El fiscal del caso del Zaidín asegura que el fallecido fue tiroteado "a traición"

  • Mantiene su petición de 21 años y la defensa insiste en que no hay prueba de cargo

El fiscal consideró ayer que el asesinato que se produjo el pasado 10 de diciembre de 2010 en las inmediaciones de un punto de encuentro familiar en el Zaidín, donde un hombre falleció al recibir dos tiros con una escopeta de caza, se produjo "a traición" por su autor, que se acercó por su espalda y que además se "camufló" con una peluca y unas gafas de sol oscuras para evitar ser reconocido.

Durante la cuarta y última sesión del juicio, el ministerio público resaltó que todos los indicios que han apuntado al acusado del crimen, el marido de la ex esposa del fallecido, se han convertido en prueba de cargo y ratifica para él su petición de 21 años de prisión, por un delito de asesinato con agravante de disfraz y por tenencia ilícita de armas.

Para el fiscal, el procesado, José Manuel A.P., "no tiene coartada", ya que se encontraron en su cuerpo partículas "específicas" de residuos de disparo, que no pudieron ser producto de la contaminación por la manipulación de petardos, y no está acreditado que el testimonio aportado por su suegra, que aseguró que estuvo toda aquella tarde de invierno junto a ella, no fuera interesado. Incidió además en que el procesado ya tuvo con el fallecido un incidente previo, en el que le dio un puñetazo en otro punto de encuentro, por el que fue condenado.

Recordó que pese a que el primer disparo ya mató a la víctima, porque fue en la cabeza, el autor del crimen le dio uno más cuando ya estaba tendido en el suelo, en la espalda, lo que, a su entender, fue algo "innecesario", que formó parte de unas circunstancias que podrían calificar lo ocurrido como una muerte "a traición".

La defensa, que pide la libre absolución, hizo hincapié sin embargo en que en este caso existe una "duda razonable" y pidió al jurado que así lo tenga en cuenta, ya que "es mejor que haya un millón de culpables en la calle que un solo inocente en la cárcel". Para justificar su posición, recordó que ninguno de los testigos reconoció con exactitud al procesado. "No hay prueba de cargo", indicó el letrado, que intentó demostrar en el juicio que la aparición de partículas de residuos de disparo pudo ser por una contaminación fortuita.

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