destacó el papel del personal de la Universidad de Granada en los años de crisis.

Pilar Aranda destacó el papel del personal de la Universidad de Granada en los años de crisis. / pedro hidalgo

La Universidad de Granada estrenó el nuevo curso académico con un mensaje claro. La institución es un motor de cambio, que asume retos y que para llevar a buen puerto sus ambiciosos objetivos exige una dotación suficiente y capacidad para ser foco de atracción de talento investigador. La rectora, Pilar Aranda, no dudó en poner el dedo en la llaga al reconocer el "déficit crónico" que arrastra la provincia en infraestructuras y la "asfixia" del contexto económico, dos elementos que contrapuso al "milagro" de que Granada cuente con una universidad entre las 300 mejores del mundo, la segunda a nivel nacional. Excelentes resultados -como el que se obtuvo en la última edición del ranking de Shanghai- que se contraponen a "dos años marcados por una situación de partida de extrema dificultad", en la que los cambios "difíciles" que la UGR ha tenido que afrontar se han hecho "muchas veces sin la adecuada financiación". El mensaje estaba claro. El problema de la deuda se ha solucionado en su inmensa mayoría. Ese capítulo está cerrado pero queda por asumir los compromisos que durante este tiempo se han adquirido con estudiantes y personal, aligerar la pesada carga burocrática que sufre el personal docente e investigador y dar forma clara y sólida a un discurso que tiene siempre en su cabecera la palabra excelencia y que debe tener como foco prioritario la atracción de talento. "La transformación de la que hablo es absolutamente necesaria", zanjó la rectora convencida de que el sistema puede encarar reformas de calado y que éstas requieren de inversión.

"No queremos ni más ni menos que lo que nos corresponde" en un sistema universitario público regional que mantiene abierto el debate del modelo de financiación, indicó Aranda, que calificó el proceso como "transparente". Ayer, el consejero de Economía y Conocimiento de la Junta, Antonio Ramírez de Arellano, reconoció momentos antes del solemne acto de apertura del curso que además del consenso con los rectores es "muy importante" tener claro el sistema de financiación de las comunidades autónomas. "Estamos buscando un nuevo sistema" que tendrá como interlocutores al resto de regiones y al Gobierno central. El debate pasa a otro nivel. "En la medida que haya un sistema de financiación de las comunidades, podremos acordar un sistema plurianual" que garantice la dotación económica y el blindaje de los servicios públicos, entre los que la Junta sitúa a las instituciones de Educación Superior. Todo depende, pues, de un debate de calado nacional y en el todavía debe avanzarse.

Ramírez de Arellano centró su discurso en los logros obtenidos en los dos últimos años gracias a la gestión de la Junta y en el papel social que ejerce la Universidad pública andaluza en el territorio. "Cada euro que se invierte en la Universidad mueve entre tres y cuatro euros en la economía de su entorno". El consejero no soslayó que es necesario "mejorar la gestión", "aumentar los presupuestos -unos 1.400 millones- y ejecutarlos". Reconoció que era "inexplicable" que en las convocatorias de ayudas se exigiera justificación de "un bolígrafo", como ejemplo de la pesada carga burocrática que soporta el PDI.

Las constantes alusiones a los recursos económicos tuvieron su respuesta en el discurso de la rectora. "Creo que estamos ante un buen punto de partida para abrir una etapa de progresiva y necesaria recuperación de derechos" perdidos durante los años de recortes, indicó Aranda, que también aprovechó para reivindicar ante el Estado "los niveles de financiación anteriores a la crisis" de los campus de Ceuta y Melilla. Destacó el "envejecimiento de la plantilla" docente como una de las "grandes rémoras" de esos años, que ahora se intenta subsanar con la contratación de nuevos ayudantes doctores y la promoción del profesorado acreditado que sigue a la espera "injustamente". En su bosquejo del plan para mejorar la calidad universitaria aseguró que "no hay que entretenerse en hacer grandes diagnósticos", y centró la futura reforma en tres ejes, "captación y retención" de los mejores, un sistema de financiación "suficiente y estable" y "tener autonomía para tomar decisiones". Su reflexión llevó a plantear una duda. "¿Estamos dispuestos?".

Ella misma dio la respuesta. "La acción de este equipo de gobierno se alinea con este gran objetivo de adaptar nuestra institución a los nuevos desafíos", insistió Aranda, que expresó de nuevo que la "prioridad" son "las personas" y no escoró que los cambios introducidos durante sus dos años de mandato han supuesto un "sacrificio importante" para la comunidad universitaria, cerca de 70.000 personas, de las que más de 46.000 conforman el bloque de estudiantes de grado.

Reconoció que los cambios exigen fondos. "Asumimos impulsar un cambio de calendario académico", ejemplificó Aranda, algo que "exigirá sin duda inversiones en climatización". Se ha avanzado en la comunicación institucional a través de una nueva web y de una aplicación móvil y adelantó que está pendiente de presentación el Plan Estratégico de Administración Electrónica. También anunció la redacción del II Plan de Igualdad -ya se ha aprobado el protocolo que atenderá al colectivo LGTB-. "Todas estas líneas suponen en ocasiones un sacrificio importante", asumió la rectora. Aranda reconoció la "complicidad" de la Junta, valoró de forma positiva las bonificaciones de las tasas, pero reivindicó que el coste de esa medida no recaiga en las universidades.

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