Dos aulas prefabricadas paliarán los problemas de Arquitectura

  • La noticia de que el traslado al nuevo edificio se retrasará tres años lleva a la Universidad a buscar recursos provisionales para mejorar la situación de la escuela

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Mientras la Escuela Técnica Superior de Arquitectura asimila la idea de que le quedan al menos tres años para poder instalarse en su centro del Campo del Príncipe, una buena noticia al menos intentará ayudarles a digerir su suerte. La vicerrectora de Infraestructuras, Begoña Moreno, confirmó ayer que cuentan ya con el permiso del Ayuntamiento para instalar un aula prefabricada y que han solicitado también autorización para construir otra más, para paliar los problemas de espacio de la escuela -que lleva siete años "provisionalmente" en la Carretera de Málaga-. Las aulas provisionales se situarán en un terreno de propiedad municipal en desuso, con un plazo máximo de tres años y siempre y cuando el Ayuntamiento no lo necesite.

"No es la solución ideal, desde luego, pero al menos nos ayudará", se resigna el secretario de la escuela, Jorge Portí, que señala que existe bastante malestar. "Con la situación, no con la Universidad", aclara Portí, que considera que el Rectorado está haciendo lo que puede. De hecho, nada tiene que ver con las intenciones o decisiones de la institución académica el último revés que han sufrido las obras del edificio del Campo del Príncipe, sino que ha sido el Ministerio de Vivienda quien ha rescindido el contrato con la constructora, lo que obligará a retrasar al menos tres años más el final de las obras, que se ha visto ya varias veces pospuesto por diversos imprevistos.

Mientras tanto, los 1.800 estudiantes que tiene la escuela, según el último censo, se acostumbran a las circunstancias que les ha tocado sobrellevar. "Era un edificio preparado como instituto y no se puede meter a tanta gente aquí", señala una alumna, Carmen Reina. "Como no cabemos, han reducido el número de estudiantes que pueden entrar y la nota de corte ha subido en los últimos años más de un punto. Yo ahora no habría podido estudiar", cuenta Nicolás Millán, que ya es titulado.

"Es muy normal hacer exámenes en otras escuelas, como Caminos o Arquitectura Técnica, y pocos profesores tienen su despacho aquí. Hay que ir a otras facultades para las tutorías porque aquí no hay sitio", continúa Nicolás, que critica también que no haya espacio para conferencias ni talleres donde trabajar. "Si tenemos que hacer un trabajo en grupo hay que ir de clase en clase buscando alguna libre y no es fácil", coincide otra estudiante, Alicia Puga, quien protesta, además, por el tamaño de la biblioteca, que "sólo tiene tres mesas", y el de las aulas: "Si todo el mundo fuera no cabríamos".

De todos modos, los que llevan más años allí recuerdan que hubo tiempos peores y que hay bastantes cosas que se han ido arreglando. "Yo recuerdo clases con gente de pie. Había que llegar temprano para pillar sitio. Y en el aula prefabricada he llegado a dar clase con chaquetón y bufanda", relata Nicolás, que explica que ya se puso calefacción y no existen esos problemas. Además, tanto él como Alicia cuentan que el equipamiento de ordenadores y proyectores ha mejorado mucho y que ya cuentan con la cafetería que faltaba los primeros años. De todos modos, se trata sólo de parches, y lo que todos esperan es que cuanto antes el centro pueda estar en el lugar que le corresponde, que se supone que estará realmente adaptado a sus necesidades.

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