La Universidad, contra el 'corta y pega' de los alumnos en los trabajos

  • La UGR pone a disposición de los profesores un programa informático que detecta el porcentaje de palabras coincidentes con otros textos · La Biblioteca universitaria desarrolla una campaña de concienciación

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El refuerzo de tecnología ha propiciado que el plagio sea un pecado en alza. El Diccionario de la Real academia de la Lengua define plagio como "copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias". Así pues, una persona comete plagio si copia o imita algo que no le pertenece y se hace pasar por el (la) autor(a) de ello. En el caso de documentos escritos, por ejemplo, se tipifica este delito cuando, sin uso de comillas o sin indicar explícitamente el origen, ni citar la fuente original de la información, se incluye una idea, un párrafo o una frase ajenos.

La frontera que señala dónde termina la falta de originalidad, dónde empieza el problema moral y cuándo comienza el delito no es fácil de determinar. Por ejemplo, en el párrafo anterior, la primera frase es de la arriba firmante. La segunda, la que da comienzo a un reportaje con una definición del Diccionario de la Real Academia, es muy poco original, pero cita correctamente. Las dos siguientes están sacadas de la Wikipedia y no se había citado su autoría hasta hora.

Cuando lo hace un periodista, un escritor o un investigador, por ejemplo, puede ser delito si la otra parte copiada emprende acciones judiciales. Casos hay tan recientes como sonados. Les ha pasado a escritores tan famosos como Alfredo Bryce Echenique, que fue condenado a pagar 20.000 dólares por plagiar 16 artículos periodísticos. Camilo José Cela, fue acusado por copiar a Carmen Formoso en La Cruz de San Andrés en caso muy polémico que llegó a los tribunales. Vázquez Montalbán fue condenado a pagar tres millones de pesetas en 1990 a un profesor de la Universidad de Murcia por plagio en la traducción que este había hecho del Julio César de Shakespeare. Aunque el más sonado en este país ha sido el de la periodista Ana Rosa Quintana, que rizó el rizo de las cuestiones morales porque su novela Sabor a hiel sacó a relucir el plagio de párrafos y páginas enteras de otras tres obras de literatura rosa y también el tema de la figura del 'negro'.

Y la nómina de salpicados por la acusación de plagio o de excesiva 'intertextualidad' es mucho más amplia. Y si se arriesga gente tan conocida y con tantos lectores, ¿qué no pasará en los estudiantes con sus trabajos de clase? ¿Para qué emplear el doble de tiempo en hacer un trabajo que no va tener ni la mitad de brillantez? Claro, que el tan expandido 'copia y pega' de internet no tiene mérito ni sirve al aprendizaje de la materia. Los estudiantes cogen esta práctica en Secundaria y Bachillerato y no la sueltan al llegar a la enseñanza superior. Hasta tal punto es moneda de cambio, que la UGR ha tenido que poner en marcha varias campañas para sensibilizar a la comunidad universitaria.

Fue la Biblioteca de la Universidad la que emprendió esta incitativa, para la que se imprimieron varios miles de carteles que se han colocado en las facultades granadinas. En los pósteres, que con versión masculina y femenina, podía leerse "No seas tonto... No te pases de listo. Cortar y pegar sin citar es plagiar".

La directora de la Biblioteca de la UGR, María José Ariza, explica que "los estudiantes no saben ni qué es el plagio". "Una vez un profesor me comentó que una alumna de máster le había presentado uno de sus propios trabajos escaneado como si fuera el ejercicio de fin de curso. Evidentemente si la alumna coge el texto del docente y lo presenta hasta con el nombre de él, es porque no tiene consciencia de que eso está mal". "Nuestra función es educativa, no policial", aclara la directora de la Biblioteca, que ha participado en los últimas jornadas que ha desarrollado la UGR para reflexionar sobre esta plaga.

Dentro de esa faceta más policial, la Universidad ha puesto a disposición de los profesores un programa, el Ephorus, que se denomina como "antiplagio". Aunque hay que ser muy cautos al aplicar esta herramienta porque, como explica Antonio Fernández, jefe del departamento del servicio de Recursos Electrónicos de la Universidad de Granada, "solamente señala el porcentaje de coincidencias de la secuencias de palabras, pero puede estar bien citadas". "Ephorus es sólo una herramienta, pero es el docente el que tiene la decisión final", cuenta Fernández, quien aclara que Ephorus envía al docente un informe detallado del porcentaje de coincidencias que hay con cualquier texto subido a la red o con cualquier trabajo que se haya subido a este sistema, que va creando también su propia base de datos con los trabajos que se suben para compararlos. Una ayuda que puede ser de mucha utilidad para sacar a la luz el fraude, con independencia de la sanción que se aplique.

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