Le ayudaron a encontrar un trabajo y ahora ella les da de desayunar

Claudia llegó a Granada embarazada de dos meses después de haber pasado por varias ciudades españolas en busca de trabajo. Aquí encontró no sólo un negocio, sino un lugar en el que desea que crezca su hija.

Antes había vivido en una ciudad de Colombia cerca de la frontera con Venezuela, un lugar en el que en una época había muchas oportunidades. Tenía un comedor de menús diarios, pero el cambio de gobierno del país vecino y la crisis de Argentina le afectaron tanto que, animada por un amigo, decidió venir junto a su marido y "probar suerte", dice. Allí dejó a su otra niña, "que hoy es ya casi una mujer", dice orgullosa.

Después de pasar unos meses en Barcelona y Madrid un muchacho de Colombia les dijo que tenía una empresa en Granada en la que podía dar trabajo a su marido. "Así que decidimos mudarnos. Nosotros nos íbamos donde esté el trabajo". Sin embargo, ese empleo no duró mucho.

Una amiga de Colombia le habló del programa de búsqueda de empleo de la Cruz Roja. Vino, se inscribió y consiguió trabajo en un restaurante para ella y su esposo. Trabajaban en un negocio familiar y después de un par de años, con la llegada de la crisis empezaron a reducir personal. Ambos quedaron en paro. Estuvieron probando en varios lugares, estuvieron unos meses en Málaga, pero tampoco encontraron gran cosa.

Así que, cuando en una de las visitas a la Cruz Roja le comentaron que iban a abrir una cafetería en el edificio no lo dudó y se ofreció sin pensarlo, tenía claro que ese era su lugar. Y al final consiguió que le cediesen la gestión de la cafetería.

Hoy , a pesar de no tener una cocina en condiciones, se encarga de dar de comer al personal de Cruz Roja y a los alumnos de los cursos, quienes están encantados con su mezcla de comida colombiana y española. El plátano frito es el plato estrella, "al principio a la gente le sorprende, pero una vez que lo prueban dicen que está buenísimo". Tanto es el éxito que espera poder montar en un futuro su propio restaurante para acercar a los granadinos la cocina de su país. Lo único que lamenta es que aún no ha logrado transmitir ese gusto por los buñuelos, el pan y las arepas típicos de su país a su hija pero, si ha conseguido sacar a adelante su cafetería no hay ningún reto imposible que se le ponga delante.

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