Victorino y la emoción

  • Antonio Ferrera se lució, Fernando Robleño se arrimó y Juan José Padilla no estuvo en la corrida de los victorino tras 22 años de ausencia · La corrida había creado una gran expectación entre los taurinos

GANADERÍA: Se lidiaron toros de Victorino Martín, bien presentados y de juego desigual. Primero, segundo, manejables; noble el quinto; parados tercero y sexto; y bronco el cuarto. TOREROS: Juan José Padilla, de salmón y azabache pinchado otros cuatro hondos y descabello (silencio); pinchazo y estocada (pitos). Antonio Ferrera de lila y oro, dos pinchazos y estocada caída (saludos) y estocada caída (oreja). Fernando Robleño, de tabaco y oro; pinchazo y estocada (oreja); dos pinchazos y estocada (oreja). Incidencias: En cuadrillas, Antonio Jiménez 'El Ecijano' y Juan Cantora saludaron en el sexto. La plaza tuvo un tercio en tarde soleada.

Para que luego digan que cuando sale el toro no hay emoción, llevábamos 22 años sin ver los victorinos en Granada, y ayer volvió la mítica ganadería de Victorino Martín Andrés, con unos toros serios, sin estridencias, pero poco dados por estos lares, y a fe que no fue una tarde en la que el callejón se llena de viandas, cigarrillos y conversaciones casi de salón.

Allí estaba todo el mundo pendiente del ruedo, y el tendido no bostezó como otras tardes donde el tedio se apodera del ambiente. No fueron los toros del de Galapagar unos animales que se comieran a nadie, incluso alguno lució mucha bondad, sobre todo el quinto, pero ninguno dejó al torero dormirse en los laureles, ni adornarse en la cara, y mucho menos estar tan relajado como en un tentadero. Este tipo de toros te piden el carné de identidad y, o aprietas tú, o te aprietan ellos, pero todo fluye sin tregua para nadie.

Por cierto, ya se sabe que a este tipo de ganado se le da fuerte por lo general en el caballo, pero hay formas y formas, para eso existen las dos rayas de picar, los pechos del caballo y la salida al toro. En numerosas ocasiones vimos toro y caballo sobrepasando la línea, caballos de costado, y salidas imposibles, porque el piquero se lo impedía. Pero no echamos la culpa a la cuadrilla, son los maestros los primeros que deberían cuidar estos detalles. Pese a todo, esperemos que no pasen otros 22 años para volver a ver los victorinos en Granada.

La puerta grande la abrió Fernando Robleño, con una oreja concedida en cada toro, pero justificó con creces por qué está llamado para este tipo de festejos, y tocado de una gracia y valor que lo hacen grande. Templó a su primero en el capote, un toro que se paró en banderillas y provocó un desorden en la brega en el tercio de banderillas que no favorece. Se fue a los medios y citó de lejos, pero se le coló el toro y le volvía con prontitud. Ante la difícil ligazón, logró pasarlo a base de aguantar y ponerse muy cerca, se fue cruzando e incluso alargó algunos pases en tandas con picante y alarde de valor.

El sexto se le quedaba debajo y era muy parado, pero se arrimó y con un tremendo alarde consiguió bajar la mano y alargar los pases.

Antonio Ferrera cortó una oreja en el quinto, un toro noble que embestía con bondad y al que lanceó con temple y ligazón en una faena bien argumentada y medida con el único pero de no someter por abajo, aunque el conjunto tuvo vibración. En el segundo estuvo demasiado precipitado en las tandas y con falta de temple. Se empeñó en torear por arriba y eso violentó al toro.

Juan José Padilla estuvo algo desinhibido toda la tarde. Toreó con poca convicción al primero, y su faena fue breve y a media altura, si se hubiera fajado algo más y bajado la mano, posiblemente estuviéramos hablando de otra cosa, aunque el toro sabía lo que se dejaba atrás.

Al cuarto no quiso ni verlo, ni tan siquiera se justificó, y tras el desorden en la lidia y las feas en el caballo, se alivió para entrar a matar. Padilla y Ferrera compitieron en banderillas compartiendo sus primeros toros. Dos de Ferrera por los adentros fueron muy meritorias y sin ventajas.

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