El año que gobernamos peligrosamente

  • El alcalde cumple un año al frente del Ayuntamiento, con una gestión condicionada por la situación económica y por un gobierno en minoría con ocho concejales

El alcalde Paco Cuenca, en la toma de posesión. El alcalde Paco Cuenca, en la toma de posesión.

El alcalde Paco Cuenca, en la toma de posesión. / álex cámara

El socialista Paco Cuenca cumple el próximo viernes un año como alcalde de Granada. Llegó con el terremoto de la operación Nazarí y, 365 días después, se consolida con el tsunami de la operación Serrallo y la imputación de seis concejales del PP. Entre medias ha tenido que lidiar con un Ayuntamiento al borde de la intervención y con un gobierno en minoría con ocho ediles. Recibió el collar y el bastón de mando con una sonrisa que se ha ido desdibujando a lo largo de los meses por la imposibilidad de desarrollar su programa electoral y por tener que asumir medidas que no estaban en su hoja de ruta. Ha tenido que desdecirse en asuntos como la LAC o la subida de los billetes de autobús mientras medidas "higiénicas" anunciadas en los primeros días de su mandato siguen sin ver la luz, caso de las auditorías de las cuentas municipales y del área de Urbanismo. Le estalló en las narices la crisis sanitaria y su ausencia en las manifestaciones fue como un dolor de muelas, al tiempo que sí salía a la calle para apoyar las movilizaciones por el AVE soterrado.

Y mientras su Gobierno tenía que "tirar la toalla" para presentar unos presupuestos para 2017 veía como, días tras días, salían informaciones que agrandaban aún más el agujero económico de las arcas municipales. Redujo a dos las tenencias de Alcaldía, pero desde la oposición se le critica no recortar los altos cargos nombrados en el anterior mandato como puestos de libre designación. También se le afeó no llevar a la Fiscalía el caso de TG-7, aunque ahora tiene la oportunidad de llegar al fondo del asunto con la comisión creada en el Ayuntamiento para investigar una gestión que pudo costar a la ciudad un millón de euros.

Dejó el incómodo y frío bajo de la oposición y subió las escaleras hacia la zona noble de la plaza del Carmen con los votos de C's, IU y Vamos Granada y cumplió con el reto de convertir la ciudad, una de las más opacas del país, en la segunda más transparente, en buena medida para mostrar la caótica herencia recibida. La opinión generalizada es que es un alcalde afable y accesible, en contraste con la última etapa de Torres Hurtado, atrincherado con su guardia pretoriana. Con un exiguo margen de maniobra ha optado por defender las potencialidades de Granada, la ciudad del rock, de la ciencia, de la literatura, de la cultura...

También ha abordado el problema social más acuciante de la ciudad, los cortes de luz en la Zona Norte, que se siguen produciendo incluso con la llegada del buen tiempo, mientras se sigue trabajando en un plan especial para que Granada deje de ser una de las ciudades más contaminadas del país.

El gran nubarrón sobre su continuidad se cernió con la moción de censura en diferido que plantearon PP y C's, además de su propio futuro judicial por un caso de su época como delegado de la Junta. Son las luces y sombras en la foto de un año de mandato.

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